Redacción BLesEl veloz desarrollo tecnológico que experimenta la Inteligencia Artificial (IA) actualmente en el mundo da lugar a que acerquen cada vez más los planes de control social total que hasta hace poco resultaban impensables, tal como ya lo está haciendo el régimen chino, que  pretende aplicarlo sobre los 1.400 millones de habitantes de la gran nación oriental. 

En este punto, es importante echar un vistazo al elemento tecnológico esencial que capacita a los seres humanos para trascender fronteras digitales desconocidas y por lo mismo, riesgosas, se trata del microchip. 

El microchip es un dispositivo electrónico fabricado de material semiconductor, generalmente fabricado con base en el silicio, el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre después del oxígeno. 

En él se condensa un circuito integrado que conecta los transistores que permiten interactuar armónicamente a los componentes de un artefacto electrónico determinado para que este, finalmente, cumpla con los objetivos para los cuales fue diseñado.  

Desde la invención del transistor en 1947 por los científicos estadounidenses John Bardeen, Walter Houser Brattain y William Bradford Shockley, se ha reducido su tamaño hasta hacer que quepan hasta 9 millones de ellos en cada mm2 del microchip que los contiene. 

De hecho, la unidad de medida utilizada ya ni siquiera es el milímetro, sino que es el nanómetro, equivalente a una  mil millonésima parte de un metro. El estado actual de la técnica es de 5 nanómetros, lo que los hace más pequeños que un virus. El límite de tamaño establecido hasta ahora es el de un átomo, y se cree que no será posible trascender esa frontera. 

La disminución del tamaño de los transistores permite integrar millones de ellos con objetivos específicos, y su fabricación ha avanzado de tal manera que tan solo basta con imprimirlos, obviamente, mediante procedimientos muy especializados. 

De este modo, los costos de producción de estos elementos se han elevado a un ritmo sin precedentes, al extremo de que durante los últimos 20 años, de las 25 compañías fabricantes que quedaban únicamente resistieron la presión económica, 3 de ellas, las demás desaparecieron. 

Estos resultados, lógicamente, involucran serias implicaciones geopolíticas, dado que la producción de microchips se ha convertido en el mayor punto de estrangulamiento económico mundial, y las interacciones internacionales generadas alrededor del dominio de su producción es de tal magnitud que el resultado final podría reservar sorpresas inesperadas para el mundo. 

El sistema de control social del PCCh

Si bien los deslumbrantes avances tecnológicos basados en la IA apoyan a las diversas ramas de la producción industrial mundial, el Partido Comunista de China (PCCh) los ha convertido también en la base de un exhaustivo sistema de control social que atenta contra los derechos básicos de sus ciudadanos.

El PCCh inició en el 2014, con base en las recomendaciones del Consejo de Estado, la implementación de un sofisticado sistema de clasificación que vigilará el comportamiento de su enorme población, y que busca ubicar el estatus social de cada uno de sus miembros en función del puntaje obtenido, de acuerdo con las regulaciones que designa con el nombre de sistema de crédito social. 

Este control se planteó formalmente en 2011 y fue anunciado por el entonces primer ministro Wen Jiabao, si bien en sus inicios se planteó solo para vigilar la credibilidad crediticia, que aún sigue teniendo fuertes deficiencias en el sector financiero chino. 

“La falta de solvencia en la sociedad sigue siendo bastante prominente. A pesar de estar prohibidos, el fraude comercial, la falsificación y la venta [de productos falsos], la elaboración de informes falsos y las reclamaciones falsas, y la mala conducta académica siguen teniendo lugar, y la gente está muy insatisfecha”, dijo Wen tras una reunión del Consejo de Estado en octubre de 2011.

El sistema de crédito social es “un componente importante del sistema de economía de mercado socialista y del sistema de gobernanza social” y pretende reforzar la idea de que “mantener la confianza es glorioso y romper la confianza es vergonzoso”, según un documento del régimen chino de 2015, citado por Business Insider. 

