Redacción Bles – La dependencia de la tecnología del mundo actual es tal que se ha convertido en un importante cuello de botella para el progreso. Por eso, el desarrollo y la protección de los microchips ocupan un rol importante en las políticas de todos los países, más aún de los industrializados.

Para el régimen chino esta situación no pasa desapercibida, no obstante, se considera que ha fracasado tras 20 años de intentos y de la inyección de más de 100.000 millones de dólares en busca del liderazgo en la producción de microchips de avanzada.

Al parecer, con esas inversiones gigantescas, el régimen chino trató de imitar a Taiwán, el país vecino que es líder mundial en la producción de microchips, y al que amenaza con invadir. 

Al final, una de las empresas más importantes del Partido Comunista de China (PCCh) en este ramo, Semiconductor Manufacturing International Corp. (SMIC), está atrasada con respecto a las de Taiwán 4 años, y esta industria china está plagada de corrupción.

Recién hasta ahora, SMIC produce chips estándar de 7 nm (nanómetros), un tamaño diminuto, sin duda, pero que Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC) y Samsung Electronics Co., lanzaron al mercado hace cuatro años. De hecho, TSMC ya incursiona en la fabricación de chips de 3 nm. 

Además, los equipos de producción de SMIC son obsoletos en una industria que se renueva a gran velocidad. Para colmo, TSMC ha demandado en el pasado a SMIC por robar tecnología, una acusación demasiado frecuente contra empresas vinculadas al PCCh. 

“A todos los efectos, China ha fracasado en la consecución de sus objetivos en materia de semiconductores y los encargados de llevarlos a cabo están rindiendo cuentas”, señala el autor, Tim Culpan, en su artículo de Bloomberg del 10 de agosto. 

Por su parte, el autor, Jeff Pao, corrobora: “… la detención de una docena de altos funcionarios chinos y ejecutivos de un fondo de inversión nacional y empresas relacionadas, ha provocado un cambio de rumbo en la estrategia de fabricación de chips, en Beijing”.

En la larga cadena de personalidades implicadas en corrupción por el uso de los fondos destinados al avance tecnológico, cayó el ministro chino de Industria y Tecnologías de la Información, Xiao Yaqing, por aparentes violaciones de la disciplina y las leyes del PCCh. 

También, el expresidente de la fábrica china de tecnología y semiconductores, Tsinghua Unigroup, Zhao Weiguo, fue detenido el mes pasado, por la posible vinculación en actividades de compra irregulares. 

Asimismo, otros funcionarios de esta empresa fueron detenidos. Lo mismo ocurrió con ejecutivos al servicio del Fondo Nacional de Inversión en la Industria de Circuitos Integrados. 

Más aún, Diao Shijing, antiguo copresidente de Unigroup, Ding Wenwu, director general del Big Fund, y Li Luyuan, presidente de la filial de Unigroup, Beijing Uni Science and Technology Service Group Co Ltd, cayeron en la redada. La lista es más larga, todavía. 

Las investigaciones se iniciaron por las quejas de altos funcionarios del régimen chino, quienes cuestionaron que el PCCh invirtió decenas de miles de millones de dólares en la industria de los semiconductores, durante años, sin presentar los objetivos esperados. 

Otra de las causas que podrían haber contribuido al fracaso en el desarrollo de una industria de microchips de altísima tecnología, sería la fuerte tendencia de Beijing a autoabastecerse por su propia cuenta, un comportamiento contraproducente en este campo. 

“Si el objetivo de China es aumentar su destreza y aislarse del mundo, fracasará en lo primero y seguramente tendrá éxito en lo segundo”, advierte en este caso Culpan.

El éxito de Taiwán se convierte en su mejor aliado

Es en este punto en el que la industria tecnológica desarrollada por Taiwán es clave, dado que provee millones y millones de microchips electrónicos, de la más alta tecnología, al mundo entero. 

Las ventas mundiales de chips alcanzaron los 556.000 millones de dólares, en el año 2021, con un  incremento del 26,2% con respecto al año anterior.  

Estas piezas electrónicas microscópicas son esenciales para dar vida a la mayor parte de los dispositivos en los que se basa la civilización actual, entre ellos computadores, celulares, autos, sofisticados equipos de investigación y de defensa, además de casi todos los electrodomésticos de uso diario.

Por esta razón, Taiwán deriva de estos diminutos productos tecnológicos super especializados, protección especial de los países industrializados, además de unos ingresos per cápita sustanciales. Sus ingresos de 33.775 dólares supera varias veces los de las personas regidas por el régimen chino.  

No obstante, las constantes amenazas de invasión del PCCh son un riesgo inminente, que no pasa desapercibido para los gobiernos interesados en proteger la producción de chips taiwaneses. 

De darse una toma violenta de la isla se interrumpiría el suministro de los delicados microprocesadores, y, en ese caso, se presentaría un obstáculo insuperable no solo para que el PCCh se mantenga en el poder, sino para el desarrollo de todos los pueblos. 

En caso de una invasión a Taiwán, TSMC dejaría de ser operativa. Sus instalaciones de producción, muy sofisticadas, “dependen de la conectividad en tiempo real con el exterior, con Europa, Japón y Estados Unidos”, sostuvo el presidente de TSMC, Mark Liu, citó The Wall Street Journal. 

El mundo se prepara para autoabastecerse de microchips

Ante esta amenaza demoledora del PCCh, varios países, además de demostrar su apoyo a Taiwán, emprenden la difícil tarea de producir sus propios microchips.

En este sentido, Estados Unidos destinó un presupuesto de 280.000 millones de dólares, que incluyen incentivos para que los fabricantes de chips construyan instalaciones en su territorio. En parte, trata de impulsar la fabricación de semiconductores en Estados Unidos y la competitividad con China.

La oferta parece tan buena, que hasta la misma TSMC podría beneficiarse, dado que está construyendo una nueva planta en Arizona, EE. UU.

Por su parte, Bruselas publicó un plan de un poco más de 43.000 millones de dólares para cortar la dependencia de Europa en cuanto a los microchips de proveedores extranjeros. Así lo anunció la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen:

“La Ley de Chips Europeos cambiará las reglas del juego para la competitividad global del mercado único europeo. A corto plazo, aumentará nuestra capacidad de resistencia ante futuras crisis, al permitirnos anticipar y evitar las interrupciones de la cadena de suministro”, expresó en un informe de febrero. 

Además, hasta surgió una asociación liderada por EE. UU., que vincula a Corea del Sur, Japón y Taiwán, y que tendería a reducir el papel de Beijing en las cadenas de suministro de semiconductores: la “alianza Chip 4”.

El objetivo de esta alianza es coordinar la política de la cadena de suministro de semiconductores, pero se considera que le negaría a las empresas vinculadas al PCCh el acceso a tecnologías y a los equipos más avanzados de esta industria, lo que dificultaría aún más su avance en este sector clave. 

Asimismo, Estados Unidos lleva varios años tratando de bloquear la exportación de equipos especializados a sus competidores chinos. Todas estas iniciativas complican los esfuerzos de autosuficiencia en chips del PCCh, amenazando con sumir al país en el oscurantismo tecnológico.

En este contexto, es importante tener en cuenta que, tras despilfarrar durante cerca de 20 años unos 100.000 millones de dólares intentando sobresalir en la tecnología de los microchips electrónicos, la corrupción y la incapacidad se han hecho evidentes.

A causa de los repetidos fracasos, todavía “China no puede producir sus productos informáticos sin chips de memoria estadounidenses, surcoreanos y japoneses”, sostiene el autor, Jack H. Park, del medio Business Korea. 

José Hermosa – BLes.com

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