Redacción BLes– Desde que la administración del líder del régimen chino, Xi Jinping, iniciara el proyecto de La Franja y la Ruta (BRI, por la sigla en inglés) alrededor del mundo, al menos 40 países de África apoyaron sus esperanzas de desarrollo en él.

No obstante, luego de varios años de interacción, los resultados no han sido los esperados, y, en consecuencia, las quejas y protestas de la población civil caracterizan esa relación. 

De hecho, una investigación del European Economic Review, del año pasado, reveló que las regiones que acogen proyectos dirigidos por China son las más propensas a generar protestas. Los autores describieron:

“Además, nuestro análisis sugiere que la mayor percepción de los ciudadanos sobre la creciente influencia de China en la economía nacional, y la menor confianza en el gobierno local son dos canales a través de los cuales los proyectos podrían motivar las protestas locales”.

Todo esto suele disminuir la confianza de los ciudadanos en sus instituciones gubernamentales, impulsándolos a protestar, en vez de votar. El mismo análisis confirma que en las zonas con un mayor número de proyectos chinos sí disminuye la confianza en el gobierno local.

Protestas por la incursión de Beijing en África

En países como Angola, Ghana, Gambia, Kenya, y la República Democrática del Congo se han producido manifestaciones contra los proyectos financiados por China. 

Las protestan son motivadas, principalmente, por los efectos de la neo colonización, el impacto en los recursos naturales, la cultura, los derechos humanos y la independencia de los países influenciados

La fuerte incursión del Partido Comunista de China (PCCh) no es solo comercial, sino también ideológica. 

De hecho, financió con 40 millones de dólares la Escuela de Liderazgo Mwalimu Julius Nyerere, en Tanzania. A su inauguración asistieron la presidenta de Tanzania, Samia Suluhu Hassan, y varios líderes de países vecinos, el 23 de febrero.

Esta escuela es para formar a funcionarios de partidos políticos en el sur de África en el modelo comunista aplicado por el régimen chino. 

La escuela de liderazgo suscitó polémica. La candidata al doctorado en la Universidad de Ciudad del Cabo, Mandira Bagwandeen, se pronunció sobre el avance ideológico del PCCh en África.

Bagwandeen, informó que Beijing ha intentado difundir aspectos de su “socialismo con características chinas” entre las élites africanas.

Ampliando el contexto, señaló que había establecido vínculos con más de 600 partidos y organizaciones políticas en cientos de países y regiones.

Y agregó: “El [PCCh] cultiva el apoyo y el consentimiento para las ambiciones internacionales de Beijing, y busca construir amistades de permanentes”.

Asimismo manifestó: “Además, al cultivar lazos más estrechos con las élites y organizaciones políticas extranjeras, China (a través de su diplomacia de la chequera) también se asegura de que muchos países hagan la vista gorda a algunas de sus atroces políticas internas, y apoyen su política de una sola China”.

Por ‘diplomacia de la chequera’ se conoce la política exterior que abusa de la ayuda económica y la inversión entre países para ganarse el favor diplomático.

Igualmente, el comentarista político africano, Andrew Bomani, comentó sobre la escuela de liderazgo: 

“Debo confesar que la inauguración me dejó un regusto amargo ante la moda que ha arraigado en África por la que se busca la ayuda china en ámbitos que deberían ser nuestro propio motivo de orgullo. ¿Cómo es posible que nuestros países no tengan los medios para desarrollar una institución orientada a honrar nuestra propia luminaria?”.

Por otro lado, los países occidentales critican el intento de China de adquirir “poder blando” (ganar poder económico y cultural sin coerción) en el continente africano, con sus comprometedoras inversiones y préstamos.

Argumentan que podría socavar la buena gobernanza y los derechos humanos. En cierto sentido, las protestas de los ciudadanos podrían tomarse como una confirmación de esos pronósticos. 

De la larga lista de protestas se toman solo algunas a modo de ejemplo. Entre ellas, en el archipiélago keniano de Lamu, los residentes y las empresas locales bloquearon una propuesta de central eléctrica de carbón de compañías chinas, porque perjudicaría a la industria turística local. 

Además, en Gambia, la población se alzó contra las procesadoras chinas de pescado, que vertieron sus residuos en las reservas naturales cercanas, afectando a la industria pesquera local y al medio ambiente. 

En otro caso, en 2012, los trabajadores de Zambia protestaron contra los bajos salarios y las peligrosas condiciones de trabajo en las minas gestionadas por empresas chinas, e incluso mataron a un gerente chino.

Es de considerar que la financiación china tiende a ser utilizada por las élites locales para perseguir sus propios intereses y obtener muchos beneficios personales.

Asimismo, se asume que propicia falta de transparencia en las condiciones de los préstamos, lo que da a los líderes políticos locales más poder para asignar recursos innecesarios y excesivos a los proyectos.

