Redacción BLesComo se describió en los capítulos anteriores el Partido Comunista Chino (PCCh), desde su nacimiento, ha manifestado explícitamente su intención de crear una sociedad alejada de la creencia en Dios y cualquier concepto divino que se encuentre por sobre el poder del Partido y el estado.

Particularmente en China, la espiritualidad y la Fe estuvieron siempre arraigadas en los corazones de las personas gracias a su cultura tradicional transmitida de generación en generación durante milenios. 

El PCCh, obsesionado por imponer el ateísmo, ha buscado quebrar las ideas y creencias de los ciudadanos utilizando las amenazas, el terror y el adoctrinamiento como medio para lograr sus objetivos.

El Manifiesto Comunista, uno de los libros fundamentales del PCCh, promueve la destrucción de la familia, la iglesia y el Estado-nación. Eliminar y subvertir a las religiones es uno de los objetivos principales del comunismo según indica en su ideología más fundamental.

Siguiendo estos principios, el PCCh se convirtió en un experto en la persecución de minorías étnicas, religiosas y espirituales tales como los cristianos, los musumanes uigures, los budistas tibetanos y los practicantes de la disciplina milenaria Falun Gong.

En esta nota nos centraremos en el caso de Falun Gong, también conocido como Falun Dafa, el cual se ha convertido en pocos años en la persecución más despiadada y sangrienta de la historia de China, y según algunas investigaciones podría ser también la más perversa del mundo entero. 

¿Qué es Falun Dafa?

Falun Dafa se describe como una disciplina milenaria basada en una serie de ejercicios simples y meditación con comprobados beneficios para la salud física y espiritual de las personas. Además sus enseñanzas están basadas en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia como pilares fundamentales. 

Sus orígenes milenarios se identifican con la Escuela Buda y sus enseñanzas y ejercicios  de qigong (Chi Kung), sirven para refinar cuerpo, alma y espíritu. 

Sus practicantes suelen decir que llevan adelante un camino de XiuLian. Xiu (cultivarse), consiste en el mejoramiento y la elevación personal y espiritual a medida que la persona avanza en la incorporación de las enseñanzas basadas en los valores universales de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Mientras que Lian (refinar), se refiere a la práctica de 5 ejercicios y meditación destinados al mejoramiento integral del cuerpo.

La práctica de la disciplina es completamente gratuita y automotivada, no intervienen instituciones y bajo ningún punto de vista manifiesta intereses comerciales o económicos. Tampoco posee organizaciones jerárquicas de poder y el único objetivo manifestado por sus practicantes es mejorarse uno mismo física y espiritualmente al mismo tiempo que buscan compartir las buenas costumbres tradicionales ligadas a los valores de Verdad, Benevolencia y Tolerancia con el resto de la sociedad.

El texto principal que estudian los practicantes de la disciplina se llama Zhuan Falun, fue publicado en 1995 por el fundador de Falun Gong, el señor Li Hongzhi. Su contenido y enseñanzas han cambiado la vida de millones de personas no sólo en China, también en Occidente y muchos rincones del mundo, ya que ha sido traducido a más de 30 idiomas en muy pocos años. 

Los practicantes aseguran que a través de la lectura del libro, la práctica de ejercicios y el intercambio entre estudiantes, logran cultivar su naturaleza interior de manera genuina de acuerdo con principios morales elevados, al mismo tiempo que mejoran su salud notablemente.

Durante los años 90, gracias al sereno estado mental logrado y los comprobados mejoramientos en la salud de las personas, la disciplina creció en muy poco tiempo llegando a registrarse alrededor de 100 millones de practicantes en China. 

A pesar de que Falun Dafa no participa en política, el PCCh identificó como una amenaza el hecho de que tanta gente intentara resignificar valores tradicionales y rectos los cuales justamente han sido el foco de ataque del régimen desde que tomó el poder. En consecuencia comenzaron una feroz persecución, en la que las atrocidades cometidas exceden muchas veces lo imaginable por el razonamiento humano. 

¿Por qué Falun Gong es perseguido por el PCCh?

