Redacción BLesEl líder del régimen comunista Xi Jinping, brindó el discurso inaugural del Foro de Boao para Asia este martes. En su polémica conferencia admitió sus planes para utilizar la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) para imponer en el mundo entero la visión del régimen chino sobre las reglas y estándares que se deben cumplir, buscando desplazar completamente a Estados Unidos y Europa como las principales potencias mundiales. 

Como es habitual, en los discursos de Xi Jinping, fue disfrazado de frases amigables, optimistas y hasta emotivas, pero detrás de las amables palabras, el dictador dejó ver una vez más sus oscuras intenciones de llevar al Partido Comunista Chino (PCCh) a lo más alto del poder mundial. 

Lo que Xi describió en verdad, por debajo de todo su discurso globalista sobre la “cooperación multilateral en comercio e inversión” y una “asociación más estrecha para la apertura y la inclusión”, fue un nuevo mundo unipolar dominado por el PCCh donde se desarrollarán sin dudas dictaduras autoritarias que atentarán contra los derechos humanos y las libertades democráticas. Además dejó ver que el BRI es entendido como el camino que conduce a ese destino:

“He señalado en varias ocasiones que la Iniciativa de la Franja y la Ruta es una vía pública abierta a todos, no un camino privado propiedad de una sola parte. Todos los países interesados ​​son bienvenidos a bordo para participar en la cooperación y compartir sus beneficios. La cooperación de la Franja y la Ruta persigue el desarrollo, apunta a los beneficios mutuos y transmite un mensaje de esperanza”, aseguró el dictador chino.

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Xi también buscó utilizar el coronavirus y el cambio climático de China como palanca para proyectar el poder de Beijing en un Tercer Mundo debilitado:

“En la lucha en curso contra COVID-19, la victoria será nuestra al final del día. Debemos poner a las personas y sus vidas por encima de cualquier otra cosa, intensificar el intercambio de información y los esfuerzos colectivos, mejorar la salud pública y la cooperación médica, y aprovechar plenamente el papel clave de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

Gran parte del discurso de Xi fue crítica abierta al liderazgo occidental, sobre todo a Estados Unidos y las potencias europeas:

“No debemos permitir que las reglas establecidas por uno o unos pocos países se impongan a otros, ni permitir que el unilateralismo perseguido por ciertos países marque el ritmo del mundo entero. Lo que necesitamos en el mundo de hoy es justicia, no hegemonía. Los países grandes deben comportarse de manera acorde con su estatus y con un mayor sentido de responsabilidad”.

Escuchar estas palabras suena realmente irónico. El régimen chino es un país que ha ignorado constantemente las sentencias de los tribunales internacionales, que internamente está dominado por una casta política autoritaria y antidemocrática, al tiempo que persigue encarcela y asesina a sus disidentes políticos.

Con la excusa de la Franja y la Ruta, el régimen chino buscará obtener la hegemonía global. La pandemia por el virus PCCh, provocó un empobrecimiento generalizado al destruir la economía global y China lo ve como la oportunidad para lograr imponerse como la autoridad económica mundial por excelencia.

Por otro lado, la Franja y la Ruta buscará empoderar y seguramente potenciar las dictaduras de izquierdas tales como Venezuela y gobiernos izquierdistas autoritarios como el de Argentina o Bolivia en Sudamérica. 

Paralelamente, el régimen chino buscará eliminar del mapa a Estados Unidos en su papel de policía del mundo y garante de los derechos humanos, apoyándose en los políticos demócratas quienes vienen demostrando, en términos generales, cada vez más su desprecio hacia su Nación y su historia.

La táctica de China continuará siendo la de persuasión tanto de gobiernos, como de instituciones y grandes empresas, los cuales se verán siempre recompensados por el régimen mientras abandonen sus compromisos con los derechos humanos y acepten sin críticas el dominio de Beijing.

Unirse a ‘Una Franja, Una Ruta’ implica estrechar la mano con la dictadura más sangrienta de la historia de la humanidad. El (supuesto) beneficio que trae aparejado importar productos baratos implica ser cómplice -directa o indirectamente- de los campos de trabajo forzado (mano de obra esclava) donde se producen. 

Recibir el financiamiento de gigantes como ICBC o China Construction Bank Corporation puede constituir el último eslabón del lavado de dinero proveniente de las más oscuras prácticas humanas, como el tráfico de órganos de creyentes religiosos perseguidos en China.

Andrés Vacca– BLes.com