El gigante asiático la tiene cada vez más difícil para proveer del vital líquido a sus 1400 millones de habitantes, industrias y otras actividades. Busca desesperadamente abastecerse pasando por encima de la soberanía de países vecinos e incluso buscando agua en el espacio, según el hallazgo reportado esta semana

China se queda sin agua. Es un hecho documentado por la prensa internacional desde hace años y confirmado por el propio régimen chino desde 2005 cuando el entonces primer ministro Wen Jiabao alertó que la escasez del vital líquido amenazaría la «supervivencia misma de la nación china». Y es que abastecer a la población más grande del planeta (1.444,2 millones de habitantes) y al mismo tiempo atender la demanda de industrias, agricultura y ganadería ha mermado sus recursos. Por eso, el comunismo chino se adelantó, viajó al espacio y anunció el hallazgo de agua en la superficie lunar.

Con el 20 % de la población mundial, pero tan solo 7 % del agua dulce del planeta, China necesita soluciones para el ascenso geopolítico que planea Xi Jinping. Evitar que se socave el crecimiento y la estabilidad política es tan vital para el Partido Comunista Chino (PCCh) como el agua dulce. El descubrimiento no se trata de agua corriente y palpable, sino de señales de agua «en datos espectrales de reflectancia de la superficie lunar adquiridos por Chang’E-5», indicó la revista Science Advances.

El artificio espacial había alunizado en diciembre de 2020 en la cara visible de la Luna. Sin embargo, otro tipo de roca mostró una absorción mucho más fuerte del líquido, lo que «sugiere una fuente adicional de agua del interior lunar». Es un hallazgo importante —aunque incipiente— para el régimen, ya que son necesarias más exploraciones. Pero no hay que olvidar que con el pasar de los años, China dependerá en mayor medida de recursos y alimentos de otros países para continuar con sus planes hegemónicos y alimentar a la población.

La investigación de las reservas de agua también permitirá «la construcción de estaciones lunares tripuladas en las próximas décadas», dicho por el embajador chino Deng Xijun.

Otro proyecto: una «megarrepresa» en el Tíbet

Es apremiante para China la necesidad de agua. Entre el 80 % y 90 % del agua subterránea de China y la mitad del agua de los ríos está demasiado sucia para poderse beber; no puede utilizar tampoco para la industria o la agricultura, apuntó recientemente Bloomberg.

Para 2018, el río Amarillo, el segundo más largo de Asia, pocas veces llegaba al mar. Para ese año era una décima parte de lo que era en la década de 1940.

 

Mitigar la crisis causó y causará daños colaterales en países vecinos. Está en planes construir una «megarrepresa» en el Tíbet, sumando además una negativa dimensión política. Es conocida la represión en aquella región sobre la población originaria, detonante de numerosas protestas y reclamos de figuras internacionales.

El proyecto está plasmado en el plan quinquenal (2021-2025). Además de los daños ecológicos, provocará el desplazamiento de habitantes de tierras ancestrales. “La guerra del agua es un componente crucial de esta agresión [china] porque permite a China utilizar su poder tibetano aguas arriba sobre un recurso esencial”, advirtió en marzo de 2021 el politólogo Brahma Chellaney al periódico Times of India. El actual río Brahmaputra también llega a India y luego a Bangladesh. Instalarle una represa sería más que caótico para ambos países.

«Tercera guerra mundial» por agua

La gran incógnita es qué tanto podría suplir la luna las necesidades hídricas de China a largo plazo. Porque si consideramos la mención a una «guerra del agua» hecha por el politólogo Brahma Chellaney, en efecto, existen argumentos y análisis sobre una hipotética «tercera guerra mundial» desencadenada por el dominio del vital líquido.

Como bien se sabe, la historia recuerda guerras libradas en el pasado por otros recursos, como el petróleo. Actualmente ocurre en el Mar de China Meridional. El gigante asiático asedia la zona ante los reclamos de Taiwán, Malasia, Vietnam, Brunéi y Filipinas para dominar un importante canal de comercio mundial e importantes yacimientos de crudo. Esto llevó a Pekín a aumentar la tensión con Estados Unidos, defensor de la soberanía de la zona.

Si esto ocurre por recursos más «prescindibles», habrá que esperar qué ocurre cuando la necesidad de agua sea mayor para China.

Oriana Rivas – Panampost.com

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