Descansar en paz es un piadoso deseo frustrado entre los venezolanos. Vivos y muertos conviven obligados por el socialismo del régimen de Nicolás Maduro que los priva a unos de un techo digno y a los otros de bajar tranquilos al sepulcro.

El cementerio General del Sur, en Caracas, es el reflejo de esta incalificable realidad donde bebés duermen en cartones sobre las lápidas, comen y juegan entre las ruinas de los ataúdes que exponen las osamentas humanas a raíz de su profanación mientras que sus padres rebuscan en el lugar, revela NTN24.

Es la cara del desempleo, la pobreza y el incumplimiento de “las misiones y grandes misiones socialistas que son el milagro y la garantía del bienestar, la estabilidad y la protección integral para los pensionados, las embarazadas, el niño, la niña y de toda la familia venezolana”, que una y otra vez repite Maduro en sus redes sociales.

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Vida sin paraíso

Convertir un cementerio en hogar constituye el reflejo más cruel del déficit de viviendas en el país con dos décadas de socialismo. Cifras de la Cámara de la Construcción apuntan que este supera los 2,5 millones de unidades que cada año acumula un déficit de 160.000 viviendas basado en una población de 28 millones de habitantes y un crecimiento interanual de la población de 3 %.

Los proyectos del chavismo ni siquiera rondan las 30000 viviendas anuales ante la escasez de insumos para la construcción, y desde 2012 la caída que acumula el sector es de 90 %.

Sin mencionar que al cierre de julio del año pasado, los créditos hipotecarios en Venezuela sólo representaban 0,6 % de la cartera de los bancos y ahora con la dolarización de facto los inmuebles oscilan entre 4000 y 1.000.000 de dólares en el mercado paralelo.

Pensar en un alquiler es imposible desde 2016, cuando el 57 % de los alojamientos producidos anualmente en el país se hacían a través de los mecanismos informales, sobre terrenos no urbanizados: las denominadas invasiones. Como la del cementerio General del Sur.

Sepulcros a la vista

Con semejante realidad habitacional, el camino es hacer vida con los del más allá y la profanación de sus tumbas se vuelve un negocio. Un diente de oro, una prenda en buenas condiciones y osamentas sirven para lucrar a quienes residen en el camposanto cuando el hambre supera los escrúpulos.

Cualquier hallazgo funciona porque “todo se puede usar para brujería, revender o piratear” divulga El Diario.

De esa forma se arruinó el valor patrimonial del cementerio inaugurado en 1876 y que figura en la lista de monumentos históricos del país desde 1892. Esos son solo datos, referencias de papel. La realidad es que las 240 hectáreas que lo componen son los terrenos fúnebres deshonrados.

Los féretros son escombros. Los mausoleos que una vez se levantaron en honor a figuras patrióticas y artísticas o de servicio social como los bomberos son amasijos de hierro plagados de maleza.

Los que se mantienen –alrededor de 40%– revelan que el lugar es un terreno para sepulturas que desde lo lejos sorprende, pero desde cerca indigna. La agencia BBC retrató el drama.

Neveras para secuestradores

El cementerio General del Sur también es guarida para secuestradores. En sus terrenos, las bandas organizadas y dedicadas al secuestro esconden a sus víctimas mientras negocian con sus familiares la liberación.

Ahí, el camposanto pasa al rol de «nevera» para enfriar a las víctimas de cautiverio, otro negocio «rentable» con el que se obtienen hasta 50000 dólares por rescate, según ABC

Mentiras muertas

“Obras de mantenimiento y recuperación” para “dignificar donde reposan las almas de muchos venezolanos” era la promesa que dos años atrás vociferaba la chavista Érika Farías, alcalde del municipio Libertador de Caracas y responsable de la administración del cementerio.

En un recorrido en auto, manejado por ella, por sus predios anunció un plan de inversión para “ampliar las terrazas y el servicio funerario” en este y otro cementerio de la capital venezolana. En aquel momento insistía en que las iniciativas del socialismo para el “espacio santo” eran indetenibles. Sus palabras también las enterró el tiempo.

La única certeza frente a esta opacidad, es creer en la letra sagrada: polvo eres y en polvo te convertirás. En algún momento, porque eso sí es lo único seguro.

Gabriela Moreno– Panampost.com