En Bogotá, Medellín y Cali hubo manifestaciones en las calles contra propuestas de Petro como la reforma tributaria. Mientras tanto, el mandatario colombiano inauguraba en la frontera la reanudación del intercambio comercial con la dictadura chavista.

Mientras el presidente de Colombia, Gustavo Petro, celebraba en la frontera la reapertura de los puentes que conectan con Venezuela para reanudar el intercambio comercial con el régimen chavista, miles de colombianos protagonizaban masivas marchas contra su gobierno en las principales ciudades del país como Bogotá, Medellín y Cali, en protesta contra las reformas que se traducirán en más impuestos y riesgos de confiscación de pensiones.

“Petro ladrón, no se robe mi pensión” y “Para redistribuir la riqueza primero hay que crearla”, fueron algunas de las pancartas que destacaron en la primera jornada de movilizaciones de calle contra la administración izquierdista que pretende aprobar una reforma tributaria por un monto que duplica la del expresidente Iván Duque que desencadenó un paro nacional promovido por el hoy presidente Gustavo Petro, con protestas que en muchos casos terminaron con violencia y vandalismo.

Los manifestantes que se expresaron este lunes también rechazaron otras propuestas del oficialista Pacto Histórico como la reforma al sistema  de salud y al régimen de pensiones, así como a la “paz total” que podría reeditar los Acuerdos de La Habana del expresidente Juan Manuel Santos que se tradujeron en impunidad frente a las atrocidades de la narcoguerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ahora Petro pretende un pacto similar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) e incluso con otros grupos narcotraficantes como el Clan del Golfo.

Y otra medida cuestionada en las calles es la reanudación de relaciones plenas con la dictadura chavista de Nicolás Maduro, a propósito de la reapertura de la frontera que se concretó este lunes con la presencia del mandatario colombiano en la línea limítrofe mientras se llevaban a cabo las protestas contra su gobierno en distintas ciudades.

Frontera abierta

Si bien muchos ciudadanos de ambos lados de la frontera se verán beneficiados con la medida que permite el intercambio comercial terrestre y marítimo, así como la reanudación de vuelos entre Bogotá y las ciudades venezolanas de Caracas y Valencia, es la dictadura chavista la que se queda con la mejor parte.

Después de que más de 60 países –incluido Colombia– no reconocieran al régimen de Maduro, reelecto en 2018 en unas elecciones sin legitimidad, la Casa de Nariño al mando de Gustavo Petro no solo le lava la cara al dictador venezolano con un acto de aparente normalidad democrática sino que además le permite engrosar sus arcas con los ingresos que recibirá producto del intercambio comercial con Colombia para seguir financiando al régimen acusado por Estados Unidos de narcotráfico e investigado en la Corte Penal Internacional por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.

En su discurso en la frontera, Petro calificó a este lunes 26 de septiembre como “un día histórico para la región” y destacó que “la globalización es antes que nada una relación entre vecinos”.

Con camiones cargados con mercancía que cruzaron la frontera hacía ambos lados portando la bandera de su respectivo país, el mandatario colombiano dio por inaugurada la relación comercial con su homólogo Nicolás Maduro, quien fue el gran ausente. En su lugar estuvo el gobernador chavista del estado Táchira, Freddy Bernal, así como el embajador designado por Maduro en Colombia, su excanciller, Félix Plasencia.

Por José Gregorio Martínez – Panampost.com

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