Es de notar que no aparece en esta cita una alusión al bienestar de los ciudadanos, ni a que sean su ennoblecimiento ni el cultivo de los valores humanos los que motiven la gigantesca inversión implicada en la descomunal empresa, sino, la economía, el socialismo y la gobernanza. Adicionalmente, se implica que la cualidad que estará bajo la lupa del PCCh sería la “confianza”.

Básicamente, la palabra “confianza “involucra la cualidad propia de quienes tienen total seguridad de algo o en alguien, pero resulta contradictorio que surja espontánea y sinceramente del corazón de personas presionadas por un sistema de vigilancia exhaustivo, que rastrea durante las 24 horas del día cada uno de los movimientos de aquellos que se supone que “confían” en las intenciones y en  los cerebros anónimos de quienes manipulan el complejo sistema de control.

De las breves palabras que se toman como referencia del polémico sistema de crédito social, se desprenden los dos extremos entre los cuales el PCCh pretende ubicar a los pobladores chinos, dependiendo del porcentaje de “gloria” o de “vergüenza” con la que sean cubiertos de acuerdo con los puntajes asignados por los censores del régimen. 

En principio, son miembros del equipo de planificación económica de China, de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (CNDR), del Banco Popular de China y del sistema judicial chino, quienes determinan los parámetros que determinan quienes serán considerados buenos o malos ciudadanos, según cita el South China Morning Post.

Generalmente, los datos son suministrados por  fuentes tradicionales, tales como  los registros financieros, y los que imparten los juzgados penales y las diversas entidades gubernamentales. También se admiten datos  entregados por bases de terceros, como las plataformas de crédito en línea.

Para ajustar más el círculo que vigila a los ciudadanos, en el sistema de crédito social participan las empresas, las que además de presentar los registro de sus propias operaciones, deben entregar información sobre sus socios y proveedores a las autoridades locales y nacionales. Aparte, estas institucionalizan sistema de puntuación para clasificar a sus propios empleados. 

El conjunto de evaluaciones influye directamente en la puntuación de crédito de las empresas, por lo que estas también deben cuidarse del mal comportamiento, la baja fiabilidad y las calificaciones de los proveedores y los clientes con los que se relacionan.

El impacto en la vida diaria de los ciudadanos  

Vale la pena recordar aquí que la gran civilización china clásica se desarrolló durante sus más de 5.000 años de historia siguiendo las pautas señaladas por los dioses, de acuerdo con las referencias documentadas históricamente. 

Durante los últimos cien años, los principios rectores que fundamentan ese crecimiento cultural único en el mundo fueron sacudidos y derribados desde los cimientos por la aparición del régimen comunista, que a partir de entonces ha demolido cada una de sus manifestaciones. 

Así, en la vida diaria de un ciudadano chino, el sistema de crédito social del PCCh pasó a constituir un conjunto de bases de datos que supervisan y evalúan arbitrariamente la “fiabilidad” de cada uno de los habitantes. 

A cada entrada de datos que se efectúe a su nombre se le asigna una puntuación de crédito social, y dependiendo del historial, este se traduce en recompensas para los que tienen una calificación alta y en castigos para los que tienen una puntuación baja.

“Una buena calificación puede ofrecer atención sanitaria prioritaria o el alquiler de viviendas públicas sin depósito, mientras que una calificación negativa puede suponer la prohibición de viajar en avión o en tren”, explica la autora Amanda Lee. A largo plazo, quienes registren un bajo umbral de “credibilidad” quedarán prácticamente inmovilizados en su medio social. 

Así lo expresó el primer ministro Li Keqiang en un discurso en 2018 al decir: “Aquellos que pierdan la credibilidad tendrán dificultades para dar un pequeño paso en la sociedad”. 

De hecho, quienes sean considerados poco fiables enfrentarían restricciones que afectan a los préstamos, los viajes en avión o en tren, y la educación.

Una evaluación de cómo avanza la aplicación del sistema de crédito social en China señala que la mayor tendencia del régimen chino es la de exigir a los habitantes y no la de retribuir o compartir, de acuerdo con un informe publicado por la Cámara de Comercio Europea en China en 2019, que manifiesta que el mecanismo de recompensa no está tan desarrollado como el elemento de sanción. 

