En medio de críticas y sin reconocimiento de la comunidad internacional, el gobierno talibán del Emirato Islámico de Afganistán recibió al canciller del PCCh en una reunión de alta relevancia simbólica y comercial.

El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, fue recibido este jueves en Kabul por altos cargos del régimen talibán. Este encuentro es de alta carga simbólica puesto que el grupo islamista todavía no logró el reconocimiento de la comunidad internacional y apela a que China los rescate de la grave crisis económica y humanitaria que atraviesan.

La visita del canciller comunista fue de sorpresa y no estaba en su agenda, y sorprendió al resto del mundo que tiene los ojos puestos en Ucrania. China ya dio el primer paso para adueñarse política y económicamente de Afganistán.

Esta visita no anunciada de Wang Yi se da un día después de su participación como invitado especial en el 48° Consejo de Ministros de Exteriores de la Organización de Cooperación Islámica (OCI) celebrado en Pakistán.

Tras reunirse con los ministros y altos funcionarios presentes en el OCI, Wang aseguró que se intensificará la coordinación de esfuerzos para fortalecer los asuntos regionales e internacionales, dando un guiño que apelarán por el reconocimiento del Gobierno talibán.

La caída de Afganistán

Afganistán fue tomada por los terroristas en agosto de 2021 tras sólo 90 días de combates en los que un país destrozado por medio siglo de conflictos desanduvo los avances conseguidos desde 2001, por las malas políticas de un Biden que no supo cómo manejar la retirada de tropas y civiles de un país que Estados Unidos ocupaba hace 20 años.

Las medidas que adoptó el grupo fundamentalista han demostrado que las promesas de “moderación” que le hicieron a Estados Unidos tras la conquista relámpago del país eran meramente una estrategia para blanquear un régimen que ahoga a su población a través del miedo y el hambre.

A pesar de que el país asiático no gozaba de la mejor salud antes de la llegada de los talibanes, hoy se han vuelto a aplicar normas de segregación por sexos, genocidio de minorías étnicas, aumento de la represión contra periodistas y activistas, asesinatos en plazas públicas, palizas a las mujeres, violación en manada, y entrenamiento militar a niños.

Importancia de la visita del Canciller chino

En esta reunión encontramos una enorme carga simbólica y diplomática. El encuentro oficial de distintos intereses compartidos que involucran a ambos gobiernos, donde la dependencia de los talibanes ante los chinos marca tanto el tono del diálogo como el futuro alineamiento de Afganistán en el sistema internacional.

China comparte con el Emirato Islámico de Afganistán una frontera de 76 kilómetros de difícil acceso, donde Beijing tiene un enorme interés geopolítico, puesto que quiere evitar que funcione como una base de apoyo para los separatistas de la minoría musulmana uigur. Los uigures son perseguidos, desaparecidos y masacrados por el régimen comunista chino en el llamado “genocidio silencioso del siglo XXI“.

Además de esto, China tiene enormes intereses económicos en la región. El Corredor Económico chino-pakistaní o CPEC (por sus siglas en ingles) es un eje clave en la Belt and Road Iniciative, mediáticamente conocida como la Nueva Ruta de la Seda.

Esta fue presentada por el dictador chino Xi Jinping en 2013 con la intención de renovar y amplificar viejos caminos comerciales e invertir en infraestructura a lo largo del mundo para interconectar de manera naval, aérea y terrestre al gigante asiático con el resto de las naciones y así generar una interdependencia global para con China.

Afganistán entró dentro del esquema de la nueva ruta de la seda en 2016, pero por la inestabilidad política y la injerencia estadounidense nunca había podido concretar sus ambiciones comerciales. Con un régimen alineado a su política exterior, el Partido Comunista Chino tendrá la certeza de que sus inversiones en Pakistán estarán seguras y podrá proyectar su influencia en el nuevo Emirato Islámico.

Por su parte, el régimen talibán encuentra a su país hundido en una grave crisis financiera y humanitaria provocada por la congelación de la totalidad de los bienes en el extranjero y la suspensión de la ayuda internacional que sostenía al país desde hace 20 años. La necesidad de tener buenas relaciones con China como fuente vital de inversiones y apoyo económico ponen al Gobierno afgano de rodillas ante el Partido Comunista.

Afganistán posee importantes reservas de litio que atraen enormemente a la superpotencia comunista, que lidera la producción mundial de vehículos eléctricos, y que además tiene la concesión de la gran mina de Aynak, el segundo yacimiento mundial de cobre más grande del mundo.

Nicolás Promanzio – La Derecha Diario

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