Redacción BLesEl Ejército Popular de Liberación (EPL, por la sigla) bajo las órdenes del régimen comunista chino ha incursionado en tantos campos polémicos que trae a la memoria a la Hidra, el mítico monstruo de siete cabezas que asolaba los mares de la antigua Grecia. 

Si bien, tradicionalmente, las naciones se han ufanado de sus ejércitos ante sus aliados y sus enemigos, estas demostraciones han sido también parte de su estrategia disuasoria en busca del mantenimiento de la estabilidad tanto dentro como fuera de su territorio..

No obstante, para el Partido Comunista de China (PCCh) los objetivos básicos de su ejército se han desbordado, de modo que al amparo del argumento de la seguridad nacional enfoca muchas actividades, a través de las cuales establece una “Guerra sin restricciones” convirtiéndolo en un instrumento psicopolítico de muchas cabezas más que en un instrumento militar de combate, con el que desafía al resto del mundo. 

De acuerdo con el expresidente de la Asociación Internacional de Estudios Estratégicos con sede en Washington, el australiano Gregory Copley, las relaciones internacionales se han entrelazado de tal manera que el espectro de una “guerra caliente”, al estilo tradicional, se aleja cada vez más, y que si el PCCh intenta destruir a Estados Unidos en ese campo arriesga su propia derrota. 

Por eso el esfuerzo de “… Beijing para proyectar el poder sin tener que arriesgar una guerra caliente porque una guerra caliente sería desastrosa para la República Popular China, al igual que una guerra caliente fue desastrosa para Japón cuando se enfrentó a una similar,” hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, sostuvo Copley en el programa Geopolitics & Empire, hace dos años. 

Más aún, recordó que en el 2018, el PCCh declaró ante sus dirigentes la guerra a Estados Unidos, cuya supuesta victoria se celebraría en el 2049 para el centenario de la ocupación de China continental, “… y como se dijo específicamente en ese momento … el nuevo orden mundial sería definido por Beijing, que escribiría las nuevas reglas globales de compromiso en el nuevo orden mundial”, basado en regulaciones dictadas según sus términos.

No obstante, es de considerar que muchas de la cifras sobre la capacidad, número de soldados y cantidades de armas del régimen chino no son accesibles públicamente, por lo que la veracidad de la información no es fácil de determinar, y una parte significativa de ellas podría ser parte de su propaganda.  

“Guerra sin restricciones”

Dadas las anteriores circunstancias, es comprensible que el PCCh este intentando el predominio mundial utilizando todos los recursos disponibles a su alcance, tal como lo determinó la “Guerra sin restricciones”, un documento emitido en 1999 por los Coroneles del Ejército Popular de Liberación de China (EPL) Qiao Liang y Wang Xiangsui en el que hablaron de desarrollar “estrategias” para luchar en una guerra moderna, durante el mandato del líder del PCCh, Jiang Zemin.

Ya en esa época, y conociendo la inferioridad de sus condiciones militares, Qiao y Wang determinaron que el empleo de la guerra tradicional era obsoleto y que se hacía necesaria la aplicación de recursos actualizados, extendiendo el campo de combate a todas partes y sin tregua “para obligar al enemigo a someterse a la propia voluntad [del PCCh]”. 

Los nuevos recursos a utilizar incluirían: “el hackeo de los sitios web administrativos que sustentan la administración del gobierno del adversario, la perturbación de las instituciones financieras, la explotación de los medios de comunicación abiertos de Occidente, la promoción de la discordia social y la realización de la guerra urbana”, entre otros.

Asimismo, argumentaron que “la primera regla de la guerra sin restricciones es que no hay reglas, ni nada prohibido”, convirtiendo a la sociedad completa en el campo de batalla. Mientras tanto, se mantenía deliberadamente al público distraído e inconsciente. Esta estrategia se basa en antiguas tácticas de engaño implementadas por la Unión Soviética.

En este sentido, el CEO de la compañía de inteligencia global y de asesoría cibernética, BlackOps Partners Corp, Casey Fleming, definió las estrategias del PCCh como un sistema de “guerra híbrida asimétrica”, en el que tratarían de utilizar una combinación de tácticas convencionales y no convencionales para lograr cualquier número de objetivos.