En cierta medida, esta tendencia podría desvirtuar el equilibrio que se podría haber esperado del régimen chino con las palabras: “Mantener la confianza es glorioso y romper la confianza es vergonzoso”.

El mismo informe sostiene que las personas y empresas que sean calificadas como poco fiables sufrirán el escarnio social al ser  nombradas y avergonzadas públicamente. 

Otro aspecto que llama la atención es que los premios o castigos no son los mismo para todos los ciudadanos, dado que para los funcionarios del PCCh, las restricciones se pueden presentar, impidiéndoles comprar billetes por encima de la clase económica en vuelos, trenes y transbordadores. 

También se les puede prohibir a los funcionarios con baja calificación acumular grandes facturas en hoteles de lujo, clubes nocturnos y campos de golf, así como comprar o renovar propiedades.

Más aún, el Director adjunto de la CNDR, Lian Weiliang, señaló: “Los que hayan cometido delitos o infracciones graves no serán retirados de la lista negra… su historial de falta de confianza se mantendrá durante mucho tiempo de acuerdo con las leyes”.

En cuanto a la infraestructura instalada por el régimen chino, se sabe que avanza velozmente en la implementación de estos controles. En los últimos años, el PCCh ha gastado miles de millones de dólares en el desarrollo, la compra y la implementación de avances de vanguardia como el reconocimiento facial facilitado por la IA, y otros desarrollos digitales para añadir a su red de vigilancia ciudadana, según Fox News.

Actualmente, hay una cámara de vigilancia pública instalada por cada cuatro ciudadanos en China. Y se espera que las instalaciones aumenten durante el 2022 hasta los 567 millones de cámaras. 

Justamente, un alto porcentaje de estas cámaras son utilizadas por el régimen comunista chino para obtener los datos, que pasan a alimentar las grandes bases dedicadas a acumular los puntajes que se asignan a los ciudadanos por las acciones que ejecutan cada día.  

También, es de tener en cuenta que el impacto contra los derechos humanos de la población con el sistema de vigilancia es tal, que al PCCh se le ha acusado reiteradamente de mantener un implacable rastreo a millones de miembros de minorías étnicas y a los integrantes de grupos religiosos, al extremo de que varios países han calificado oficialmente la persecución de millones de ciudadanos de procedencia uigur como genocidio.

Por otro lado, la capacidad de producción de instrumental de vigilancia por parte de las grandes corporaciones vinculadas al PCCH es tan grande, que tan solo la empresa Hikvision se ha convertido en el peso pesado de esta industria a nivel global, y son más las compañías que participan en esta lucrativa actividad de exportación. 

“Con un generoso apoyo estatal en su país y ventas a bajo coste en el extranjero, se ha convertido en el peso pesado de la vigilancia mundial. Sus instalaciones pueden fabricar 260.000 cámaras diarias -dos por cada tres personas que nacen cada día-. En 2019, produjo casi una cuarta parte de las cámaras de vigilancia del mundo, con ventas en más de 150 países”, reportó el autor Jonathan Hillman.

¿Exporta el régimen chino su sistema de control social?

Si bien es difícil establecer si el PCCh ha establecido conexiones con gobiernos de otros países para transferir tecnología y procedimientos relacionados con su sistema de control social, hay ciertos indicadores que señalan una relación entre esa forma de vigilancia y las que se están replicando en otros países.  

Con respecto a la adaptación de este proceso de vigilancia de los ciudadanos en otros países, se ha hecho evidente en los últimos años que otros gobiernos observan con avidez los avance del PCCh en cuanto a sus controvertidos sistemas de control social, y algunos incluso empiezan a implementarlos en sus propios territorios. 

“Al menos setenta y cinco de los 176 países del mundo están utilizando activamente tecnologías de IA con fines de vigilancia. Esto incluye: plataformas de ciudades inteligentes/ciudades seguras (cincuenta y seis países), sistemas de reconocimiento facial (sesenta y cuatro países) y vigilancia policial inteligente (cincuenta y dos países)”, señaló en 2019, la organización Carnegie Endowment.org. 

Es de notar que en Estados Unidos “al menos siete estados han adoptado el reconocimiento facial para verificar la identidad de las personas que solicitan ayudas, como las prestaciones de desempleo”, reportó Wired hace 4 meses. 