El comercio entre África y Beijing

El comercio entre África y China aumentó en el año 2021 un 23%, hasta los 64.800 millones de dólares, en el primer trimestre. En este caso, las empresas chinas  importaron 29.700 millones de dólares, mientras que las exportaciones a África fueron de 35.160 millones de dólares, lo que revela una ventaja para Beijing en la balanza de pagos.

En este sentido, la Misión de China ante la Unión Africana se jactó de haber superado a Estados Unidos, diciendo: “Incluso bajo el telón de fondo de la pandemia de Covid-19, el comercio entre China y África ha resistido… que ha superado el valor total del comercio entre Estados Unidos y África para 2021”.

Las exportaciones de empresas vinculadas al régimen chino a África ascendieron a más de 113.000 millones de dólares en 2019, pero recibieron 95.500 millones de dólares en importaciones. Así se generó un déficit comercial de casi 18.000 millones de dólares para las economías africanas.

Es claro que las importaciones del régimen chino consisten en materias primas y recursos naturales, tales como minerales y metales, entre ellos cobre y litio.

Por ejemplo, de Angola obtiene petróleo y de la República Democrática del Congo la mayor parte del cobalto, un componente esencial de las baterías de los vehículos eléctricos, los teléfonos inteligentes, las tabletas y los ordenadores portátiles.

Como resultado de las materias primas importadas de África: “La producción china de células solares y vehículos de nueva energía aumentó un 24,3% y un 140,8% respectivamente, en términos interanuales”, señaló la Oficina Nacional de Estadística del PCCh. 

Adicionalmente, Beijing compra productos agrícolas africanos como chiles, anacardos, semillas de sésamo y especias. También soja de Tanzania, aguacates, té, café y las rosas de Kenia, el café y la soja de Etiopía, productos cárnicos de Namibia y Botsuana, y fruta de Sudáfrica.

Por su parte, Teresa Nogueira Pinto, experta en asuntos africanos, informó sobre un importante cambio en el enfoque de Beijing hacia el continente: “Ahora se centra menos en las infraestructuras y los préstamos y más en el comercio”, comentó Pinto.

¿El crecimiento económico de China se hunde?

No obstante, el contexto económico de China no deja de preocupar a las entidades internacionales y a sus socios comerciales, entre ellos a los países vinculados al BRI.

Es de tener en cuenta que aunque el PCCh anunció una meta de crecimiento anual de “alrededor del 5,5%”, para el banco francés Natixis calcula que el crecimiento económico de China este año sea del 4,2%, según sus previsiones recientes.

Estas previsiones son corroboradas por los bancos multinacionales, Goldman Sachs, Citi, JP Morgan y Morgan Stanley, que sitúan el crecimiento para la segunda economía del mundo entre el 4% y el 4,3%.

Más aún, el primer ministro chino, Li Keqiang, lo admitió diciendo: “Bajo la influencia de los nuevos brotes de coronavirus y los cambios en la situación internacional, entre otros factores inesperados, algunos indicadores económicos se han debilitado significativamente desde marzo, especialmente en abril”.

Por su parte, la autora Kandy Wong expresó: “Los principales indicadores que miden el estado de la economía china no cumplieron las expectativas en los datos publicados el lunes (16 de mayo) con la producción industrial, las ventas al por menor, la inversión en activos fijos y la tasa de desempleo encuestada cayendo a sus niveles más débiles en más de dos años”.

Todo indica que las presiones políticas internas añaden urgencia a la situación, lo cual también se percibe en parte del discurso de Li, quien añadió: “Todas las localidades y departamentos deben intensificar su sentido de la urgencia, y hay que utilizar las nuevas medidas que se puedan emplear”.

Es de prever que ese apremio esté marcado por el evento político decisivo que se espera a finales de este año, que es el vigésimo Congreso del Partido Comunista de China.

En este contexto, el desempleo fue del 6,1 por ciento en abril, el nivel más alto desde marzo de 2020, y la segunda lectura más alta desde 2018.

Asimismo, el segmento de la población más afectado es el de los jóvenes entre 16 y 24 años, que alcanzó un récord del 18,2% el mes pasado. 

Es de esperar que las circunstancias empeoren en un mercado laboral que aumentará con 10,76 millones de graduados universitarios este año.

Las inversiones en el proyecto BRI se agotan

En cuanto a las inversiones proyectadas para el proyecto BRI, se nota una fuerte disminución, que llega casi al agotamiento.

Las inversiones chinas en los 138 países vinculados al BRI cayeron un 54% a partir de 2019 hasta los 47.000 millones de dólares el año pasado, la cantidad más baja desde que se presentó la BRI en 2013.

En África, con al menos 40 países vinculados, la financiación de los bancos chinos para proyectos de infraestructuras cayó de 11.000 millones de dólares en 2017 a 3.300 millones en 2020, según un informe del bufete internacional Baker McKenzie indicó Reuters en noviembre. 

