Por más de 40 años,  la política del hijo único fue una de las mayores causas de sufrimiento para las mujeres en China. Desde que se aplicó en forma estricta a principios de los 80’, se estima que alrededor de 400 millones de niños fueron abortados. 

Los esfuerzos por  controlar la natalidad comenzaron desde el arribo del PCCH al poder en 1949, pero con la llegada de Deng Xiaoping los planes para regular el crecimiento demográfico se hicieron más rigurosos. La campaña utilizó esterilización y abortos forzados, medidas coercitivas y la aplicación de cuantiosas multas. Sólo se consideraba el privilegio de un segundo hijo a algunas minorías étnicas y en raros casos a familias rurales con una hija.

Después de realizar 1500 abortos por hora, o 13 millones anuales según lo afirmó el régimen chino, numerosas agrupaciones de defensa de los derechos humanos alzaron la voz para denunciar las atrocidades de esta política, como Reggie Littlejohn de Women’s Right Without Frontiers

“De estos 336 millones de abortos, ¿cuántas mujeres fueron arrastradas fuera de sus hogares, atadas a mesas y obligadas a abortar a los bebés que desean, hasta el noveno mes de embarazo?”, … “¿Cuántas mujeres murieron como resultado de estos procedimientos violentos? Y de estos 336 millones de abortos, ¿cuántos fueron abortados selectivamente porque eran niñas?”

Consecuencias

Las tasas de natalidad para tener una población estable son de 2,1. En China fué de 1,16 en el año 2021, y las previsiones para el 2022 dan a la baja, colocándose entre los países con menor tasa de crecimiento.

Esta estructuración social forzada desencadena en una menor mano de obra joven, que sostiene un mayor número de jubilados y menor tasa de crecimiento económico. A este drama se agrega el desbalance entre la cantidad de hombres y mujeres. 

Tradicionalmente se ha preferido tener hijos varones, ya que estos heredan el nombre y los bienes y se hacen responsables del cuidado de los ancianos. Con la política del hijo único tener una niña se hizo indeseable, por lo tanto se las abortaba esperando al varón en el próximo embarazo. En consecuencia hay entre un 3 y un 4 por ciento más de hombres que mujeres.

El lado más oscuro de esta distorsión se manifiesta en un aumento del tráfico sexual y secuestro de novias, cuyas víctimas provienen tanto de las zonas rurales como de países limítrofes. A esto se suma el suicidio entre las mujeres, como atestigua Steven Mosher, presidente del Population Research Institute:

“No es casualidad que las mujeres de China tengan la tasa de suicidio más alta del mundo, sin mencionar las tasas más altas de cáncer de mama, todo como consecuencia de haber matado a sus bebés en el útero por un estado despiadadamente empeñado en el control de la población”.

¿Reconoce el PCCH sus errores?

Con el fin de la política del hijo único en 2016, el gobierno chino trató de revertir los errores del pasado, permitiendo a las parejas tener dos niños, pero viendo los pocos resultados comenzó a liberar aún más las restricciones hacia el 2021 dando la libertad de tener tres niños.

Aún así no es suficiente. El número de recién nacidos cayó de 10,6 millones en el 2020 a 10 millones en el 2021, lo que representa un 11,6 por ciento menos.

La pandemia del virus PPCH acentuó la baja natalidad. Con los encierros forzados masivos  de la población en sus casas para escapar del virus, los jóvenes experimentaron una profunda angustia y ansiedad que desembocó en una baja del deseo sexual, y en el rechazo a tener hijos en un ambiente de incertidumbre con vistas a un futuro incierto.

 El 16 de Agosto la Comisión Nacional de Salud de China emitió un documento instando a los gobiernos locales a tomar medidas para reducir los abortos, promover la fertilidad y asi aumentar el número de personas.

Este documento fue emitido conjuntamente por 17 agencias gubernamentales, lo que manifiesta la envergadura de esta nueva campaña y la urgencia en aplicar las nuevas medidas.

Con el título de “Opiniones orientadoras sobre la mejora y aplicación de medidas positivas de apoyo a la fecundidad” el gobierno implementará programas de ayuda en el cuidado infantil, mejoras en las licencia por maternidad, elevar el nivel de prevención y tratamiento contra la infertilidad, reducir los abortos inducidos, etc .

El contraste entre las nuevas medidas y las anteriores es impactante, y aunque a simple vista se trata de corregir errores del pasado, el sistema muestra una vez más que los métodos usados para practicar sus políticas nunca consideran a la persona como individuo sino como un producto moldeable a base de reglas y restricciones. La ironía es remarcable en el caso de las mujeres uigures que a pesar de esta nueva campaña para fomentar la natalidad, siguen siendo forzadas a la esterilización y a los abortos como parte de las autoridades en los campos de concentracíon en la region de Xinjiang.

El tribunal Uigur, una coalición independiente de expertos en derechos humanos encontró a China culpable de genocidio contra los uigurúes “ más allá de toda duda razonable”. En la sentencia se lee “Las mujeres embarazadas, en los centros de detención y fuera de ellos, se vieron obligadas a abortar incluso en las últimas etapas del embarazo. El el curso de los intentos de aborto, los bebés a veces nacían vivos, pero luego eran asesinados. Se había establecido un programa sistemático de medidas de control de natalidad que obligaba a las mujeres a soportar la extracción en contra de su voluntad de los úteros y a someterse a una esterilización efectiva por medio de DIU que solo eran removibles por medios quirúrgicos”

Según Naciones Unidas, imponer medidas destinadas a prevenir los nacimientos dentro de un grupo, está incluido dentro de la definición de “genocidio”

Por Michael Mustapich – BLes.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.