El Sr. Zhou Xiangyang inició una huelga de hambre el mismo día que lo arrestaron por practicar Falun Gong, el 2 de marzo de 2015. Permaneció en huelga de hambre durante los siguientes siete años hasta que lo liberaron el 1 de marzo de 2022. En cierto momento sufrió el síndrome de disfunción multiorgánica, pero sobrevivió y volvió a casa con vida para contar su historia.

En el interior de la prisión de Binhai, en Tianjin, los guardias le aplicaron descargas eléctricas y le rociaron los ojos con agua con chile. Los guardias instigaron a los reclusos para que lo sometieran a más torturas, como pellizcarle los pezones hasta que saliera el líquido de los tejidos, apretarle los genitales, meterle los dedos en el ano, arrancarle las pestañas, clavarle las uñas, oprimirle la caja torácica, arrancarle los dientes y alimentarle a la fuerza con orina.

Cuando el Sr. Zhou terminó de cumplir los siete años, estaba demasiado débil para salir de un automovil. Actualmente está con sus padres en el pueblo de Matuo, en el condado de Changli, provincia de Hebei. Ha ganado algo de peso y está mentalmente estable. Las autoridades instalaron 12 cámaras de vigilancia en la aldea y siguen vigilándolo.

Joven íntegro dos veces encarcelado

El Sr. Zhou es licenciado por la Universidad Jiaotong de Beijing y tiene otra licenciatura en economía de la inversión por la Universidad de Tianjin. Se convirtió en uno de los primeros 60 ingenieros de costes modernos de China en 1998 y tenía una prometedora carrera en el Tercer Instituto de Exploración y Diseño Ferroviario de Tianjin. Trabajó duro y nunca aceptó sobornos de sus clientes.

Después de que el Partido Comunista Chino iniciara la persecución en 1999, el Sr. Zhou fue condenado a 1.5 años de trabajos forzados por ir a Beijing a apelar por el derecho a practicar Falun Gong. Fue detenido de nuevo en 2003 y condenado a nueve años de prisión el 31 de mayo del mismo año. Estuvo recluido en dos centros de detención y tres campos de trabajos forzados antes de ser trasladado a la Prisión de Gangbei, en Tianjin.

Durante su estancia en varios centros de detención y campos de trabajo, los guardias le aplicaron descargas eléctricas durante la noche, le privaron de sueño durante 30 días, le encerraron en régimen de aislamiento y le alimentaron a la fuerza. Durante su estancia en la Prisión de Gangbei, inició una huelga de hambre en junio de 2008 para protestar por la persecución. Durante su más de un año de huelga de hambre, su peso descendió a 36 kilos (80 libras) y estaba demasiado débil para caminar y atender sus necesidades diarias. Las autoridades le concedieron una fianza médica el 28 de julio de 2009.

La policía lo detuvo en su casa de alquiler en la ciudad de Tangshan, provincia de Hebei, y lo llevó de vuelta a la prisión el 5 de marzo de 2011.

Su esposa, la Sra. Li Shanshan, también practica Falun Gong. Debido a sus esfuerzos por rescatar a su marido, las autoridades tomaron represalias contra ella y la metieron en un campo de trabajos forzados en dos ocasiones durante un total de más de tres años. Fue liberada en 2013. Ella y su marido pasaron menos de dos años juntos, antes de que ambos fueran detenidos de nuevo el 2 de marzo de 2015. Esta vez, el Sr. Zhou fue condenado a siete años de prisión y la Sra. Li a seis. El Sr. Zhou fue enviado a la misma Prisión de Gangbei (ahora rebautizada como Prisión de Binhai) para cumplir su segunda condena.

A continuación, el Sr. Zhou relata sus seis años de calvario en la Prisión de Binhai, en Tianjin.

Me negué a renunciar a mi fe en Falun Gong después de que comenzara la persecución, y se me impuso una pena de trabajos forzados y dos penas de prisión por un total de 17 años, durante los cuales experimenté torturas indecibles, como recibir descargas eléctricas con picanas, palizas, privación del sueño, aislamiento y encadenamiento al suelo.

Las autoridades de la Prisión de Binhai crearon una división especial en el décimo pabellón para torturar a los practicantes de Falun Gong en mayo de 2019. Me llevaron allí en silla de ruedas (debido a mi débil estado físico tras años de huelga de hambre en la prisión) el 20 de noviembre de 2020.