Ya han pasado más de dos décadas desde aquel mes de julio de 1999 en que el entonces líder del PCCh, Jiang Zemin, oficializó la persecución contra Falun Dafa y sus seguidores. 

El PCCh sin dar mayores argumentos declaró la práctica de Falun Gong como ilegal e inició una campaña masiva para erradicar la fe popular de todo el país, encarcelando a millones de personas durante las siguientes décadas. Desde entonces, miles de practicantes de Falun Gong han muerto a causa de la tortura y el abuso llevado a cabo por las fuerzas de seguridad, y el número sigue aumentando hasta el día de hoy. Los seguidores de Falun Gong y sus familias han sido objeto de un hostigamiento implacable por parte del aparato estatal.

En 1999 el régimen comunista chino incluyó a Falun Gong en su lista de “Xie Jiao”, un compilado de agrupaciones que el gobierno declara como “enseñanzas heterodoxas”, también traducido como “sectas malignas”. Este tipo de listados comenzó durante la dinastía Ming y el PCCh las revivió desde 1995 como argumento para perseguir a ciertas minorías, dado que figurar en la Xie Jiao implica un delito en China, y los movimientos clasificados como tales son perseguidos sin piedad.

Los Qi Gong, son definidos como complejos sistemas tradicionales de técnicas de mejoramiento de cuerpo y espíritu que van desde ejercicios físicos y artes marciales, hasta meditación y métodos de respiración. 

A comienzos de los años noventa en China convivían cientos de tipos de Qi Gong, entre los que se encontraba Falun Gong. Curiosamente en un principio el PCCh no solo los permitía sino que los alentaba. Claramente no destacaba el origen religioso, budista y taoista del Qi Gong sino que los presentaba como una expresión de la ciencia y cultura tradicional China. Así también surgieron numerosos métodos de Qi Gong falsos, que solo promueven el mejoramiento de la salud persiguiendo en muchos casos fines económicos y comerciales.

Pero Falun Gong marcó una notable diferencia con el resto de los Qi Gong, y en pocos años entre 70 y 100 millones de practicantes comenzaron a ocupar las plazas y parques de toda China haciendo sus ejercicios al mismo tiempo que difundían las enseñanzas del Maestro Li cada vez que tenían oportunidad, advirtiendo siempre que los ejercicios no generan efectos en la salud si no van acompañados de una vida virtuosa basada en los pilares de Verdad, Benevolencia y Tolerancia.

Poco a poco los sectores más radicalizados y marxistas del PCCh comenzaron a notar la esencia espiritual y divina de Falun Gong como una amenaza a su poder autoritario y dictatorial, dado que millones de ciudadanos dejaron de ver al Partido como algo superior y esencial en sus vidas.

Sin justificación legal pero cargado de envidia por la rotunda popularidad de Falun Dafa, Jiang Zemin anunció personalmente la persecución en 1999, con directivas nefastas que incluyeron “arruinar su reputación (de los practicantes de Falun Gong), quebrarlos financieramente y destruirlos físicamente”. Tal como informaron diversos testigos con posterioridad.

Oficina 610

Una de las primeras medidas tomadas por el dictador Jiang Zemin cuando decidió llevar a la ilegalidad la disciplina Falun Gong, fue la creación de la llamada Oficina 610 o “liu yao ling”, una suerte de Gestapo China, la cual tenía la función concreta de reprimir a los practicantes de la disciplina. 

El nombre de la oficina viene justamente por su fecha de creación: el día 10 del mes 6 (junio), de 1999.

La Oficina 610 funciona fuera del sistema estatal sin ningún estatus oficial, básicamente se trata de una fuerza de seguridad paramilitar, vestida de civil y enfocada en reprimir al grupo espiritual Falun Gong. 

Gran cantidad de pruebas otorgadas por testigos oculares, documentos oficiales, informes de Naciones Unidas y de investigaciones independientes dan fe de la existencia y atrocidades cometidas por la polémica Oficina 610.

El PCCh ya tenía control sobre una variada lista de agencias militares y de control social, entonces cabe preguntarse ¿cuál era la necesidad de crear una nueva oficina? Hay que tener en cuenta varios factores para responder este interrogante.

