Su fundador había prometido recientemente un “futuro brillante” para la compañía, pero en medio de las deudas, autoridades chinas ordenaron la demolición de un resort de 39 edificios de lujo por violar “leyes de planificación urbana y rural”

Con una deuda superior a los 300.000 millones de dólares y una pérdida de 88 % del valor de sus acciones el año pasado, la empresa inmobiliaria china Evergrande ahora debe enfrentarse a un nuevo problema: demoler 39 edificios de lujo en tan solo diez días porque el proyecto viola las «leyes de planificación urbana y rural».

El segundo mayor desarrollador inmobiliario de China tuvo que acudir a un «proceso de reestructuración» por la grave crisis que viene atravesando. La fama internacional que cobró la empresa no es infundada. Si cae, la economía del régimen comunista chino quedará resentida porque justamente el sector de real state representa aproximadamente 28 % del producto interno bruto del país. Los mercados globales también saldrían afectados.

Ahora bien, la demolición del resort fue decidida por el gobierno de Danzhou, una ciudad en la provincia sureña de la isla de Hainan, aunque no hay respuesta hasta los momentos del gigante inmobiliario chino.

En este sentido, una noticia ambigua salió desde la empresa. Esta se comprometió a finales de diciembre a cerrar el mes con 39000 viviendas entregadas a sus compradores, más que en los tres meses previos. Además, Xu Jiayin, su dueño fundador, dijo tres días después que la tasa de reanudación de los proyectos inmobiliarios había llegado a 91,7 %, al tiempo que prometía un «futuro brillante» para la compañía.

Sus palabras están en veremos y Jiayin lo sabe. Aclaró que el grupo se enfrenta a «circunstancias extremadamente difíciles», según la reseña del medio chino especializado en economía Securities Times.

El verdadero interés del régimen

Durante la reunión, el fundador de Evergrande citó la entrega de 39000 viviendas y dijo que nadie en la compañía «puede relajarse», apuntó EFE. El llamado de atención se produjo luego de que el Banco Central de China aseguró que protegería los derechos legales de los compradores de bienes inmobiliarios y que planeaba satisfacer sus «necesidades razonables de vivienda».

A pesar de su carácter de empresa privada, Evergrande no está exenta de la vigilancia del régimen. Pekín controla el mercado inmobiliario a través de los bancos estatales. Según expertos, el régimen chino avizoró hace tiempo lo que podía pasar con la compañía y por eso está optando por tomar una decisión que más allá de una eventual caída del gigante inmobiliario, mantenga a flote este mercado. Todo sea por no perder la imagen de poderío económico que quiere proyectar el Partido Comunista de China (PCCh)

El objetivo, según un artículo de BBC, es garantizar que la empresa «pueda terminar las casas que está construyendo para que los compradores de propiedades comunes no se vean afectados y la confianza en el mercado inmobiliario no se vea seriamente dañada».

«Pekín es como un cirujano que opera un tumor y piensa: ‘¿Qué necesito salvar?’», dijo Alicia García Herrero, economista jefa para Asia-Pacífico del banco de inversiones Natixis.

Fuera de la Bolsa de Hong Kong

Sin explicaciones, la compañía no cotizó el lunes 3 de enero en la Bolsa de Hong Kong. El anuncio de la orden de demolición había ocurrido el día antes. Fitchel, la agencia de calificación de deuda, ya había declarado a Evergrande en suspensión de pagos por no abonar las cantidades que adeudaba a sus bonistas ‘offshore‘.

Desde junio las ventas estaban cayendo y los problemas de liquidez comenzaron en septiembre de 2021. Luego llegaron restricciones económicas sobre los sectores de bienes raíces y tecnología ordenadas por Xi Jinping. The Wall Street Journal reseñó cómo China impuso medidas regulatorias, incluidas multas y otras sanciones que afectaron a varias industrias mientras intentaba «reducir la desigualdad, controlar el endeudamiento excesivo y obligar a las empresas a ceñirse más a la línea del Partido Comunista». La ideología del régimen se sobrepuso a la viabilidad económica.

Funcionarios de Pekín citados por ese medio dijeron que la «fuerte» recuperación del país ante el COVID-19 brindó «una ventana de oportunidad para actuar, lo que les permitió abordar los desequilibrios sociales y económicos sin descarrilar su trayectoria de crecimiento general».

Oriana Rivas – Panampost.com

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