Redacción BLesLas expresiones artísticas sobresalientes en todas las culturas a lo largo de los tiempos tienen un sello inconfundible que las caracteriza como clásicas, el máximo nivel al que las eleva la evidente exquisitez con la que las dotó el artista y que las convierte en modelos dignos de ser emulados y preservados. 

China, en especial, ha albergado un inmenso tesoro integrado por la gran cantidad de obras artísticas que dejaron tras de sí innumerables maestros, dedicados a cada una de las disciplinas a través de las cuales plasmaron su percepción de aspectos de la vida y la naturaleza.

A ellas infundieron el mensaje inspirador y mágico, que querían compartir con sus futuros espectadores, basados en los dictados de los dioses. 

Por su parte, la autora Iona Maccombie Smith, lo expresa así: “Al observar, contemplar y admirar una obra de arte, el espectador puede sentir los valores internos del artista. Por lo tanto, una obra de arte no es simplemente algo que marca un logro, sino una contribución de los más maravillosos valores a la comunidad: promover la bondad y la paz interior, y ayudar a los demás a prosperar”.

Asimismo, agrega: “Si la mente de un artista no es pura, su obra es solo un escaparate técnico. Ya no es una obra de arte. Este es el arte que debe ser más honrado y respetado por la humanidad”.

Cuando esa capacidad e inspiración se aplicaron a la madera como medio de expresión artística se crearon obras de admirable delicadeza y perfección, que trascienden el plano de lo ordinario y producen bienestar al contemplarlas solamente, materializando la ofrenda del autor a la divinidad y a la comunidad.

Tras una ardua y delicada labor, el autor relata las historias que cada pieza de madera guarda en su interior. Los juegos de luces y sombras que se originan cambian el matiz de lo contado por la obra, añadiendo un encanto que difícilmente se pueda apreciar en otros productos artísticos.

El aprecio por tan bellas obras de arte fue tanta que la excelencia lograda por los más destacados artesanos en la sociedad clásica china, les permitió ser honrados con la ubicación social en altos niveles de la corte imperial, siendo justamente los talladores los miembros más encumbrados de ese gremio.  

El entorno favorable propiciado por la cercanía de los maestros de las artes plásticas a la cultivación interior y a las divinidades enriqueció la cultura de la China clásica. 

El desarrollo de la talla clásica de madera

Los registros históricos demuestran que la talla de madera ya existía en la dinastía Shang (alrededor de 1600-1100 a.C.), sin que se pueda precisar su origen histórico. Uno de los artistas más deslumbrantes fue Lu Ban, a quien se ha distinguido como el padre de la carpintería.

Con respecto a la perfección de sus obras se relata que  talló un pájaro de madera capaz de volar en el cielo durante tres días. Lu Ban, fue notable como carpintero, ingeniero, arquitecto y estratega del siglo V a. C.

Si bien dentro del palacio imperial se generaban las más impresionantes obras de talla en madera, fuera de él también se desarrollaron talleres privados importantes gracias al mecenazgo de la alta burguesía literaria y los ricos empresarios. Así se llevó a las artes de la talla a una finura y sofisticación sin precedentes.

Se dice que los monjes de la antigüedad alcanzaron tal afinidad con los materiales, a los que consideraban vivos y dotados de cierto tipo de conciencia, que una vez terminadas sus obras, estas se animaban, de tal manera que si se trataba de la talla de un dragón, en cuanto daban el toque final a los ojos, este salía volando.

En general se elegían como temas las estatuas o figuras de Buda, linternas de dragón, estelas, biombos, decoraciones y otros adornos de templos, palacios y hogares de personajes relevantes de las respectivas cortes imperiales, además de escenas épicas o bucólicas, y muebles especiales. 

Actualmente, el procedimiento empleado se inicia diseñando un boceto; a continuación, el artista utiliza arcilla para esculpir el modelo, y luego selecciona la madera más adecuada para su proyecto.

Siguiendo con su obra, comienza la talla que es el proceso más delicado y exigente y finalmente  pule y encera la obra completa. Las tallas en madera surgen separando las porciones de madera que empañan las formas que el diseñador de la obra percibe como pugnando por manifestarse, para lo cual emplea afiladas herramientas metálicas con filos rectos o con diferentes tipos de curvaturas, longitudes, y ángulos.

Las herramientas usadas son básicas, entre ellas un martillo de barro, una repisa para esculpir, una caja de escultura de arcilla, un calibrador o herramienta para medir, raspadores y varios tipos de elementos cortantes de filo angosto.

El encanto de la madera

La madera en sí misma aporta a las tallas características únicas y las cualidades que describe la tradición cultural clásica china le añaden significado y valor; para empezar, la madera constituye uno de los cinco elementos fundamentales que se manifiestan en el universo, y se considera que entre ellos ocurren las interacciones esenciales que estructuran este espacio dimensional terrestre.

La tradición que describe las interacciones esenciales de  los cinco elementos afirma que el mundo cambia según las relaciones generadoras o superadoras de estos. Generar y superar son los procesos complementarios, el yin y el yang, de la acción de los cinco elementos.