En primer lugar, Jiang necesitaba un organismo que pudiera actuar con rapidez y sin restricciones burocráticas para cumplir con sus objetivos, independientemente de la crueldad con los que se lleven a cabo. No había mejor opción que un organismo paramilitar, fuera del sistema legal que responda solo a la voz de mando del personal jerárquico que lo controle.

Paralelamente, los practicantes de Falun Dafa en ese entonces ya era millones y estaban desparramados por todo el país, incluyendo a una gran cantidad de miembros del aparato militar y funcionarios del Partido, lo que sin duda despertaba desconfianza por parte de Jiang sobre los organismos militares tradicionales, por lo que habría preferido crear un nuevo grupo de su exclusiva confianza para cumplir con esta delicada y polémica tarea.

Así fue como durante los meses subsiguientes se crearon sucursales de la Oficina 610 por todo el país, creando una cadena de mando que respondía directamente a las órdenes de la élite más poderosa del PCCh. 

Las funciones principales de la Oficina 610 son por un lado coordinar al personal de las instituciones estatales para ayudar a cumplir los objetivos de la institución y realizar operaciones directamente contra Falun Gong y otros grupos espirituales prohibidos, y por otro lado difundir el terror al ejecutar métodos y técnicas ilegales tales como la tortura, la agresión sexual y la confiscación ilegal de propiedades.

Sin lugar a dudas, el trabajo de la oficina 610, al igual que otros aspectos de la campaña contra Falun Gong, como el uso extensivo de campos de trabajos forzados y la propaganda a nivel nacional, implica un retroceso a las prácticas de la era maoísta

Campos de reeducación y trabajo forzado

La reeducación a través del trabajo fue el método principal que el PCCh utilizó para perseguir a Falun Gong. Este sistema de trabajo forzado dio a la Oficina 610 el poder de enviar a la gente a los campos de trabajo sin tener que pasar por el procedimiento judicial normal, como un juicio, la decisión del juez, y el proceso de apelación.

Estos campos están distribuidos por todo el país, algunos cuentan con una gran infraestructura mientras otros son espacios improvisados e incluso ocupados sólo por un tiempo determinado. Pero el fin es siempre el mismo, obligar a la víctima a abandonar sus creencias utilizando la violencia física, psicológica y el terror como técnicas de convencimiento. 

Los guardias de los campos aplicaron diversas torturas a los practicantes de Falun Gong para obligarlos a “transformarse” (renunciar a su creencia), ya que el PCCh ofrecía grandes incentivos de recompensa vinculados a la “tasa de transformación”. Muchos practicantes fueron torturados hasta la muerte o quedaron discapacitados como resultado de esta política.

Muchos sobrevivientes de estos campos de reeducación lograron escapar fuera de China y desde el exilio han comenzado a narrar sus experiencias intentando despertar al mundo para que tome acción ante semejante atropello a los derechos humanos.

Tal es el caso de Yifei Wang, una experiodista del PCCh quien ahora vive en California, Estados Unidos, tras haber huido de China por la persecución a Falun Dafa. 

Según narró a Fox News durante una entrevista en el año 2019, Wang junto a su hermana participó de la multitudinaria protesta pacífica de 2001 en la plaza de Tiananmen reclamando al PCCh que detenga la persecución. Ambas fueron detenidas ese día por sostener carteles en apoyo a Falun Gong.

Yifei finalmente fue liberada gracias a un guardia comprensivo, pero su hermana, Kefei, nunca logró salir. Después de pasar cuatro meses en un campo de trabajo forzado, le dijeron a su familia que Kefei murió de un ataque al corazón. Luego de reconocer el cuerpo en un hospital, Yifei asegura que su hermana fue torturada hasta la muerte.

Ming Yu es un amigo de la familia que también fue encarcelado por apoyar a Falun Gong, y en diálogo con Fox dijo que pudo filmar un video encubierto en un campo de trabajos forzados en el que fue encarcelado sobornando a un guardia durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Yu dice que a los trabajadores no se les dieron descansos y que algunos estaban tan exhaustos que se quedaron dormidos debajo de las mesas en las que estaban trabajando. También presentó un video de un practicante de Falun Gong que, según él, resultó gravemente herido por los guardias del campamento. El hombre está encadenado a su cama, bajo de peso y con lesiones en la piel.

