Redacción BLes – Un reportaje de la BBC ha puesto de manifiesto los enormes contrastes y casi absurdos que rodean al abastecimiento de combustible en Venezuela

Hay zonas del país, donde el combustible en las estaciones de servicio de la petrolera estatal venezolana (PDVSA) es practicamente gratuito, como cuenta al medio británico Edgar, empleado de una gasolinera de Caracas. 

Los clientes, que son conscientes del bajo precio del carburante y ante los bajos sueldos que cobran los empleados públicos, unos 10 dólares al mes optan por pagar con bienes de consumo, víveres y objetos de lo más variopinto.

“Algunos me dan paquetes de arroz o de harina pan; esos son los buenos clientes”, cuenta Edgar.

“A veces te dan caramelos, paquetes de galletas; uno acepta lo que le den”, añade. 

Racimos de plátanos, huevos y hasta un rotulador son algunos de los ‘pagos’ que Edgar recibe. 

Sin embargo, la situación del combustible no es igual en todo el país. 

En estados como Zulia, Bolívar o Táchira la gente tiene que hacer interminables colas para repostar debido a los problemas en el suministro, que cada vez es más complicado. 

La caída de la producción petrolera, la falta de mantenimiento de las infraestructuras y la ineficiencia de la gestión de PDVSA provocan una grave falta de suministro

En Maracaibo, una de las ciudades más importantes del país se forman colas enormes para repostar. 

La gente viaja con bidones de gasolina en el capó y en ciudades como Tumeremo se intercambian gasolina, bolívares y oro en tenderetes en la calle. 

El conductor José López, que se gana el sustento trasladando pasajeros, explica a la BBC que normalmente lleva oro para poder conseguir efectivo para pagar el combustible en los lugares donde es más escaso y los contrabandistas lo venden más caro.

“Aquí conseguir gasolina se está convirtiendo en una cuestión de supervivencia del más apto. Hace falta mucho aguante para pasar cuatro días haciendo cola”, cuenta Vanessa Rubio al mismo medio. 

“Yo llegué el jueves a las 8 de la mañana a una cola de aproximadamente 5 kilómetros. Un señor pasó numerando los carros y me dieron el 745”, añade. 

La mujer cuenta que es realmente desoladora la situación en un lugar donde prácticamente no hay transporte público. 

“Uno termina conociendo a la gente que está alrededor, se hacen favores y turnos para que puedan ir a bañarse a sus casas”, cuenta Rubio.

También los primeros puestos de la fila se venden, “hay gente que ofrece hasta 50.000 ó 60.000 pesos colombianos (entre 15 y 18 dólares)”, concluye. 

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