Creación de super soldados 

Si bien el ejército al servicio del PCCh se halla en inferioridad de condiciones frente al de Estados Unidos, no deja de explorar otros campos en su carrera por ocupar el primer lugar. Una de las innovaciones sería la implementación de super soldados, seres humanos modificados genéticamente, contraviniendo la ética.  

Hacia finales del 2020, el entonces director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, John Ratcliffe, fue contundente al declarar: “Si pudiera comunicar una cosa al pueblo estadounidense desde este punto de vista único, es que la República Popular China representa la mayor amenaza para Estados Unidos en la actualidad, y la mayor amenaza para la democracia y la libertad en todo el mundo desde la Segunda Guerra Mundial”.

Asimismo, denunció: “No hay límites éticos en la búsqueda de poder de Beijing”, mientras describía que el régimen chino realizó pruebas en sus hombres con la esperanza de desarrollar soldados con “capacidades biológicamente mejoradas”.

Y agregó: “La inteligencia estadounidense muestra que China ha llegado a efectuar pruebas en humanos con miembros del EPL con la esperanza de desarrollar soldados con capacidades biológicamente mejoradas”.

En el campo de las posibilidades, las tropas mejoradas genéticamente serían capaces de curarse rápidamente y estarían en condiciones de desplegar mayor fortaleza y resistencia que los soldados normales. Los supersoldados modificados genéticamente estarían dotados de fuerza y velocidad sobrehumanas.

Por su parte, los investigadores estadounidenses Elsa Kania y Wilson VornDick se refirieron a los estudios de biotecnología del ejército chino, incluyendo la herramienta de edición de genes conocida como “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas” (CRISPR).

En su artículo para la Fundación Jamestown advierten: “La Comisión de Ciencia y Tecnología de la Comisión Militar Central (CMC) [del PCCh] también está apoyando la investigación en la mejora del rendimiento humano y la biotecnología de ‘nuevo concepto’, las intersecciones potenciales de estos intereses merecen preocupación y consideración”.

Además, explican que CRISPR puede utilizarse para aumentar la eficacia del personal en combate, y que tiene un ‘gran potencial’ en ese campo, siendo una de las tres principales “tecnologías de mejora del rendimiento humano”, aunque aún estaba en el campo experimental en esos días. 

Kania y VornDick resaltaron en el 2019  la participación del EPL en las experimentaciones con esa técnica de modificación genética: “Llamativamente, las instituciones médicas del Ejército Popular de Liberación, en particular el Hospital General del Ejército Popular de Liberación y también la Academia de Ciencias Médicas Militares, participan en cinco de los ensayos que se conocen actualmente”. 

También cuestionan las implicaciones éticas de estos experimentos, en particular los realizados por el científico chino, He Jiankui, quien anunció a finales del 2018 la creación de los primeros bebés genéticamente modificados.

“De manera infame, los primeros seres humanos sometidos a ingeniería genética también nacieron en China como resultado de la investigación de He Jianqui, que eliminó el gen CCR5 para dotar a los bebés gemelos de inmunidad al VIH”, escribieron Kania y VornDick.

Y agregaron: “Esta violación de la ética ha sido condenada por la comunidad científica dentro de China y en todo el mundo, al tiempo que ha impulsado la elaboración de una nueva ley sobre la edición de genes humanos”. 

En el mismo informe estos investigadores mencionan otros de los campos de acción del PCCh, que abarcan: “… desde estos destacados avances en CRISPR hasta la robótica biónica, los exoesqueletos inteligentes y las técnicas de colaboración entre humanos y máquinas”.

Por otro lado, esta aspiración de obtener seres con capacidades excepcionales para el combate contrasta fuertemente con las nociones que se tiene acerca de las posibles limitaciones físicas y emocionales que se les atribuyen a los soldados habituales del EPL.

En las características de los miembros de las fuerzas armadas del régimen chino influye sustancialmente la política del hijo único, que hace que los que logran crecer en el seno de la familia se conviertan en el centro de atención no solo de los padres y de los abuelos, sino de los demás miembros del núcleo familiar, que los colma de mimos y cuidados. 

En 2012, el experto Liu Mingfu, de la Universidad Nacional de Defensa de China, afirmó que al menos el 70% de los soldados chinos son hijos únicos, y el porcentaje es del 80% en el caso de los soldados que empuñan directamente las armas.