“Si alguna vez te atrapan haciendo este tipo de cosas, grabando en video los detalles de lo que sucede en estos campamentos, perderías la vida”, dijo. “El Partido Comunista Chino tiene una cuota de personas a las que matar, y yo soy una de ellas”.

Yu usó cámaras ocultas diseñadas como productos diferentes, incluidas las llaves del automóvil y un reloj, para filmar los videos.

En otra de las filmaciones se puede ver a un hombre moribundo encadenado a su cama de hospital. Yu dice que el hombre fue encarcelado por apoyar a Falun Gong, y fue golpeado y torturado hasta que sufrió un derrame cerebral. Murió en estado vegetativo, encadenado a su cama, mientras su esposa lloraba por él.

El esposo de Wang, el Sr. Gordon, viajó a China en 2015 y visitó el campo de trabajos forzados para mujeres de Jilin, donde murió Kefei, allí logró filmar valiosos videos utilizando una cámara oculta.

El director de cine Kay Rubacek, utilizó el preciado material grabado por estas valientes personas y realizó un documental llamado Finding Courage, que detalla la persecución del gobierno a Falun Gong y la lucha de la familia para recuperar el cuerpo de Kefei.

Al igual que lo hizo contra otras minorías religiosas y espirituales, el PCCh utiliza estos campos de reeducación para obligar a sus víctimas a abandonar su fe. Aquellos que logran sobrevivir generalmente son los que accedieron a abandonar sus creencias y continúan su vida de forma atea y siguiendo los lineamientos impuestos por el PCCh. Sin embargo, muchos logran engañar a los guardias haciéndoles creer que han abandonado su creencias, y una vez liberados continúan predicando su fe desde la clandestinidad o el exilio. 

Los sobrevivientes han detallado situaciones vividas en los campos de trabajo forzado que exceden incluso lo visto en películas de terror. Violaciones sexuales en grupo, diferentes métodos de tortura que mezclan técnicas feudales con tecnologías modernas como picanas eléctricas, drogas químicas, pivación de la alimentación y muchas otras atrocidades díciles de reproducir.

Sustracción ilegal de órganos

Entre las denuncias más cuestionables sobre la persecución sin duda prevalece la sustracción ilegal de órganos a practicantes vivos.

Se estima que el régimen chino ha recibido ingresos por miles de millones de dólares extrayendo corazones, hígados y riñones de gente de fe, sana y viva; especialmente de aquellos que practican Falun Gong, quienes además son reconocidos por su buen estado de salud. La evidencia emergente sugiere que debido a este horrendo crimen, innumerables personas inocentes han sido asesinadas por sus órganos.

En 2006 comenzaron a surgir informes impactantes que sugerían claramente que los practicantes de Falun Gong, supuestamente “desaparecidos” luego de sufrir detenciones ilegales, en realidad fueron asesinados por el PCCh con el fin de extraer sus órganos vitales.

La Coalición para Investigar la Persecución a Falun Gong (CIPFG, por sus siglas en inglés) fue establecida en 2006 para investigar el encarcelamiento, la tortura, el asesinato y la sustracción de órganos de practicantes de Falun Gong por parte del régimen chino. David Kilgour, ex secretario de Estado canadiense para Asía Pacífico, y David Matas, un reconocido abogado internacional de derechos humanos, fueron designados para llevar a cabo una investigación sobre las denuncias de la sustracción de órganos: los especialistas aceptaron investigar a fondo y sus resultados sorprendieron al mundo entero.

Meses más tarde Matas y Kilgour publicaron sus informes y revelaron que: “Con base en lo que sabemos ahora, hemos llegado a la lamentable conclusión de que las acusaciones son ciertas. Creemos que ha habido, y continúa en la actualidad, la sustracción forzada de órganos a gran escala que son extraídos a practicantes de Falun Gong”.