La belleza de la amplia gama de maderas existentes conforman el variado abanico de posibilidades con los que cuentan los talladores, similares a las paletas de colores utilizadas por los pintores; asimismo, es de considerar que se prefiere utilizar los troncos de árboles que ya se han caído naturalmente, cuyas fibras maduras presentarán la mayor estabilidad a la creación artística.

Tallar en madera implicaba que el maestro de este arte conocía bien las propiedades físicas y mecánicas de cada una de las especies forestales, aptas para ser transformadas en bellas y exquisitas obras portadoras de un mensaje superior.

Es conocido que el comportamiento de las fibras de cada especie está determinado por su peso específico, la humedad que contienen, y sus coeficientes de contracción e hinchamiento; también influyen la capacidad de contracción, su resistencia a la tracción, a la flexión, y su dureza; también exhiben otras propiedades inherentes a este elemento de la naturaleza.

Además de los parámetros citados anteriormente, que son en gran medida mensurables, coexisten aspectos tales como la densidad del grano, las intrincadas variaciones de las vetas, los colores que oscilan entre el negro absoluto y el blanco puro, extremos entre los que se presenta un amplio rango de matices y tonalidades de sutiles variaciones. 

Complementariamente, suelen presentarse aceites esenciales, algunos de los cuales parecen ser inagotables mientras confieren un admirable brillo que transita de tenue a intenso, y una insólita suavidad al tacto. 

Aparte de estos atributos físicos, la tradición cultural clásica de los países orientales considera en la madera aspectos un poco más etéreos para la percepción de una persona típica de la cultura occidental. 

A lo largo de los milenios, la sabiduría de sus guías espirituales y líderes determinó, en el marco de las prescripciones taoístas relativas a la ocupación consciente y armónica del espacio, con el fin de lograr una influencia positiva sobre las personas que lo ocupan, que para al elemento madera corresponden una serie de atributos de otro nivel. 

En cuanto a estos atributos, los sabios concluyeron que el elemento madera armonizaba con el Este como dirección, la primavera como estación, el clima acompañado de fuertes vientos, el color verde y el rectángulo como forma. 

A su vez, de acuerdo con el avanzado conocimiento de los astros que desentrañaron los chinos de la antigüedad, la madera representaba la creatividad, el lujo, y el florecimiento. Adicionalmente, se vinculaba a un determinado planeta, una criatura celestial, un tallo celestial y una virtud.  No menos importantes eran las implicaciones de la madera en la práctica médica, en cuyo campo se la vinculaba al sabor agrio y los ojos como órganos sensoriales.

Con todo este amplio compendio de saberes relacionados con la madera como uno de los multifacéticos elementos originales, resultaba inimaginable que un artista de la talla en madera descuidara la pureza y dedicación requeridas para dotar de sus obras de la perfección requerida para subir al podio de las obras clásicas, dignas de ser emuladas y preservadas

Por otro lado, es de reconocer que la talla también se practicaba, además de la madera, en otros materiales disponibles en la naturaleza, tan diversos como el jade, la piedra, el bambú, el marfil, el cuerno, el hueso y las semillas de árboles adecuadas para este arte. Por eso, las posibilidades y variaciones que podrían imprimirse en una obra determinada resultan muy numerosas.

Es de notar que en la corte de los emperadores pertenecientes a la dinastía Qing [221–206 a.C.], se destacan las especialidades únicas de los artesanos de marfil de Cantón especializados en crear cadenas enlazadas, patrones “vivos”, tejidos de hilo muy fino y la bola concéntrica en capas, por las que se  les otorgó la denominación de “hazaña celestial (仙工)”

Impacto de la talla china en Asia

Un resurgimiento sin igual [del arte de la talla en madera] se originó principalmente durante las dinastías Tang (618–907) y Song (960–1279) cuando el esplendor de la nación se extendió en regiones tan amplias como el noreste, el centro y el sureste de Asia, influyendo positivamente en naciones como Corea, y Vietnam”.

Durante la dinastía Tang (618-907), el arte de la talla de madera experimentó un notable desarrollo, impulsado en cierta medida por la predilección de la ópera de marionetas, para la que se requería tallar y decorar a los personajes en escena.

Resulta pertinente describir algunas de las características de esta dinastía, dado que su “sociedad era liberal y en gran medida tolerante con las opiniones e ideas ajenas; de hecho, la familia real de Tang, apellidada Li, era de origen no chino Han (tal vez originaria de una zona de habla turca de Asia Central), y los líderes del gobierno procedían de muchas partes de la región”.

Y agrega: “El gobierno era poderoso, pero no opresivo; se fomentaba la educación, y se recompensaba a los más hábiles y eruditos. Unos pocos acumularon grandes riquezas, pero los gobernantes Tang se encargaron de redistribuir las tierras y de que todos tuvieran alguna oportunidad de progreso material”.

Además: “Esta fue también una época cuando muchas mujeres alcanzaron un mayor estatus en la corte, y un mayor grado de libertad en la sociedad”, tal como describe la obra “China: Las gloriosas Dinastías Tang y Song”, del Museo de Arte Asiático, para su programa educativo. 