Esos niños se incorporan luego al ejército y se convierten en soldados, y les resulta difícil soportar las estrictas condiciones disciplinarias, cuando los expertos militares siempre han afirmado que “la disciplina es la fuerza del ejército”, convirtiéndose así en el talón de aquiles del EPL.

Según SCMP, debido a la grave escasez de tropas, los oficiales militares chinos tienen que aprender a transigir y hacer concesiones a los jóvenes reclutas de la Generación Z (nacidos entre 1995 y 2010) para asegurar su número, lo que es una de sus mayores debilidades. 

Contratación de mercenarios

El EPL dispone de numerosos efectivos regulares, no obstante en el territorio chino hay al menos 4,3 millones de exmiembros del ejército y de la policía del PCCh, al servicio de las 5.000 empresas de seguridad del país, de las cuales unas 20 tienen permitido contratar en el extranjero.  

Entre estas se destaca la empresa DeWe Security, fundada en 2011 por antiguos militares y policías del régimen chino, que cuenta con 352 empleados chinos residentes en el extranjero, donde han vinculado cerca de 3.000 empleados locales.

Sin embargo, es de tener en cuenta que el término “empresa de seguridad privada” es “engañoso e inexacto en el contexto chino”. Además, el PCCh exige a todas las empresas que obedezcan sus directivas, de ahí el eslogan: “a medida que el Estado avanza, el sector privado retrocede”, (guo jin, min tui, 国进民退), publicó el Africa Center for Strategic Studies, en junio.

En consecuencia, negociar con algunas de las empresas chinas conlleva riesgos “como la falta de transparencia, la debilidad de los controles nacionales, la influencia indebida de las élites del régimen y las tensiones sociales”.

Además, el Africa Center for Strategic Studies considera que las numerosas “empresas de seguridad extranjeras tienen importantes implicaciones políticas para África, ya que socavan el papel del gobierno como principal proveedor de seguridad dentro de un país y aumenta el riesgo de violaciones de los derechos humanos”. 

Asimismo, “pocos dudan de que los grupos están sólidamente bajo el control de la burocracia de seguridad nacional de China”, en concepto de Andrew Davenport, director de operaciones de RWR Advisory Group, una consultora de riesgos, que los considera parte de una “estrategia de seguridad paralela”.

La estrategia de contratar mercenarios en los países en los que tiene presencia es otra de las prácticas que aumenta la influencia armada del PCCh, y sirve de ejemplo la preocupación que se manifestó en Argentina hace unos meses. 

En este país surgió la contratación de mercenarios por parte de la empresa Grupo de Seguridad de Ultramar de China (COSG, por la sigla en inglés) que suele ser utilizada en los países que integran el proyecto la Franja y la Ruta (BRI, por la sigla en inglés), lo que generó preocupación, porque Argentina no está vinculada a ese gran proyecto del PCCh que vincula a más de 71 países. 

La empresa que se presenta como de ‘seguridad privada’, “despertó un sinfín de interrogantes respecto a los motivos detrás de la contratación de efectivos paramilitares en el territorio nacional”, informó el medio argentino Perfil, el 20 de noviembre.

La guerra cibernética

Otro de los campos estratégicos en los que incursiona el PCCh, es el de la guerra cibernética, que implica las acciones para atacar e intentar dañar los ordenadores o las redes de información de otro país empleando virus informáticos o bloqueando el acceso a sus servicios de información. 

Dada la alta dependencia actual de los sistemas computacionales tanto para tareas sencillas como complejas, los atentados contra ellos suelen ser traumáticos para el normal funcionamiento de cualquier país. 

En un ámbito más especializado la cibernética vincula varias disciplinas en el estudio de la estructura de los sistemas reguladores; es decir, estudia los flujos de energía estrechamente vinculados a la teoría de control y a la teoría de sistemas, por lo que también es un campo de acción para el EPL, impulsado por su líder Xi Jinping. 

El EPL considera las operaciones de información (OI) específicas de la actividad militar como un medio para lograr el dominio de la información en las primeras fases de un conflicto, y sigue ampliando el alcance y la frecuencia de las OI en los ejercicios de entrenamiento de sus tropas.

