Redacción BLes- La naturaleza fue siempre uno de los aspectos cósmicos  más venerados en la cultura clásica china, porque es el escenario de interacción de las fuerzas que rigen la relación del Cielo, la Tierra, y el ser humano, y, también, es fuente del sustento y la estabilidad social.

En este sentido, la civilización china cuidó de ella y obtuvo los frutos deseados  durante milenios, pero la disrupción que implantó Beijing en el delicado equilibrio de la naturaleza implica un alto riesgo para el sustento del pueblo y para la economía del enorme país asiático, y finalmente para su permanencia.  

La propiedad de la tierra en China

Si bien el régimen chino motivó a muchos agricultores en sus primeros años de instauración, desde 1949, expropiando a cerca de dos millones de terratenientes para distribuir sus propiedades entre ellos, este movimiento duró muy poco.

A continuación, el sistema obligó a los campesinos a asociarse y a trabajar en colectivos estatales, convirtiendo la expropiación de la tierra en una política innegociable.

Desde entonces, esta política conduce a un estancamiento generalizado. Uno de los efectos se aprecia en el hecho de que  en los 40 años transcurridos entre 1978 y 2018, los ingresos urbanos casi triplicaron los de los residentes rurales. 

Es de considerar que en 2014, el gobierno chino afirmó que alrededor del 20% de las tierras agrícolas del país están contaminadas, y en 2018, la economía china registró su menor crecimiento en 28 años.

Esta situación compromete a la mitad de la población del país, y limita sus posibilidades de progreso, a pesar de que la agricultura se considera un motor necesario para el crecimiento nacional potencial.

De hecho, el líder chino, Xi Jinping, enfatizó en un discurso pronunciado a principios de 2019  que “si el campo florece, el país florece. Pero si el campo decae, el país decae”, un enfoque en el que ha insistido varias veces sin que se hayan efectuado cambios importantes.

Así, la falta de atención de Beijing hacia la zona rural conduce a la degradación de la tierra, la erosión del suelo, la deforestación, y el deterioro de los pastizales.

También atentan contra el buen uso de la tierra agrícola las construcciones no agrícolas y urbanas, que ocupan los terrenos cultivables.

Una breve vista a los magros resultados de la cosecha de trigo de esta temporada, podría tomarse como un indicio de las deficiencias en las que finalmente concluyen las deficiencias en el manejo de la tierra.

En este contexto, Tang Renjian (唐仁健), ministro de Agricultura y Asuntos Rurales del régimen chino, dijo que la cosecha de trigo de primera y segunda calidad se redujo en más de un 20%. Las lluvias inusualmente intensas del año pasado, que retrasaron la siembra de casi un tercio de la superficie de trigo regular, habrían sido una de las causas. 

Tang expresó: “La producción de grano de este año [2022] se enfrenta a enormes dificultades. No hace mucho, fuimos a las bases para hacer una encuesta, y muchos expertos y técnicos agrícolas nos dijeron que las condiciones de los cultivos de este año podrían ser las peores de la historia.”

Desobediencia civil 

Los magros resultados obtenidos por el sistema de producción regidos por los colectivos estatales, obligaron a 18 agricultores del pueblo de Xiaogang, en la provincia china de Anhui, a desafiar el sistema y regresar a la forma de cultivar la tierra que se había utilizado durante milenios en el país.

Así, disolvieron el colectivo agrícola, y dividieron sus tierras de labranza en parcelas individuales que podían cultivar según los criterios ancestrales. Los resultados de esa primera cosecha fueron asombrosos, porque multiplicaron por seis los obtenidos anteriormente. 

Parte de la experiencia es relatada por el agricultor, Yan Junchang, quien dirigió ese arriesgado acto de desobediencia civil, porque no funcionaba el sistema colectivo a pesar de sus esfuerzos. 

“Pero no teníamos fuerzas ni entusiasmo para trabajar en los campos colectivos debido al hambre. Ni siquiera teníamos tiempo porque siempre nos organizaban los equipos de trabajo gubernamentales que nos enseñaban la política”, declaró Junchang. 