Otros ejemplos los presenta la columnista de The Hill, Kristin Tate, quien comentó el año pasado sobre el uso que se estaba dando al sistema de crédito social en su país, si bien en este caso a cargo de las grandes empresas multinacionales que operan en él.

 En su escrito involucró a empresas como Facebook que “… está adoptando medidas similares [a las de otras grandes corporaciones], introduciendo recientemente mensajes que piden a los usuarios que delaten a sus amigos potencialmente ‘extremistas’…”, con aparentes fines políticos. 

Asume también estos hechos como riesgosos para los ciudadanos: “Trabajando en conjunto con las principales empresas tecnológicas, los ciudadanos no condenados por un delito podrían perder su capacidad de realizar cualquier tipo de negocio”.

Además, informa que: “La semana pasada, el gobierno británico anunció su propia versión de un sistema de crédito social sanitario”, en una secuencia de eventos que ya parece inevitable.

Más aún, extrapola lo que podría llegar a suceder en el año 2030 de seguir avanzando el ya extendido “sistema de crédito social”: “Teniendo en cuenta el crecimiento de los algoritmos y la dependencia de los gigantes tecnológicos, la capacidad de rastrear, censurar y eventualmente castigar a los ciudadanos de a pie será alucinante en 2030”.

Con respecto a Canadá, el autor y empresario de tecnología de Internet, David Sacks, se refirió a las protestas ocurridas en ese país a principios de 2022, en las que observó: “al propio gobierno canadiense dirigiendo las represalias”, al invocar la Ley de emergencias, en su artículo titulado: Llega a Canadá un sistema de crédito social. 

“Su ministro de Seguridad Pública, Marco Mendocino, declaró que esas medidas extraordinarias eran necesarias debido a ‘la intimidación, el acoso y las expresiones de odio’. Tal vez no se dé cuenta de que ninguno de estos motivos figura en la ley como razón válida para invocarla”, escribe Sacks. 

Perspectivas del sistema de crédito social en China

Volviendo a dos de las ideas que el PCCh presentó como base para impulsar el descomunal sistema de crédito social que instaura en China, según el documento del 2015 citado por Business Insider, convendría revisar brevemente cuánto parece haber avanzado en el logro de ellas, lo que podría permitir extrapolar sus perspectivas.

Por un lado, lo propuso inicialmente como un componente importante de la economía, plagada de fraude comercial, y  falsificación, no obstante, tras más de una década de implementación, el año pasado se evidenció uno de los mayores desastres económicos de la actividad financiera regida por el PCCh.  

El gigantesco conglomerado inmobiliario Evergrande incumplió varios de los pagos internacionales pactados, tuvo grandes pérdidas económicas y aún se halla al borde de la quiebra, dado que acumula una deuda por 300.000 millones de dólares, y aún no resuelve la crisis que le acosa. 

Este caso es tan solo la punta del iceberg que representa la inmensa crisis del sector financiero del régimen chino, y que amenaza con afectarlo gravemente, desvirtuando alguna eficacia del sistema de control social para promover la confianza en sus entidades comerciales, y por extensión, en el pueblo. 

La aparente indisciplina de los prestatarios e inversores en la excesiva adquisición de préstamos ha ido aumentando paulatinamente, así, la deuda total de las empresas, el gobierno y los hogares pasó del 270% de la producción económica anual en 2018 a casi el 300% en el 2021. Y esta es solo una de las múltiples falencias que se presentan en el desempeño del PCCh, que abarcan un complejo panorama nacional e internacional que amenaza con colapsarlo.

Por otro lado, el sistema de control social del PCCh se muestra como un instrumento refinado para instaurar el miedo y la represión que ha utilizado desde su creación, en el sentido que empleó la autora Emma Watson en octubre, opuesto por completo a la generación de la confianza que requiere la consolidación sana de una nación.

Por tanto, el anuncio de “Mantener la confianza es glorioso y romper la confianza es vergonzoso” que acompañó la difusión oficial del sistema de control social en el 2015, se aprecia alejado de la dura realidad por la que atraviesa el país. 

José Hermosa – Redacción BLes

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