Redacción BLesEl ministro de Relaciones Exteriores del régimen chino, Wang Yi, acaba de anunciar que condonará un total de 23 deudas a 17 países africanos. La noticia fue anunciada con orgullo por parte de las autoridades chinas, pero la historia indica que hay motivos para sospechar de que existan “intereses ocultos” en la decisión anunciada. 

“China renunciará a los 23 préstamos sin intereses para 17 países africanos que habían vencido a fines de 2021”, dijo Wang en el Foro de Cooperación China-África según un comunicado.

En reiteradas ocasiones el régimen chino ha demostrado su interés en penetrar en los países africanos, quienes a pesar de ser en su mayoría muy pobres y con escaso o mínimo desarrollo en cuestiones militares, muchos son grandes proveedores de materias primas y otros están posicionados estratégicamente con salida al mar, facilitando las conexiones geoestratégicas con China Continental.

Resulta realmente sospechoso que China tome esta decisión por simple generosidad o indulgencia. 

En este sentido es que las críticas argumentan que China está involucrada en lo que se denominó la “diplomacia de la trampa de la deuda”, un círculo vicioso a través del cual el país emite enormes préstamos, muchas veces impagables, para eventualmente asegurar por diversos mecanismos activos internacionales estratégicos para sus intereses.

 

Avanza la “diplomacia de la deuda”

Durante los últimos años el régimen chino se encontró con un crecimiento exponencial de liquidez monetaria, lo que lo motivó a presentarse como un “generoso” prestamista y “socio financiero” de enormes proyectos y obras de infraestructura. 

Los países más empobrecidos, generalmente también los que poseen mayores índices de corrupción política, fueron los principales “beneficiados” con el sistema de préstamos del régimen chino.

Así fue como China, durante la última década, inyectó enormes cantidades de efectivo en países pobres, la mayoría de África, el sudeste asiático y América del Sur, donde construyó grandes puertos, carreteras, puentes, vías férreas y otras obras de envergadura, muchas de las cuales han sido criticadas por carecer de sentido en los países supuestamente beneficiados.

Ahora, la pandemia mundial provocada por el virus del Partido Comunista Chino (PCCh), así como el aumento de los costos de la energía y la escasez mundial de alimentos provocada por la guerra en Ucrania, han demostrado cuán vulnerables son estas naciones más pobres, y lo imposibilitadas que están para afrontar sus compromisos de deuda.

Uno de los casos paradigmáticos de este perverso sistema de préstamos es el reciente colapso económico de Sri Lanka y la ejecución hipotecaria de su puerto multimillonario de Hambantota, entregado a China en 2017. Un claro ejemplo de la “diplomacia de la trampa de la deuda”.

La relación entre el Producto Interno Bruto (PIB) y la deuda externa asumida con el régimen chino en ese tipo de países ha aumentado constantemente desde 2010, junto con un fuerte aumento del déficit en cuenta corriente y una fuerte caída de las exportaciones, lo que impidió la entrada de dólares y ahora se refleja en la imposibilidad de importar incluso productos básicos como el combustible y ni hablar de saldar las deudas.

En este contexto, a pesar de la imposibilidad de pago de estos países, el régimen chino continuó inyectando divisas a las economías de manera irresponsable en forma de enormes préstamos con cláusulas altamente engañosas, obligando a los países a comprometerse a otorgar concesiones y beneficios de diversa índole en caso de incumplimiento de sus vencimientos.  

 

La Franja y la Ruta

Este sistema de préstamos está también íntimamente ligado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta transcontinental de China (BRI, por sus siglas en inglés), en la cual se han involucrado la mayoría de los países africanos. 

En 2013, el líder del PCCh, Xi Jinping anunció el lanzamiento del BRI como un proyecto que traería prosperidad a todas las naciones a través de millonarias inversiones en infraestructura, la construcción de ferrocarriles, puertos, ciudades, plantas energéticas, represas, rutas y demás. La iniciativa prometía incrementar el comercio entre China y Europa, pasando por África y América Sur, aumentando la producción de todos los países participantes.

La falta de transparencia de la iniciativa ha sido un punto de críticas tanto de investigadores, gobiernos y periodistas a la hora de evaluar el BRI en su totalidad.

Los críticos además cuestionan la ambigüedad que define qué proyectos son parte del BRI ya que actualmente incluso muchos países de Sudamérica, Centroamérica y África han anunciado inversiones chinas de infraestructura como parte del BRI, cuando en términos prácticos no tienen nada que ver con conectar Asia con Europa y más bien parecen ser parte de la expansión china por el mundo.

Tras 10 años de haber comenzado el ambicioso proyecto, los resultados no fueron ni cerca de los esperados por los países participantes.

Más del 90 por ciento de los proyectos fueron realizados por empresas estatales de China, lo que implicó que el régimen envíe trabajadores chinos, quienes llevan sus salarios de vuelta a China. 

Paralelamente, quedó en evidencia que muchas de las obras no eran necesarias en los países donde se llevaron a cabo o eran absolutamente desproporcionadas para las necesidades locales, en consecuencia los proyectos en muchos casos no resultaron rentables o son imposibles de mantener en el tiempo.

Entonces cabe preguntarse ¿Cuál es la ventaja del régimen chino?

Bien, en muchos casos las deudas sí se pagaron y los intereses fueron bien aprovechados por el sistema financiero del régimen chino, a pesar que los países deudores quedaron en ruinas.

En otros casos donde las deudas no se pagan, China queda habilitada a aplicar las cláusulas asociadas a los contratos a través de las cuales obtienen otras ventajas, quizás más importantes, como el acceso a determinados recursos naturales o la explotación de las obras ejecutadas tales como puertos marítimos y aeropuertos.

 

Creciente frustración en los países BRI

A medida que se evidencia la estrategia del régimen comunista chino y como los países africanos cayeron en la trampa, están surgiendo movimientos políticos y sociales que se oponen al BRI y al endeudamiento con China.

AidData, un laboratorio de investigación de Estados Unidos mencionó como parte de un trabajo al respecto: “Un número creciente de formuladores de políticas en países de ingresos bajos y medianos están suspendiendo proyectos BRI de alto perfil debido a problemas de sobreprecio, corrupción y sostenibilidad de la deuda“.

Además en países como Angola, Ghana, Gambia, Kenia y la República Democrática del Congo, ha habido importantes protestas sociales contra proyectos financiados por China. 

Los movimientos están motivados principalmente por los efectos de la neocolonización, el impacto sobre los recursos naturales, la cultura, los derechos humanos y la independencia de los países afectados por los proyectos, dando por supuesto que la incursión de China en África no es sólo económica sino también ideológica. 

Teniendo estos factores en cuenta, no es de extrañar que el régimen tome la decisión de condonar las abultadas deudas. Por un lado podrá activar las cláusulas leoninas implicadas en los contratos, los cuales por lo general no son públicos y son parte de acuerdos realizados con políticos corruptos de países muy pobres. 

Por otro lado, y no menos importante, alivia las tensiones con los sectores políticos y sociales que se enfrentan al avasallamiento del régimen chino en el continente africano.

 

Andrés Vacca –Redacción BLes

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