En China, el número de muertes que cobra el coronavirus aumenta continuamente. Cada vez más personas se infectan diariamente en la ciudad de Wuhan, donde el virus estalló por primera vez. 

Los médicos y paramédicos están llegando a sus límites físicos y se están quedando sin máscaras protectoras y otros equipos médicos. China es un país en estado de emergencia: gente en cuarentena, escuelas y universidades cerradas. China ahora necesita apoyo internacional y solidaridad.

En cambio, aquí en Estados Unidos y en otros lugares vemos lo contrario: los comentarios racistas dirigidos a personas de tez asiática oriental están en aumento, tanto en las redes sociales como en las calles. 

En el metro, aquí en la ciudad de Nueva York, escuché hace poco a un pasajero que le explicaba a su compañera que “los chinos comen ratas” y que esta era la única razón por la que estaban afectados por el virus. Esto fue “superado” con una referencia a las personas en África que, según ese pasajero, tenían hábitos similares.

¿Estima solamente basada en valores del mercado?

En tiempos de confrontación económica y política con la República Popular China, es, por lo tanto, aún más necesario recordarles a todos que estamos hablando de otros seres humanos que están bajo la plaga de una epidemia grave. En estos días, la gente de Wuhan merece nuestra compasión humana. Cuando invocamos regulaciones internacionales a las que China debe adherirse, ¿realmente nos referimos únicamente al comercio basado en reglas? ¿Se basa nuestra estima por China solo en el valor de sus mercados, donde podemos vender nuestros productos, y eso es todo? Promocionamos nuestros valores occidentales con mucha frecuencia: ¿no es acaso la empatía uno de ellos?

¿O queremos darle al pueblo de China una cucharada de la misma medicina utilizada por los gobernantes comunistas para atormentar tanto a su propio pueblo como a los países vecinos? ¿Acosa la República Popular a su vecino Taiwán y bloquea su acceso a la Organización Mundial de la Salud, aunque las personas en la isla fueron contaminadas por los viajeros de Wuhan? Un denunciante de la República Popular ha filtrado cientos de páginas al New York Times que revelan que el presidente Xi y su élite gobernante están pidiendo “absolutamente ninguna piedad” hacia la gente en Xinjiang.

En la provincia noroccidental de China, hasta un millón de personas de la minoría étnica uigur, mayoritariamente musulmana, son detenidas en campos de “reeducación” con el objetivo de disuadirlas de su cultura y religión. ¿Queremos mostrar la misma falta de compasión que muestra el liderazgo chino hacia los uigures? ¿O queremos mostrar una genuina y profundamente humana empatía hacia las personas que están muriendo en Wuhan?

Las sociedades afectadas por el virus corren el riesgo de quedarse sedadas, paralizadas e incapaces de tomar medidas. Ahora depende de quienes no comparten esa siniestra visión del mundo promover la solidaridad con Wuhan y el pueblo de China.

Alexander Görlach es miembro superior del Carnegie Council para la Ética en Asuntos Internacionales e investigador asociado senior en el Instituto de Cambridge de Religión y Estudios Internacionales. También ha ocupado varios puestos académicos y de asesoramiento en la Universidad de Harvard. Tiene un doctorado en religión y lingüística comparadas, y es columnista invitado para varios medios.

Con información de DW

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Categorías: China Mundo

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