“Sus órganos vitales, incluyendo riñones, hígados, córneas y corazones, fueron extraídos por la fuerza y vendidos a precios elevados, a veces a extranjeros, que normalmente enfrentan largas esperas de donaciones voluntarias de tales órganos en sus países de origen”, continúa diciendo el informe.

En 2009 la investigación logró otro hito cuando los expertos publicaron una versión actualizada de su informe en el libro: Bloody Harvest, The killing of Falun Gong for their organs (Cosecha sangrienta, el asesinato por sus órganos de practicantes de Falun Gong).

Es el primer libro que revela el horrible crimen de la sustracción de órganos a practicantes vivos de Falun Gong en China. El libro contiene materiales no publicados previamente. Se presenta en dos secciones: la primera sección expone las evidencias, y la segunda sección detalla las reacciones que recibió el informe final, así como algunas sugerencias sobre cómo poner fin a la práctica del uso de ‘donantes’ de órganos vivos en China.

La cantidad de pruebas aportadas en el libro sobre miles de practicantes de Falun Gong asesinados para extraer sus órganos es abrumadora. Se destacan detalles como el precio de mercado al que diversos hospitales chinos comercializaban los órganos en el exterior. 

Desde la publicación de este informe, la realidad sobre las atrocidades cometidas por el PCCh han comenzado a tomar mayor trascendencia internacional y en consecuencia gobiernos de distintos países han fortalecido los controles del “turismo de trasplantes”.

La persecución del PCCh contra Falun Dafa es un genocidio

El trabajo incansable de abogados, jueces, investigadores, algunos funcionarios públicos y principalmente testigos vivenciales, ha permitido que hoy la verdad sobre lo que el PCCh está llevando a cabo con Falun Gong y otras minorías religiosas se haya develado.

Es cierto que la mayoría de los gobiernos del mundo han desarrollado relaciones de dependencia comercial muy estrechas con el régimen chino lo que los limita a tomar acción, emitir opinión y condenas públicas, pero la realidad indica que una fuerza poderosa se ha gestado en Occidente y de apoco la verdad está saliendo a la luz. 

Las atrocidades de la sustracción forzada de órganos, en particular, han recibido amplias críticas de profesionales de la medicina, legisladores, funcionarios del gobierno, medios de comunicación, organizaciones de derechos humanos y el público en general. Se han introducido leyes y resoluciones en numerosos países para ayudar a poner fin al turismo de órganos y a la atrocidad de la sustracción de órganos.

Un panel de expertos en China realizó un seminario web el pasado 29 de julio donde presentaron evidencia irrefutable de que las vidas de millones de practicantes de Falun Dafa en China están siendo destruidas físicamente por el PCCh e instaron al secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, a designar como genocidio la persecución a Falun Dafa, del mismo modo que hizo con la represión a los uigures en Xinjiang.

Ethan Gutmann, un reconocido periodista y autor de varios libros, realizó un repaso por los datos que logró recopilar durante varios años de investigación y que hasta el día de hoy el régimen no pudo refutar.

El periodista aseguró que la sustracción de órganos forzada comenzó en 1994 en la provincia de Xinjiang con los prisioneros ejecutados. En 1998, los mandos del PCCh comenzaron a recibir órganos de los activistas uigures de Urumqi que eran asesinados para cuyo fin, aseguró.

Pero en 1999, cuando comenzó la persecución a Falun Dafa, China pasó a superar la cantidad de trasplantes de todo el mundo en su conjunto. Al mismo tiempo que poseía entre medio millón y un millón de practicantes encarcelados y a disposición, la industria del trasplante en China se disparó.

Según los datos oficiales y referencias cruzadas, Gutmann calcula que para 2016 al menos 200.000 practicantes de Falun Dafa fueron asesinados por sus órganos.

Además se detallaron pruebas que indican que el PCCh ha puesto deliberadamente a disposición su aparato represivo para eliminar sistemáticamente la disciplina milenaria de Falun Gong, cumpliendo con las características detalladas en consensos internacionales para determinar la existencia de genocidio. 

Andrés Vacca –Redacción BLes

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