Redacción BLesLa campaña Cero Covid llevada a cabo por el Partido Comunista Chino (PCCh) en la región del Tíbet ha  provocado desastres en muchas ciudades afectando a decenas de millones de ciudadanos.

Las brutales e ineficientes medidas de confinamiento impuestas en la región han provocado la indignación de la gente, lo que se tradujo en diversas manifestaciones que fueron rápidamente suprimidas por el aparato represor del régimen. 

Según reportaron los medios, uno de los mecanismos utilizados recientemente por el régimen para persuadir a los que protesten es el sometimiento a lo que se llamó “reeducación de Internet” o “reeducación de seguridad cibernética”.

¿En qué consiste? Básicamente desde ahora todos aquellos en la región del Tíbet que se atrevan a publicar en sus redes sociales comentarios en contra de los encierros o de las medidas implementadas por el régimen para combatir el virus de Wuhan, estarán obligados a cumplir con un programa de detención de 15 días.

Durante los días de arresto, las personas detenidas son llevadas a pabellones utilizados también para otras formas de reeducación. Estas no son escuelas como tales, sino cárceles donde los reclusos que no cooperan a menudo son golpeados o torturados.

Según el informe, los 15 días de reeducación de internet están sujetos a la “buena predisposición” y arrepentimiento del detenido, es decir que puede transformarse en más tiempo si las autoridades así lo requieren.

Solo en el distrito de Chengguan, la semana pasada al menos 22 internautas fueron detenidos bajo esta nueva normativa y aún permanecen encerrados. 

Las personas detenidas son acusadas de “difamación”, básicamente por cometer el “delito” de denunciar en sus redes sociales alguna de las ridículas políticas llevadas a cabo por el régimen para, supuestamente, combatir el virus. 

El PCCh aprovecha la pandemia para mantener encerrado al pueblo tibetano

La reciente medida de cibercontrol impuesta por el régimen no es casual. Los ciudadanos de la región han llegado al hartazgo con las medidas orwellianas que deben padecer. 

Todos los residentes de Lhasa se deben someter regularmente a la prueba de Covid y reciben los resultados en sus teléfonos celulares. En caso de dar positivo, se activará instantáneamente una alarma en el sistema de salud y un código rojo en sus celulares.

Tanto el afectado como todos sus familiares, vecinos o personas que hayan estado en cercanía del infectado, según la información que proporciona el propio celular, son trasladados en autobús a uno de los 20 campamentos de cuarentena establecidos alrededor de la ciudad.

Como era de esperar, muchos de los que no estaban contagiados, al llegar a ese lugar lleno de personas infectadas, terminan de igual modo con Covid positivo.

La gente ha comenzado a publicar en redes sociales las pésimas condiciones en las que se encuentran estos campos de cuarentena, con condiciones de higiéne pésimas y alimentos escasos e incluso en estado de putrefacción. 

Varios videos que circularon en las redes sociales denuncian el maltrato y el abuso del régimen chino al pueblo tibetano desde que se impusieron las restricciones por Covid.

En los videos publicados se observa a muchas personas esperando en filas en medio de la noche para ser transportadas en autobuses hacia los campos de cuarentena, levantados de forma improvisada.  

Los ciudadanos abrumados por la situación utilizaron las redes sociales de Weibo, Douyin y otras plataformas para informar sobre las condiciones insalubres de estos campamentos.

Una mujer tibetana informó que fue obligada a llevar a su familia a convivir en cuarentena con 800 personas más en un campamento. La mujer aseguró que sus hijos levantaron fiebre y que no había médicos, medicamentos o tratamientos médicos.

Esto despertó la ira del PCCh, y las autoridades de la región dejaron en claro que difundir en Internet información no respaldada por el PCCh es un delito. De este modo, el PCCh encontró otra herramienta para amedrentar al pueblo Tibetno.

Es sabido que el pueblo tibetano desde hace tiempo experimenta la violencia y la persecución del PCCh. Por lo que es inevitable pensar que la campaña Cero Covid es en realidad un pretexto más para seguir cometiendo abusos contra los derechos humanos de los habitantes del Tíbet.

El Tíbet, una región reprimida por el régimen comunista chino

El Tíbet, muchas veces descrito como una región mágica que exhala paz, cargada de espiritualidad y de un fuerte misticismo potenciado por el imponente entorno natural del Himalaya. 

Allí el tiempo parece haberse pausado junto con su cultura, que lucha por mantener con vida su idioma autóctono, sus costumbres y su religión tal como la transmitieron los milenarios ancestros tibetanos. 

El PCCh tomó el control total de la vasta región del Himalaya en 1951, luego de que las tropas de Mao Zedong invadieron las débiles y pacíficas defensas del Tíbet. Durante los siguientes años el régimen chino fue endureciendo constantemente su trato en la región.

Luego de ocho meses de la infernal ocupación y bajo evidente presión del régimen comunista, el Dalai Lama, líder tibetano con apenas 15 años, firmó el polémico “acuerdo de los 17 puntos”, oficializando la anexión del territorio tibetano a China.

Luego siguió la Revolución Cultural del régimen comunsita chino, y el Tíbet sufrió irreversibles daños en su patrimonio cultural y religioso, se destruyeron templos y monasterios budistas, al mismo tiempo que se asesinaron a sus monjes y seguidores. Desde ese momento nada volvió a ser igual.

En las siete décadas desde la firma del acuerdo, el régimen chino ha instituido unilateralmente políticas cada vez más duras buscando socavar la cultura y la religión tibetanas, negando sistemáticamente la libertad de expresión al pueblo tibetano.

A pesar de la terrible persecución que perdura hasta el día de hoy con constantes hostigamientos por parte del PCCh en el Tíbet, las creencias religiosas se mantienen firmes y sus ciudadanos llevan a cabo una vida de entrega hacia lo divino, siguiendo sus creencias espirituales.

André Vacca –Redacción BLes

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