La propuesta que nació en laboratorios chinos puede atacar a objetivos a 3000 kilómetros de distancia, y así derrotar al enemigo al dejarlo totalmente incomunicado, sin que este se enteré que recibirá dicho ataque y sin provocar bajas. Un arma que raya en la ficción

No basta con drones militares avanzados, con tener la mayor fuerza naval del mundo y armas capaces de cruzar de un continente a otro. Las ambiciones de China van más allá. Por eso, desde laboratorios de ese país nació la propuesta de crear un arma hipersónica que podría «quemar» sistemas de telecomunicaciones a 3000 kilómetros de distancia.

El mundo no la verá en acción, al menos por ahora, porque está en etapa conceptual, según un reporte de South China Morning Post. Aún así, los científicos que la proponen dicen que «jugará un papel fundamental» en los sistemas de armas de la próxima generación de China. El enemigo quedará sin posibilidad de comunicarse, derrotado y sin bajas de ambas partes.

Parece un arma al puro estilo de las películas de ficción. Podrá generar un pulso electromagnético intenso capaz «de eliminar las líneas de comunicación y suministro de energía» y su recorrido solo durará 25 minutos. El científico de ingeniería Sun Zheng y sus coinvestigadores de la Academia China explicaron que las primera armas de pulso electromagnético (PEM) requerían una ojiva nuclear para generar la energía del pulso.

¿Otra ventaja? El enemigo no sabría que está en camino gracias a un técnico y complejo proceso de convertir el calor ambiental en electricidad. Esto demuestra que en China las ideas bélicas siguen surgiendo en las mentes de sus científicos. Un peligro latente, considerando las intenciones expansionistas del régimen comunista, que buscando mostrar su lado «bondadoso» poniendo en marcha toda una campaña de propaganda. Detrás de eso, la historia es otra.

Competencia entre tres potencias

Aunque la capacidad de «quemar» sistemas de telecomunicaciones es nueva, no es la primera vez que se habla de armas con capacidad hipersónica. En 2018 ya era claro que China, Rusia y Estados Unidos estaban compitiendo. Por ejemplo, en agosto de ese año, el régimen de Xi Jinping probó con éxito el Starry Sky-2, un avión que voló, según las autoridades de Pekín, a 7344 kilómetros por hora. Es decir, seis veces la velocidad del sonido. De acuerdo con BBC, necesitaría menos de dos horas para darle una vuelta completa al Ecuador.

Rusia anunció por aquella fecha que tendría listo el Avangard, un sistema de misiles con velocidad hipersónica de 24140 kilómetros por hora. En Estados Unidos, la Agencia de Defensa de Misiles solicitó 120 millones de dólares en el presupuesto para 2019, con el fin de desarrollar defensas de misiles hipersónicos.

Para entender por qué es preocupante, hay que mencionar que los misiles tradicionales intercontinentales siguen un itinerario predeterminado que permite anticipar su punto de intercepción. Con un arma hipersónica eso cambia. “Es la evolución tecnológica más importante desde el avión furtivo. Con la furtividad, la promesa era ser invisible para los radares, con la velocidad hipersónica, incluso si a uno lo ven, no hay mucho que se pueda hacer”, explicó hace tres años Mark Lewis, director en la Asociación Industrial de Defensa Nacional de EE. UU.

¿Cuál es el fin de China?

La gran pregunta es hasta dónde pretende llegar China. Un país que durante los últimos años ha tejido redes en África y Europa con inversiones multimillonarias a cambio de la simpatía de muchos gobiernos, que ven impulsadas sus economías.

América Latina y el Caribe no han sido la excepción. Cuba, Venezuela, Perú y Panamá se convirtieron en socios y prestamista del régimen y, por lo tanto, del Partido Comunista chino. Por su parte, Estados Unidos mantiene la posición de hacerle frente por los ciberataques originados en el gigante asiático o por el asedio en la región Indo-Pacífico, aunque bajo al Administración demócrata actual se han evidenciado debilidades.

Si es cierto lo que afirma el medio chino, esta arma hipersónica aún no está desarrollada, pero es una idea «factible» porque parte de la tecnología necesaria ya está en uso. Depende de la respuesta en bloque de varias potencias occidentales poder frenar el avance chino.

Oriana Rivas – Panam Post

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