Redacción BLesEl 21 de junio de 2022 entró en vigor en Estados Unidos la Ley de Prevención del Trabajo Forzado Uigur (UFLPA, por sus siglas en inglés), a partir de la cual se busca regular las importaciones provenientes de la región de Xinjiang, China, donde se estima que millones de uigures y miembros de otras minorías perseguidas por el Partido Comunista Chino (PCCh) están siendo víctimas de trabajo esclavo.

Ya hace unas semanas que ha comenzado la cosecha de algodón en la región de Xinjiang, una de las más grandes del mundo, y es la primera luego de la imposición de la UFPLA. Los efectos son notorios ya que la notable reducción en la demanda hizo que los precios cayeran más de un 20 por ciento. 

El costo por tonelada de algodón crudo este año se ha reducido a alrededor de 15.500 yuanes (2.178 dólares), por debajo de los más de 20.000 yuanes por tonelada del año pasado.

Un año atrás, cuando ya se conocían las intenciones de la UFPLA pero aún no se había implementado, la realidad era completamente diferente. Las compras eran frenéticas y los molinos no daban abasto para cumplir con la demanda. 

La gran inflación de Estados Unidos y el temor a una recesión global, aunque en menor medida, también podrían estar influyendo en la notable baja de precios del algodón, afirman algunos analistas.

Según indicó el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA, por sus siglas en inglés), su pronóstico para la próxima cosecha de algodón dentro de Estados Unidos subió a 3,01 millones de toneladas en septiembre, frente a los 2,7 millones de toneladas del mes anterior. Esto sería una consecuencia directa de que los importadores de algodón en Estados Unidos se están volcando al mercado interno.

La producción de algodón en Xinjiang sin embargo no ha disminuído, lo que provocará que el régimen comunista chino se encuentre a finales de temporada con un sobrestock de la materia prima. 

Esto seguramente puede llegar a hacer que el precio del algodón chino continúe bajando, lo que puede provocar a corto plazo una alteración en los mercados. 

¿Qué implicancias tiene la Ley de Prevención del Trabajo Forzado Uigur?

Según las nuevas reglas determinadas en la UFLPA, las empresas estadounidenses no pueden importar productos de la región de Xinjiang de China a menos que puedan demostrar fehacientemente que los mismos no son producidos bajo condiciones de trabajo forzado o esclavitud.

Cuando se implementaron las medidas muchos funcionarios estadounidenses instaron a los países aliados y socios comerciales para que se unan al boicot contra la explotación perpetrada por el régimen comunista chino.

Un mes después de que se anunció el inicio de las nuevas reglamentaciones en Estados Unidos, sus principales aliados parecen comprometidos a seguir el ejemplo de Washington de prohibir los productos de trabajo forzoso en la región china de Xinjiang.

Thea Lee, subsecretaria adjunta de asuntos internacionales del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, mencionó durante una entrevista con Reuters el compromiso tomado con sus contrapartes, incluyendo a la Unión Europea, Canadá y México, para asesorar sobre cómo implementarán sus propias restricciones sobre los productos fabricados con trabajo forzado.

Esto implica que no solo el mercado estadounidense ha limitado las compras en la región, sino gran parte de otras potencias comerciales están comenzando a seguir la misma línea. 

El Parlamento Europeo anunció a mediados de junio de 2022 la adopción de dos resoluciones históricas sobre derechos humanos las cuales podrían afectar directamente a los sectores de la industria textil que se benefician de la explotación laboral de los presos de conciencia. 

La primera resolución solicita una serie de nuevos instrumentos comerciales destinados a prohibir la importación al mercado de la Unión Europea (UE) de todos los bienes producidos con trabajo forzoso.

La segunda resolución se centra en los derechos humanos en la región semi autónoma de Xinjiang y los archivos de investigación que advierten sobre la persecución y explotación de los uigures. Por ello, vuelve a pedir un instrumento comercial que prohíba la importación de bienes, principalmente textiles, producidos con trabajo forzoso en la región.

Cabe destacar que la Unión Europea es el segundo mercado más grande de exportaciones chinas luego de Estados Unidos, por lo cual se espera que este tipo de medidas restrictivas, si realmente se llevan a cabo como se anuncian, podrían generar un impacto real contra la explotación laboral.

El camino aún es largo y la explotación continúa

La región de Xinjiang, donde se concentra la persecución a la minoría uigur,  es una fuente importante de materias primas, como el algodón, pero también de productos manufacturados, muchos de los cuales llegan a los mercados de los países desarrollados

Ciertos productos clave producidos en Xinjiang como el algodón, el tomate y el polisilicio (utilizado para los paneles solares) son bien conocidos y fácilmente detectables, lo cual permite fácilmente a las grandes potencias como Estados Unidos limitar sus importaciones y afectar su producción. 

Pero Xinjiang se ha convertido durante las últimas décadas en un eslabón importante en la cadena de suministro mundial de importantes industrias como la automotriz, las baterías e incluso la farmacéutica. 

De hecho, otros productos fabricados en la región semiautónoma del régimen chino participan en centenares de rubros diseminados en todo el mundo. 

En consecuencia, los insumos del trabajo forzoso de Xinjiang se encuentran en la ropa que usamos, los alimentos que consumimos, los medicamentos que ingerimos e incluso los pañales que les ponemos a nuestros bebés.

El impacto del trabajo forzoso uigur es global, la baja de precios del algodón por la reducción de la demanda es sin duda una buena noticia, pero no implica que el problema está resuelto.

Las denuncias de persecución y explotación por parte del régimen comunista, tanto de uigures como de otras minorías, continúan surgiendo. 

Revertir esto requiere de un compromiso real de más países y sobre todo de aquellas potencias comerciales y consumidores que aún se benefician, directa o indirectamente, de la explotación laboral de determinados sectores.

Andrés Vacca –Redacción BLes

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