Adicionalmente, “La República Popular China representa una importante y persistente amenaza de ciber espionaje y ataque a los sistemas militares y de infraestructuras críticas”, determinó el informe de la Secretaría de Defensa de Estados Unidos en el informe “Acontecimientos militares y de seguridad que implican a la República Popular China 2020”.

Intentando con esos eventuales ataques “influir en la toma de decisiones y perturbar operaciones militares en las etapas iniciales de un conflicto, apuntando y explotando las debilidades percibidas de adversarios militarmente superiores”. 

Una de esas aplicaciones sería similar a la del catastrófico ciberataque sufrido por el oleoducto Colonial Pipeline que surte la costa este de Estados Unidos, que limitó drásticamente el año pasado la adquisición de gasolina en 17 estados, tanto para autos como para aviones, casi paralizando esa región del país.  

De hecho, son muchos más los proyectos polémicos en los que interviene el EPL, que seguramente se abordarán en escritos posteriores. Por ahora se mencionarán algunos más en lo que que ya no son otras naciones las que sirven de objetivo, sino el propio pueblo chino.   

La sustracción de órganos humanos y el EPL

Si bien los ejércitos suelen vincularse con misiones controvertidas y de resultados oscuros y dudosos, una de las acciones más rechazadas por todos los pueblos son aquellas en las que el cuerpo de seguridad especialmente entrenado y equipado para protegerlo se vuelve en su contra; siguiendo con el símil presentado inicialmente, esta representaría una de las cabezas más venenosas de la Hidra. 

Esa es una de las acusaciones que mancha al EPL de acuerdo con las investigaciones de diversos grupos independientes de investigación, que han descubierto una extensa red de tráfico de órganos humanos para la venta, en la que participan los hospitales militares del PCCh. 

Los crímenes de la sustracción forzada de órganos fueron denunciados inicialmente en 2006 por dos abogados canadienses, David Kilgour, ex secretario de estado de Asia Pacífico de Canadá y David Matas, abogado de derechos humanos mediante un extenso reporte titulado ‘Cosecha Sangrienta’.

Asimismo, el Tribunal de China, formado por abogados y médicos de diferentes partes del mundo, llegó a las mismas conclusiones en marzo de 2020. 

Las víctimas son principalmente practicantes de Falun Dafa, una disciplina milenaria de la Escuela Buda perseguida en China desde 1999, aunque reportes recientes indican que los uigures de la provincia de Xinjiang también son blanco de la sustracción de órganos.

Por otro lado, de acuerdo con los resultados de la investigación de los científicos Matthew Peter Robertson, Raymond L. Hinde, y Jacob Lavee, del 2019, los datos oficiales suministrados por el régimen chino sobre las donaciones voluntarias de órganos han sido gravemente manipulados. 

“Los datos de la Cruz Roja provincial presentaban varias anomalías, como tasas inverosímiles asociadas a los trasplantes e incoherencias con los informes de donación de los hospitales. Algunas de las anomalías implican fuertemente el uso significativo de donantes no voluntarios”, señalan los científicos tras analizar los datos minuciosamente. 

Y agregan: “Una de las consecuencias más preocupantes de la falsificación de datos y del uso continuado de órganos no voluntarios en los mecanismos oficiales de asignación es que se basa en la confianza, una confianza que nuestro análisis parece indicar que ha sido violada y que, por tanto, ya no está justificada”, concluyen los autores. 

No menos torturante para el pueblo chino resulta la represión y el genocidio del que muchos países y organizaciones internacionales acusan al PCCh, y que son ejecutados por el ejército, y otras instituciones administrativas o de seguridad. 

Tan solo citaremos de la extensa lista de atropellos cometidos por régimen comunista chino el despojo de las libertades democráticas de Hong Kong, al que llegó tras violar el tratado internacional que firmó con el Reino Unido y que había prometido garantizar. 

Tras reprimir violentamente a los ciudadanos que defendían sus derechos, y perseguirlos aún en el extranjero, generó un éxodo histórico el año pasado cuando casi 90.000 residentes abandonaron la ciudad.

Por otro lado, no menos escandalosos resultan los atropellos y violaciones a los derechos humanos contra las minorías raciales y religiosas como los uigures y los practicantes de Falun Dafa. 