En ese caso, los aldeanos corrieron con suerte al no ser reprimidos; el jefe del partido de la provincia de Anhui los respaldó y promocionó sus resultados, haciendo posible que la nueva forma de cultivar la tierra se extendiera por todo el país. El impacto fue tal que dinamizó la economía de la nación en los años 80.

No obstante, subsiste el conflicto entre la población y la tierra en China como resultado de la alta densidad de población, la disminución de la disponibilidad de tierras de cultivo, el sobre pastoreo, la incapacidad de costear el grano importado y la expansión del uso de la tierra para la urbanización.

Por su parte, el autor Yuen Cai postula algunos de los problemas de gestión ineficaz de la tierra a cargo del sistema de gobierno, entre ellos la falta de un medio económico para orientar el empleo de la tierra y que esta no se valore; igualmente, la falta de mecanismos que garanticen el uso económico de la tierra.

Asimismo, argumenta la carencia de integración de los departamentos administrativos en la toma de decisiones y la intervención de muchos departamentos que disponen sobre la misma tierra,  la falta de elección en la utilización de la tierra, y la ausencia de inversión adecuada que propicie una explotación a corto plazo.

Paralelamente, Yuen propone una reforma de la tenencia de la tierra y establecer un equilibrio entre el gasto y la productividad de la tierra, ampliar y conservar las zonas forestales aumentando la inversión agrícola, junto con una reforma a la tenencia de la tierra.

También, ajustar los precios de los productos de la tierra, reforzar la administración de las parcelas, desarrollar otras industrias y reformar los sistemas económicos y políticos.

En la práctica, muchos agricultores chinos cultivan cereales, obligatoriamente, como parte del impulso del país a la seguridad alimentaria, pero los beneficios apenas cubren los costos.

A pesar de que desde Beijing se promete, reiteradamente, arreglar el campo rezagado aplicando reformas, y ayudando a los agricultores a trasladarse a las ciudades, a educar a sus hijos y a invertir en la mejora de sus tierras, la brecha económica entre el pueblo y la ciudad sigue siendo desproporcionadamente amplia.

En este contexto, para muchos analistas, el punto clave es que los agricultores no pueden poseer tierras, una política seguida desde los primeros años de la revolución comunista.

En consecuencia, los campesinos no pueden comprar, vender o alquilar parcelas para crear extensiones más grandes económicamente viables, o utilizar la tierra como garantía para los préstamos, lo que los incapacita para obtener capital.

Adicionalmente, aunque pueden dejar la tierra y emigrar a las ciudades, por la falta de derechos de propiedad no pueden usar la como respaldo para financiar esos traslados.

La estrechez de los predios es tal que en el caso de la familia Dai, que vive en la aldea de Shijiachong, Hunan, se puede tener una idea de la situación actual. Sus 10 miembros poseen un tractor y un coche, pero siguen viviendo en una vieja casa de campo construida hace más de 40 años.

La familia solo tiene 2.8 hectáreas (siete acres) de tierra para cultivar, lo que, según el Dai, sería suficiente para una persona. Agregó que su familia estaría encantada de alquilar o vender sus tierras, pero que el régimen chino no se lo permite. Para obtener ingresos adicionales, un miembro de la familia tendría que emigrar a la ciudad y enviar parte de sus ingresos.

Otro de los casos es el de Zhu Chanyue, una mujer de 40 años que pasó 20 años en la región costera china, abriéndose camino con la gestión de un puesto de comidas rápidas en la carretera y luego obteniendo dinero en la inversión en bienes raíces.

Tras enriquecerse, Zhu regresó a su pueblo natal con su marido y su hija para estar más cerca de su familia y probar suerte en la agricultura, en 2017. Aplicó el sistema de transferencia de tierras que permite el sistema, y trabajó  en más de 200 hectáreas (500 acres) de tierra, plantando sandías, trigo y arroz.

Después de mucho esfuerzo concluyó: “No tiene sentido presumir. Gané mucho dinero en el sector inmobiliario, pero lo perdí todo en la agricultura”. 

Y explicó: “Si quieres hacer algo a gran escala, necesitas capital”, pero no le fue posible conseguirlo para mecanizar su explotación agrícola. “Así que, básicamente, el trabajo aquí se sigue haciendo a mano”, agregó desilusionada. 