Un ejemplo de los proyectos truncados se aprecia en Kenia, donde no hubo suficiente dinero para el enlace ferroviario ultrarrápido de 1.000 km desde el puerto de Mombasa hasta Uganda. Este termina abruptamente en el campo, a 468 km de la frontera.

Kenia ya gastó unos 5.000 millones de dólares en su nuevo enlace ferroviario, y carece de los 3.700 millones de dólares que cuesta terminarlo. A la última estación solo se llega por caminos de tierra.

Los analistas y académicos atribuyen la ralentización a factores como la disminución del apetito de Beijing por las grandes inversiones extranjeras, y al desplome de los precios de las materias primas.

Estos factores dificultan el pago de la deuda africana, y también han influido en la reticencia de algunos prestatarios a suscribir acuerdos de préstamo respaldados por sus recursos naturales.

“Ya no estamos en el período de bonanza”, dijo Adam Tooze, historiador de la Universidad de Columbia, sobre los proyectos de inversión de China en el extranjero. Y agregó que el superávit por cuenta corriente de Beijing estaba “disminuyendo un poco”.

Esto afecta a los gobiernos que preveían obtener préstamos chinos para construir las obras de infraestructura que habían planeado. 

Así, los retrasos complicaron a otros proyectos del BRI, como el de un ferrocarril en Nigeria de 3.000 millones de dólares y en Camerún una autopista de 450 millones de dólares.

La autopista debería unir la capital, Yaundé, con el centro económico de Douala. Aunque la financiación fue asegurada por el Eximbank de China en 2012, se estancó en 2019, cuando este dejó de desembolsar el dinero.

El Banco Africano de Desarrollo, calcula un déficit anual de inversión en infraestructuras de unos 100.000 millones de dólares. Las disminuciones de la financiación del PCCh también repercutieron en otros países. 

De acuerdo con un estudio de septiembre, fueron cancelados 11.580 millones de dólares en proyectos en Malasia hasta el año pasado. En Kazajistán  casi 1.500 millones de dólares, y más de 1.000 millones en Bolivia, señaló Reuters. 

Aumenta la frustración de los países del BRI

Entretanto, aumenta la oposición en los países vinculados al BRI, y se acumulan las deudas, lo que facilita el camino para los eventuales rivales, reveló un nuevo estudio.

En este sentido se pronunció AidData, un laboratorio de investigación del College of William and Mary de Estados Unidos, manifestando con base en uno de sus estudios:

“Un número cada vez mayor de responsables políticos de países de renta baja y media están cancelando proyectos de la BRI de alto perfil debido a la sobrevaloración, la corrupción y la preocupación por la sostenibilidad de la deuda”, según Brad Parks, uno de los autores del estudio.

Y agregó que el desencanto de los habitantes dificulta que los países participantes mantengan relaciones estrechas con Beijing.

Así, se presentó el “remordimiento del comprador” en países tan lejanos como Kazajistán, Costa Rica y Camerún.

Simultáneamente, los riesgos de los países ante las dimensiones de las deudas con el régimen chino aumentan , ya que la deuda china supera el 10% del producto interior bruto (PIB) en muchos países de ingresos bajos y medios.

La encuesta reveló que el 35% de los proyectos de la Franja y la Ruta tenían problemas de corrupción, violaciones laborales, contaminación ambiental y protestas públicas.

Otra circunstancia agravante es la de que varios países han perdido infraestructuras nacionales críticas por culpa de las llamadas “deudas trampa”, de las que se acusa a Beijing. 

De esta manera, los recortes a la financiación del régimen chino podría estar señalando el declinar de su presencia en África. 

En este contexto, Parks comentó sobre la iniciativa anunciada en junio por Estados Unidos y generada por la asociación de países del G7 conocida como Build Back Better World (B3W).

Este proyecto se enfocaría en proporcionar ayuda financiera a las naciones en desarrollo para construir infraestructuras. 

“B3W va a aumentar las opciones en el mercado de la financiación de infraestructuras, lo que podría provocar algunas deserciones de alto perfil del BRI”, expresó Parks.

Así, Estados Unidos estaría aprovechando las frustraciones con Beijing para fortalecer su presencia en los países africanos. 

Los “acuerdos de infraestructura de otras naciones son opacos, coercitivos”, dijo el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, en Nigeria, en noviembre.

Y agregó, refiriéndose a esas naciones sin mencionar al PCCh: “Cargan a los países con una deuda inmanejable”.

Por su parte, el jefe del Servicio Secreto de Inteligencia británico advirtió que Beijing utiliza el dinero para “enganchar a la gente”. Esto corrobora las apreciaciones de Blinken, y también las causas por las cuales se rebelan los países africanos contra el régimen chino.

José Hermosa Redacción BLes

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