Entidades internacionales calculan en millones a los uigures internados en campos de ‘reeducación’ en los que son explotados laboralmente. Además sus mujeres son obligadas a abortar y sus niños son apartados de su cultura, en maniobras que han sido calificadas por países como Estados Unidos, Reino Unido y Canadá como genocidio.  

La corrupción implacable

Continuando con otra analogía de la mitología griega podríamos tomar la de la espada de Damocles, que pende sobre la cabeza de los poderosos implicando que su suerte pende de un hilo; en el caso del ejército del régimen chino las amenazas no son menores, empezando en este caso por las que representan sus propios dirigentes.  

Una de ellas, y no menor, es la corrupción dentro de las filas del PCCH que socava sus sistemas de ataque y de defensa y refleja una práctica que acosa a los diferentes niveles de este tipo de sistema político no elegido por el pueblo, y que traspasa los linderos de la ética. 

Tan recientemente como el 25 de febrero, al menos 14 funcionarios chinos ubicados en 11 regiones del país fueron destituidos de sus cargos y algunos de ellos  condenados a prisión, incluyendo al antiguo vicepresidente del Comité Municipal de Hengyang 衡阳, Huang Baojin黄宝金, condenado a perpetuidad tras la acusación de aceptar sobornos por valor de 10,2 millones de dólares, informó oficialmente Beijing. 

Otro de los delitos cometidos por los funcionarios destituidos fueron participación en actividades de empleo ilegal e intermediación remunerada tras su jubilación, transferencia y ocultación de pruebas, abuso de la posición oficial para realizar transacciones de poder y dinero, causando importantes pérdidas económicas al Estado. También por “violación de disciplinas y leyes”. Algunos de los condenados fueron expulsados del PCCh. 

Ampliando el contexto, desde el 2013 más de 160 generales militares del régimen chino han sido investigados, según el Dr. Wang Youqun, ex supervisor de la Comisión Central de Disciplina del PCCh. 

Estos delitos se han registrado durante décadas y se extienden a todos los campos del régimen chino. Un informe realizado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en el 2014, describió que entre los 22.000 clientes con residencia en China y Hong Kong, y con inversiones en el extranjero figuraban los familiares de los principales líderes del PCCh. 

Más aún, Foreign Policy registra en un artículo del 2009 en el que observó la trayectoria de este fenómeno durante un período de 14 años: 

“Los funcionarios deshonestos corren hoy poco riesgo de ser castigados. En la década de 1990, una media de 140.000 funcionarios y miembros del partido se vieron envueltos en escándalos de corrupción, y el 5,6% de ellos fueron procesados penalmente”.

Y agrega: en 2004, 170.850 funcionarios y miembros del partido se vieron implicados, pero solo 4.915 (el 2,9%) fueron objeto de un proceso penal. La cultura de la impunidad oficial prospera en China”.

Impacto cultural a largo plazo

Tras desarrollar una gran civilización iluminada por la sabiduría emanada directamente de los dioses, la sociedad china se convirtió en faro cultural para el resto del mundo, que apreció y admiró las obras de arte en disciplinas como la pintura, la escultura, la música, la danza, la poesía y la literatura entre otras.

Asimismo, se destacaron logros científicos como la imprenta, la brújula y la pólvora, además de los profundos avances en astronomía. Todo ello sustentado en las profundas apreciaciones y recomendaciones de filósofos y emperadores que rigieron sus destinos durante milenios. 

No obstante, en cuestión de pocos años los aires revolucionarios que se levantaron a principios del siglo pasado iniciaron el derrumbe de la cultura clásica china y, más grave aún, la destrucción de la sabiduría, los principios y los valores altruistas que animaban el espíritu de esa nación. 

El nuevo régimen comunista impuesto por la violencia de las armas, copiado de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS, por la sigla), y luego reforzado por la represión de la Revolución Cultural inició la destrucción sistemática de todo lo construido por la cultura clásica china, abriendo para su nación un oscuro ambiente reñido con los valores éticos.

Si bien es cierto que la seguridad nacional de todos los países impone los más altos estándares para garantizar la estabilidad y el progreso de las naciones, cada vez se hace más frecuente que algunos gobiernos excedan los límites impuestos por la constitución y las leyes y el PCCh los supera a todos usando los largos tentáculos de los que ha dotado a su polémico ejército. 

José Hermosa –Redacción BLes

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