Al respecto, el profesor de la Universidad de Stanford en California, Jean Oi, señaló: “La propiedad de la tierra es uno de esos temas difíciles que aún no han abordado”, agregando: “La cuestión es cuándo, o si lo abordarán”, refiriéndose a las posibles decisiones del Partido Comunista de China (PCCh) sobre esta crisis.

Contradictoria compra de tierra en otros países

Resulta contradictoria la política de tierras del PCCh, dado que con las grandes falencias en el manejo de las tierras agrícolas del país a su cargo se haya volcado a comprar tierras en el extranjero. 

De hecho, el titular: “La adquisición de casi 6,5 millones de hectáreas en 10 años hace saltar las alarmas”, con el que el medio Nikei Asia, llamaba la atención sobre las compras de tierras de Beijing en el extranjero, en julio de 2021, sintetiza el impacto internacional de esas adquisiciones.

Para tener una idea de la equivalencia de esa extensión, consideremos que es igual a la de Lituania, un país europeo cuya extensión territorial ocupa el lugar número 124, entre los 220 países y territorios reseñados por la Enciclopedia Británica. Estados Unidos posee en el extranjero un poco más de la mitad de esa área. 

Es de tener en cuenta que esos terrenos, ahora de propietarios chinos, fueron comprados solo entre 2011 y 2020, se dedican a la agricultura, la silvicultura y la minería. La inversión en tierras agrícolas se extendió a 48 países del proyecto La Franja y la Ruta, durante el período 2008-2016. 

Así, estas compras superan a las de cualquier otro país. Las preocupaciones que genera el acaparamiento de tierras radican en que además de representar una eventual amenaza militar, también podrían atentar contra la estabilidad alimentaria de las naciones que ceden sus territorios.

La adquisición de tierras en el extranjero proporciona a estas empresas vinculadas a Beijing un acceso estable a los recursos naturales a medida que los suministros se reducen en todo el mundo.

En este sentido, el profesor de la Universidad de Himeji, Hideki Hirano, advierte: “Habría que endurecer aún más la normativa para evitar el acaparamiento incontrolado de tierras”, refiriéndose a las extensiones de territorio que pasan a manos de países extranjeros. 

De hecho, Japón es uno de los pocos países que ha tomado medidas legales para frenar las adquisiciones de territorios sensibles de su país.

Además de los inmuebles obtenidos legalmente por empresas y personas provenientes de China, estas entidades también obtienen poder sobre otros terrenos a través de personas que tienen la nacionalidad del país en el que se encuentran; tal como se desprende de los comentarios de una persona relacionada con la Agencia de Inteligencia de Seguridad Pública del Japón:

“Hay casos de tierras que pertenecen nominalmente a ciudadanos japoneses, pero que están respaldadas por entidades chinas”, dijo esta fuente.  

De acuerdo con informes de la Junta de Revisión de Inversiones Extranjeras de Australia, la inversión en bienes raíces australianos desde China disminuyó desde su pico de casi 32 mil millones de dólares en 2015-16 hasta 7,1 mil millones de dólares en 2019-20.

Por otro lado, la corrupción sigue deteriorando las empresas chinas dedicadas al negocio de los bienes raíces. Una muestra de ello fue la desaparición del gestor del dinero de China Fortune Land en el extranjero, a quien le habían depositado 313 millones de dólares, según informó Yicai Global, en diciembre. 

China Fortune Land Development Co. Ltd., es un desarrollador inmobiliario chino, con sede en Beijing, que cotiza en bolsa. Esta empresa también perdió 628 millones de dólares en el tercer trimestre. Más aún, no pudo reembolsar un bono de 530 millones de dólares en marzo.

Las mayores adquisiciones se han hecho en Asia y África, donde los críticos consideran que se pone en peligro la seguridad alimentaria de los habitantes en los países intervenidos. 

De acuerdo con el Instituto de Investigación de África Central, Beijing posee unas 253.000 hectáreas de tierra en varias naciones africanas; lo que equivale al triple de la cantidad de tierra que posee en Estados Unidos.