Simultáneamente, los artistas de la dinastía Tang incorporaron en sus manifestaciones influencias adoptadas de la India, Persia y Grecia, que enriquecieron con nuevos matices una cultura milenaria ya magnífica por sí misma. 

Es de tener en cuenta que las artes de la talla y la escultura están íntimamente vinculadas, dado que requieren procedimientos y técnicas similares de sus creadores. Asimismo, toda la cultura del gran país oriental fue profundamente influida por el budismo, tal como lo reseña la autora Iona McCombie Smith, al referirse al propósito del arte.

“En Oriente, las esculturas más elaboradas y monumentales se encuentran en las Grutas de Longmen, que contienen más de 100.000 estatuas de Buda. Se extiende por 2.345 cuevas y contiene 43 templos adornados con más de 2.800 inscripciones”, menciona Smith. 

Y agrega: “En la cima de la Colina de la Longevidad, en el Palacio de Verano, hay 1.000 estatuas de Buda talladas en jade, y el Buda Gigante de Leshan -la estatua de piedra de Buda más alta- está situado en la montaña de Leshan”.

Para continuar expresando: “En todo el mundo, los logros artísticos y arquitectónicos más extraordinarios se encuentran en los templos colgantes de las Cinco Grandes Montañas de China, los antiguos templos de la India y Tailandia, y las mezquitas islámicas de Oriente Medio. Todo ello fue diseñado en reconocimiento a los dioses”.

Igualmente, enfatiza en los valores espirituales que han de servir de base para todas las actuaciones que desarrollan los artistas, y que los capacitan para “conectar a la humanidad con los dioses”.   

“Si el arte está concebido para servir a la sociedad de la que procede y está hecho para destacar la integridad y la honestidad, el artista debería volver a las creencias espirituales tradicionales y a las enseñanzas de los dioses”, manifestó Smith.

Y agregó: “Debe ser convocado desde la esencia ética original de la cultura; aquella que conecta a la humanidad con los dioses. Una obra de arte perfecta debe esforzarse por elevar a las personas desde el interior y acercarlas al Cielo”.

Situación actual del arte en China

Dado que durante los últimos cien años el Partido Comunista de China (PCCh) tomó el poder del país, y que se construyó sobre el ateísmo, inició y mantiene una feroz campaña para que los ciudadanos dejen de creer en los dioses y abandonen sus enseñanzas, erosionando la moral humana. 

Al institucionalizar la llamada “Revolución Cultural” entre 1966 y 1976 en China, promovió una década de terror en la que se persiguió, torturó y asesinó a millones de chinos. Los jóvenes eran adoctrinados para que se vincularan a la erradicación de la riqueza cultural cultivada durante milenios.

Asimismo, se proclamó el ateísmo y con ello la difamación a las personas que cultivaban la fe en las religiones y en las antiguas tradiciones espirituales que fundamentaban la cultura milenaria del país oriental.

Más aún, la destrucción no ha cesado desde entonces, grandes monumentos únicos han sido derribados, al igual que monasterios e iglesias milenarias. Más recientemente, el pastor chino-estadounidense, Bob Fu, advirtió sobre lo que él llama “Nueva Revolución Cultural”, a través de su cuenta de Twitter.

En el primero de los tuits, con fecha 25 de junio de 2021, señaló que el PCCh está exigiendo a los padres y profesores de alumnos de primer grado que cacen todos los libros religiosos, antagónicos y extranjeros.

En el segundo de los tuits expone cómo “la iglesia de las tres autonomías” que está controlada por el PCCh canta “Sin el Partido Comunista, no habría una nueva China” mientras los coristas ondean una bandera comunista en el púlpito. Esta iglesia es una organización protestante auspiciada por el PCCH, creada en China. 

El PCCh también persigue a los ciudadanos que profesan sus antiguas tradiciones espirituales, como a los practicantes de Falun Dafa, los cristianos, y los musulmanes, configurando una de las amenazas que atentan contra las artes plásticas y la autenticidad del mensaje que sería transmitido por talladores, basados en los dictados de los dioses. 

El “respeto por el Cielo” sobre el que se ha construido la cultura clásica china durante milenios, constituye el núcleo de la sabiduría legada directamente por los dioses, y es de temer que pierda su esencia curativa al ser obligada a alejarse de ellos, tal como lo obliga el PCCh. 

No obstante, parte de las preciosas obras de arte que enaltecen la cultura clásica china se han rescatado y preservados en museos en el extranjero, en especial en el Museo Nacional del Palacio, situado en Taipei, Taiwán, que es considerado como uno de los cinco museos más famosos del mundo, y alberga obras de arte de casi todas las épocas de los cinco mil años de historia de China.

El edificio del museo está construido al estilo de los palacios de Pekín, y preserva más de 650.000 obras de arte. Instituciones como esta y varias más que atesoran las tradiciones culturales clásicas en el extranjero presentan testimonio de que esa perfección es posible, y mantienen vivo el principio de que esencialmente son inspiradas en lo divino. 

José Hermosa–Redacción BLes

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