Enfrentado a la “dictadura de la toga”, el poder judicial y una inminente candidatura de Lula da Silva, Bolsonaro muestra su popularidad.

La popularidad del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se puso a prueba una vez más mediante un desfile de motos en Río de Janeiro. A poco más de un año de las elecciones presidenciales, el mandatario recorrió las calles de la ciudad carioca, para mostrar que cuenta con el apoyo de los ciudadanos durante su gestión y que aspira a una reelección en el 2022.

Más de 40000 motociclistas se congregaron para desfilar junto al mandatario, mientras otros se acercaron a fotografiarse y apoyar la manifestación. Es la segunda vez que hay un acto similar este mes. En el día de la madre, 9 de mayo, el presidente encabezó un desfile de motos en la capital del país, Brasilia. Fueron tantos que se difuminaban en el horizonte.

También a inicios de mes convocó a alrededor de 2 millones de personas en las principales ciudades del país. Logró convertir a una fecha históricamente alusiva a las luchas comunistas, el 1 de mayo, en un día donde el trabajo pasó de ser un derecho al ejercicio de una libertad.

Pues en el marco de la pandemia del coronavirus, mientras diversos gobernadores estatales y el Tribunal Supremo Federal, la más alta instancia de la justicia en Brasil, impulsaron medidas restrictivas, Bolsonaro dio a sus ciudadanos la libertad de trabajar.

La lucha por la libertad es la lucha contra el comunismo. Así lo manifestaron los líderes religiosos cristianos que se congregaron en Sao Paulo en la misma fecha.

Libertad religiosa convoca respaldo para Bolsonaro

Mientras en otros países la libertad de culto se ha visto limitada por las restricciones del coronavirus, Bolsonaro ha primado la libertad religiosa como actividad esencial.

Ante esto, líderes de las iglesias evangélicas, de la Iglesia Católica, la ortodoxa, todos bajo la imagen de Cristo, bajo la bandera de Brasil, se reunieron para decir que Brasil nunca será un país comunista, socialista. Brasil es un país cristiano.

«Yo autorizo al presidente» fue la consigna principal que unió a millones de brasileños bajo un grito que deja en claro a los demás poderes de la República que el pueblo eligió a Jair Bolsonaro y no permitirán que pasen por encima de su voluntad.

En esa ocasión, la ciudad de Río de Janeiro se manifestó en la playa multitudinariamente, frente a lo cual Eduardo Bolsonaro, diputado, preguntó si en verdad  Lula Da Silva tiene el apoyo popular, como alegan los medios masivos.

«Bolsonaro lucha por la libertad de trabajar», afirmaron los cariocas.

Posiblemente se enfrenten Bolsonaro y Lula en las urnas, puesto que el Tribunal Supremo Electoral restauró los «derechos políticos» del expresidente Lula, lo cual facultaría su candidatura presidencial en el 2022.

En una república, dividida en tres poderes, el hombre a cargo del Ejecutivo se enfrenta a lo que sus simpatizantes llaman la dictadura de la toga. El equivalente a la Corte Suprema, el Tribunal Supremo Federal, está no solo enfrentado al presidente sino que incluso persigue judicialmente a sus simpatizantes, muchos de ellos bajo prisión domiciliaria.

Además, el tribunal está presionando al Senado para que el poder legislativo se enfrente al ejecutivo.

No obstante, aliados al presidente ahora ocupan los lugares más altos de la rama legislativa y hasta ahora han podido resistir el llamado al juicio político.

Lo que ahora buscan demostrar Bolsonaro y sus simpatizantes es que cuenta con el apoyo ciudadano. Fueron ellos quienes lo llevaron al poder y quienes harán respetar su voto.