Tan solo en Estados Unidos, la compra en 2013 de Smithfield Foods por parte de la empresa china Shuanghui, ahora llamada WH Group, causó preocupación por la intervención en los sistemas alimentarios de Estados Unidos. 

WH Group posee ahora el mayor productor de carne de cerdo de Estados Unidos, así como más de 59.000 hectáreas de tierras de cultivo de Missouri, destacó el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank estadounidense, en septiembre de 2021. 

En esta transacción, algunos congresistas advirtieron de la implicación del gobierno chino en la compra. 

Asimismo, una enmienda en el proyecto de ley de gastos del Departamento de Agricultura-Administración de Alimentos y Medicamentos prohíbe la compra de tierras agrícolas ubicadas en Estados Unidos por parte de empresas chinas.

Además, las posesiones chinas en EE. UU. se han multiplicado “por más de diez en menos de una década”. Esto causa alarma, ya que las motivaciones detrás del interés estratégico de China en las tierras agrícolas estadounidenses son confusas.

China compra ahora más bienes inmuebles residenciales en Estados Unidos que cualquier otro país. Actualmente, representa el 25% de toda la inversión extranjera en viviendas en el país. Canadá, solo representa el 9% de la inversión extranjera residencial estadounidense. En 2018, unas 40.000 propiedades fueron adquiridas por personas o entidades chinas.  

En cuanto al proyecto de la Franja y la Ruta, si bien el terreno intervenido para los proyectos de infraestructura no es “propiedad” del PCCh, la deuda adquirida por los países en desarrollo y por los europeos otorga a aquel el control sobre el mismo.

Es de tener en cuenta que otros proyectos se ejecutan en Sudamérica, y una cantidad cada vez mayor de inversiones chinas se está vertiendo en Europa. 

Conflictos internacionales del PCCh por territorios

Otra de las actividades del régimen chino que ocupan gran parte de sus recursos son los conflictos internacionales que sostiene con al menos 19 países. Además, genera con ellos antipatía y rechazo a escala mundial.  

Esta situación choca contra la dura realidad que viven los cerca de 700 millones de ciudadanos, que requieren soluciones a sus problemas por el inadecuado uso de la tierra en las zonas rurales.  

Las disputas territoriales de Beijing en tierra y mar afectan la soberanía de Taiwán, Filipinas, Indonesia, Vietnam, Japón, Corea del Sur, Corea del Norte, Singapur, Brunei, Nepal, Bután, Laos, Mongolia, Myanmar, Tíbet. También con Kirguistán, Kazajistán, Tayikistán y Tailandia. 

Aparte de estos países, Rusia le cedió los ríos Argun, Amur y Ussuri, la isla Zhenbao (o isla Damansky), la isla del Oso (también conocida como Bolshoi Ussurisky o Heixiazi Dao) y un sinfín de tierras más, para concluir con las reclamaciones del PCCh. 

Como causas principales para estas disputas, se consideran antiguos antecedentes históricos, y como señala la autora Shreya Mundhra: “Por último, la caza de recursos y la ambición de presentarse como el país más poderoso de la región son posibles razones detrás de las perennes disputas territoriales de China”. 

A pesar de que en sus disputas el régimen chino alude a la historia de China para reclamar derechos territoriales, ignora que el glorioso imperio del pasado se hizo grande mientras respetaba los lineamientos emanados de los dioses para los cuidados de la naturaleza, en beneficio del hombre.  

Finalmente, el contexto conflictivo y contradictorio que enfrenta constantemente el PCCh, tanto dentro como fuera del país, hacen que las miradas de los analistas se dirijan hacia sus líderes en busca de respuestas, y en particular hacia el jefe máximo, Xi Jinping. 

En este sentido, el autor Mike O’Sullivan, en uno de sus artículos publicado en Forbes esta semana, observa la tendencia hacia la declinación en el populoso país oriental, y señala premonitoriamente con respecto a Xi, quien gobierna desde 2012:

“Debería tener en cuenta que durante todos los años que duró el Imperio Romano, el ‘mandato’ medio de un emperador romano fue solo de algo más de cinco años, muriendo el setenta por ciento de ellos por causas ‘no naturales’”.

José Hermosa –Redacción BLes

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