Ese día, el guardia Zang Haixu (臧海旭) hizo que dos presos me empujaran al hospital de la prisión para alimentarme a la fuerza. En el camino de vuelta, Zang se detuvo en un punto ciego de las cámaras de vigilancia. Me dio una descarga eléctrica con una picana y me roció los ojos con agua con chile. Luego me amenazó con torturarme a diario. Después de ese día, a menudo los reclusos me sacaban de la celda en una silla de ruedas y me rociaban con agua con chile.

Liang Hanwen (梁瀚文), el guardia encargado de torturar a los practicantes de Falun Gong, estaba de servicio dos semanas después. Lo primero que hizo fue rociarme con agua con chile y disponer que un grupo de reclusos me vigilara y torturara.

Uno de los reclusos, Pan Xin (潘鑫), trajo consigo una serie de métodos de tortura pervertidos. Las siguientes torturas me las hicieron cuando solo pesaba unas 36 kilos (80 libras) después de años de huelga de hambre. No me quedaban fuerzas para luchar.

La forma más pervertida que utilizó Pan fue meterme los dedos en el ano mientras otros me sujetaban. Llevaba un guante y seguía introduciendo sus dedos en mi recto. Cuando retiraba sus dedos, los limpiaba en mi boca. Esto ocurrió cuatro veces, bajo las órdenes tanto de Zang como de Pan. Una vez Zang cubrió primero el guante con agua de chile, y dijo que era para “sazonarlo un poco”. Cuando grité debido al dolor, los presos me taparon la boca.

Pan me apretó muchas veces el genital con fuerza y provocó que se hinchara y supurara. El dolor insoportable que me causaba al agarrarme los testículos me hacía gritar, pero los reclusos me decían que nadie venía a ayudar porque los guardias se lo ordenaban. A veces el dolor era tan insoportable que no podía recuperar el aliento. Tuvieron que llevarme al hospital de la prisión para que me dieran oxígeno. A veces Pan hacía que los reclusos me sujetaran y me pellizcaban los pezones hasta que salía líquido.

Debido a mi huelga de hambre, me alimentaban a la fuerza con regularidad. Muchas veces los reclusos orinaban en el agua para alimentarme delante de mí a propósito. También utilizaban la alimentación forzada como excusa para hurgar en mis dientes con un limpiador dental. Este acabó rompiendo y arrancando uno de mis dientes.

En otra tortura, me apretaban las costillas. A veces me empujaban contra una cama de metal hasta que oía el crujido de mis costillas. Creo que me rompieron las costillas varias veces. El dolor duraba varios meses y era tan insoportable que no podía moverme cuando dormía.

Las uñas se me pusieron negras de tanto pellizcarlas. El dedo meñique de la mano izquierda quedó deformado para siempre. No dejaban de escupirme y no me permitían limpiarme los escupitajos. En invierno, me echaban agua y tenían las ventanas abiertas de par en par para congelarme.

Me depilaron la mitad de las cejas y las pestañas, y escribieron palabras insultantes en mi camisa.

Pan me advirtió a menudo que creía en la violencia cuando se trataba de obligar a los practicantes a renunciar a su fe. Las torturas que describía eran tan atroces que no quería repetirlas. Otros guardias y reclusos me dijeron que, mientras no me dejaran cicatrices o moratones, no había pruebas de tortura.

Le conté a un guardia principal cómo me habían torturado, y rápidamente Zang me encontró y me dio una descarga eléctrica, diciendo que era una advertencia para que no volviera a informar a los guardias principales. Los reclusos me dijeron después que no tenía sentido quejarse a los guardias principales porque eran ellos los que ordenaban la tortura.

Un guardia me dijo una vez que habían tenido que recurrir a la violencia porque los practicantes se negaban a transformarse, ya que los de arriba querían ver altos índices de transformación. Hablando de los de “arriba”, me recordó que mientras estuve en el hospital de la prisión entre abril y noviembre de 2020, un preso me golpeó docenas de veces y me lesionó las costillas y el coxis. El preso me echó agua fría a mí y a mi cama en numerosas ocasiones, y afirmó que todo fue ordenado por los de “arriba”.

Fuente: Minghui.org

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