William Burns, el entonces director del instituto que recibió los fondos, hoy es el director de la CIA, designado por Joe Biden.

Una de las muchas maniobras que usan regímenes autoritarios para garantizar el poder y la permanencia es controlar el sistema educativo. Eso se traduce en seguidores fieles desde la infancia y con conocimientos tan limitados que ven en su líder y su ideología el único ejemplo a seguir. La fórmula se ha aplicado históricamente desde el norte de África hasta América Latina.

En tiempos modernos, podríamos mencionar a la China dominada por Xi Jinping. A través de un cuidadoso plan de adoctrinamiento, el Partido Comunista de China (PCCh) educa a niños y jóvenes que luego forman parte de sus filas. Una vez que son profesionales, logran puestos en grandes empresas, incluso trasnacionales. Así se amplía el círculo de influencia y de recolección de información.

La introducción es necesaria porque con el paso del tiempo se hace evidente mayor participación del PCCh en otros escenarios fuera de China. En este caso, uno de los principales ejemplos es Estados Unidos. No solo se ha comprobado la filtración en universidades y empresas. Esta vez un informe revela que el Departamento de Defensa financiaba investigaciones nucleares de dos personas educadas en las filas del comunismo chino y antiguos empleados de ese gobierno.

Sus nombres son Li Bin y Zhao Tong, becarios del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, un think thank global con sede principal en Washington DC que recibió subvenciones de la agencia gubernamental, indicó en exclusiva Daily Caller. El primero de ellos fue previamente identificado dentro de un grupo de 20 miembros del PCCh que habría contratado William Burns, expresidente del Fondo Carnegie (desde febrero de 2015 hasta noviembre de 2021) y actual director de la CIA designado por el presidente Joe Biden.

Detrás de las subvenciones federales

El instituto también tiene sede en Pekín, pero ninguno de los 20 perfiles en el sitio web oficial señalan nexo alguno con el PCCh. Tampoco parece casualidad que el año 2020, bajo el mandato de Donald Trump, el entonces director de la CIA, Christopher Wray, advirtiera que el comunismo chino buscaba interferir en el Congreso, en la opinión pública y, en general, en la sociedad estadounidense.

«La mayor amenaza a largo plazo para la información y la propiedad intelectual de nuestra nación, y para nuestra vitalidad económica, es la amenaza de contrainteligencia y espionaje económico de China».

Teniendo esa advertencia como precedente, ocurre este nuevo hallazgo de las conexiones del comunismo chino con investigaciones nucleares. Tal nivel de intromisión ya está siendo tildado como «caricaturesco», según declaraciones del analista geopolítico Brandon Weichert a Daily Caller News Foundation (DCNF).

La investigación agregó que bajo la presidencia de William Burns en el Fondo Carnegie, ese grupo llevó a cabo una «conferencia de política nuclear» financiada con una subvención del Departamento de Defensa por 75000 dólares. La cifra en torno a las investigaciones habría llegado casi a los 400.000 dólares.

En el expediente de Li Bin figura que trabajó en la oficina de Asuntos Exteriores de China y basó su tesis de la Universidad Tsinghua, Pekín, en el «control de poderosas armas láser para defensa antimisiles y anti satélites».

Preocupación por arsenal nuclear

A veces no es necesario que simpatizantes del comunismo chino hayan nacido en el gigante asiático. Profesionales de otras nacionalidades también son captados por el Programa de los Mil Talentos. Un formato creado para reclutar personas con acceso o conocimiento de tecnología extranjera. El científico Meyya Meyyappan, antiguo empleado de la NASA, representó uno de los casos más llamativos.

Pero al hablar de investigaciones nucleares con participación del comunismo chino, el tema se torna más preocupante. De por sí, en noviembre del año pasado EE. UU. admitió que para 2030 China tendría 1000 ojivas nucleares y no 200 como había estimado en 2020.

La proyección aún marca un largo trecho con las 3750 ojivas nucleares propiedad de EE. UU., pero lo que llama la atención del Pentágono no es la cifra de China, sino la rapidez con la que se está armando. Esto lleva a pensar ¿Habrá tomado China de alguna manera conocimientos estadounidense para aumentar su arsenal? La respuesta será una incógnita hasta que no surja una investigación al respecto.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

Suscríbete para recibir nuestras últimas noticias

Al enviar este formulario, acepto los términos.