La Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China, con el respaldo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, anunció que el régimen de Pekín trabaja en un proyecto para poner en órbita una nave espacial modular “ultragrande” que medirá varios kilómetros.

No es ficción. China planea convertirse en un poder intergaláctico a corto plazo con la construcción de una meganave espacial que medirá varios kilómetros y será ensamblada en órbita para albergar a bordo un gran número de taikonautas –término para referirse a los astronautas chinos– y la maquinaria necesaria para explorar y explotar el sistema solar. El régimen comunista chino no se conforma con el expansionismo en el campo tecnológico, económico, político y militar que ha puesto en marcha en la Tierra. El límite de sus ambiciones está más allá de la estratósfera.

Con este proyecto, Xi Jinping prevé garantizar no solo misiones tripuladas a largo plazo sino también el uso futuro de recursos disponibles en el espacio, indagar los misterios del universo y viajar durante años, revela el South China Morning Post.

Según el medio asiático, la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China, con el respaldo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, establece que la nave espacial modular será “ultragrande”, requiriendo varios lanzamientos, ya que sería demasiado pesada y enorme para ser lanzada en un solo vuelo por considerarse un “equipo aeroespacial estratégico”.

El Departamento de Ciencias Matemáticas y Físicas de la fundación financiará cinco proyectos de 15.000.000 de yuanes, equivalentes a 2.300.000 dólares, cada uno, para revivir el sueño de Star Trek de visitar “la última frontera para explorar extraños nuevos mundos, buscar nueva vida y nuevas civilizaciones. Para ir audazmente a donde ningún hombre ha estado antes”.

El desafío pendiente

China quiere todo más rápido. En lugar de ir creando estaciones o colonias espaciales, su meganave pretende sostener la vida de inmediato al interior de ella si supera los retos técnicos que implica el control de los módulos, las vibraciones del montaje o mantener los componentes sólidamente anclados para ensamblar una estructura de estas dimensiones en la órbita terrestre.

Frente a ello, los investigadores tienen muchos desafíos. Los cálculos desde ahora se concentrarán en minimizar el peso de la nave espacial para reducir el número de lanzamientos y los costos de construcción.
 

Se suma el diseño de un motor de carga súper pesada para el cohete portador de próxima generación Long March 9 (CZ-9), que se prevé que realice su primer vuelo en 2030. Se espera que pueda elevar hasta 140 toneladas a la órbita terrestre baja (LEO) o 50 toneladas a inyección translunar.

También hay planes para enviar una nave espacial de carga a la estación Tiangong antes de finalizar el año, seguido por el Shenzhou-13 en octubre, que pondrá en órbita a tres astronautas y regresará con la tripulación actual.

Ambiciones sin límite

“Los chinos siguen pensando a lo grande”, destaca El Confidencial. Y no lo ocultan. Recuerda el periodo de explosión científica que ocurrió durante la época dorada de la NASA, cuando la agencia norteamericana comenzó a pensar en cómo colonizar la Luna, los asteroides y Marte con el programa Apolo.

En aquel momento todo parecía posible. Ahora, aunque China todavía está muy por detrás de la NASA y la industria aeroespacial norteamericana –que tiene prohibido trabajar con el programa espacial chino– también parece posible que el gigante asiático sea capaz de llevar su plan expansionista más allá de la órbita terrestre. Lo cierto es que China está mirando a las estrellas con mayor ambición que el multimillonario Elon Musk.

La diferencia clave con el proyecto de Musk y la ficción en Star Trek también es obvia, y está en la primera línea de la misión del plan chino: “Asegurar el uso futuro de recursos en el espacio”. Más que la exploración pacífica que se plantea en Star Trek, del director Gene Roddenberry, o el mesiánico deseo de salvar a la humanidad de Elon Musk, lo de China emula más al Imperio Galáctico.

¿Y la seguridad espacial?

¿Lo logrará? China –por ahora– tiene a favor la experiencia con los tres aterrizajes exitosos de róvers en la Luna en menos de 10 años y, aunque acaba de convertirse en el segundo país del mundo en poner uno sobre la superficie marciana –después de Estados Unidos– persiste la polémica por los desperfectos en sus equipos que vulneran la seguridad espacial, un aspecto que “no es una prioridad para China”, según afirma Technology Review.

Eso tampoco lo puede esconder. En mayo, el propulsor del núcleo de su cohete Long March 5B que lanzó Tianhe-1 terminó en una órbita descontrolada alrededor de la Tierra. Durante horas el mundo esperó expectante sin saber dónde caería el artefacto.

Por “pura cuestión de suerte” –ante la imposibilidad de predecir la ubicación del desplome– la unidad de 30 metros de altura y algo más de 20 toneladas de peso cayó en el Océano Índico, cerca de las Maldivas.

Pero este no es el único episodio de accidentes espaciales de China. En los últimos años, varios cuerpos de cohetes de lanzamientos chinos han recibido permiso para caer a Tierra, destruyendo edificios en aldeas y exponiendo a las personas a sustancias químicas tóxicas. «No es de extrañar que estén dispuestos a tirar los dados en una reentrada atmosférica incontrolada, donde la amenaza a las áreas pobladas palidece en comparación. Este comportamiento es totalmente inaceptable, pero no sorprendente».

Gabriela Moreno – PanamPost