Mientras el gobierno interino, a través del embajador Carlos Vecchio, rechaza como árbitro al nuevo CNE, la Administración Biden no lo descarta para una “solución negociada”. El analista político Alfredo Ortega dijo que “cualquier intento de negociación será un parapeto, como todos los anteriores”

El apoyo de la Administración de Joe Biden al gobierno interino del opositor de Juan Guaidó en Venezuela pierde oxígeno. La designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) por parte de la Asamblea Nacional fraudulenta del régimen de Nicolás Maduro con dos figuras antichavistas –en teoría– suaviza el discurso de rechazo de la Casa Blanca contra los socialistas y cede espacio a la posibilidad de reconocimiento de las acciones que deriven de este organismo. Pero desde el interinato el rechazo es total.

El mensaje de Julie Chung, subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EE. UU., en su cuenta en Twitter, deja esa estela en el ambiente político al evitar referirse al nombramiento de los rectores comiciales porque “depende los venezolanos” decidir si contribuirán con soluciones a la crisis, según sus palabras.

Detrás de este mensaje hay varios factores claves. Uno de ellos es que Washington se contrae de forma sigilosa frente a la discordia que prevalece entre las fuerzas opositoras –unas a favor y otras en contra de este CNE– para medir su grado de compromiso con los supuestos intereses de la población. Otro, aún más evidente, es la reducción de respaldo a Guaidó cuando Biden se flexibiliza ante la jugada con aparente institucionalidad de Maduro, evadiendo condenarla abiertamente para alertar sobre su origen ilegítimo, como ocurrió durante toda la Administración de Donald Trump.

Le recomendamos: El discurso más vigente de Trump: “Nosotros, el pueblo, recuperamos el control de nuestro gobierno”

Ad will display in 09 seconds

Polarizando para ganar el partido

El embajador del gobierno interino de Guaidó en Estados Unidos, Carlos Vecchio, reinterpreta estos hechos para adaptarlos a favor de su jefe.

Sin demora, refugia y enmarca su discurso en Twitter en la misma línea de los senadores Rick Scott, Mario Díaz-Balart y Debbie Wasserman Schultz –estos últimos dos copresidentes del Caucus de Democracia en Venezuela del Congreso de Estados Unidos– quienes rechazan la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral alegando que “Maduro está intentando aferrarse al poder con una institución ilegítima, de su propia creación, llena de sus compinches, elegidos para sellar futuras tomas de poder y corromper aún más las instituciones que alguna vez fueron democráticas en Venezuela.

Múltiples veces les respondió Vecchio en la red social. A cada uno le expresó su agradecimiento por reconocer que «Maduro busca ganar indulgencia internacional imponiendo un CNE que no ofrece garantías de elecciones libres, justas y verificables, pero sí perpetúa su opresión sobre los venezolanos».

Pero ese mismo ímpetu lo dosificó al encarar a Chung. A la alta funcionaria de Biden sólo le hizo saber que “coincidían” en que “solo una negociación integral conduce a elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y locales verdaderamente libres y transparentes y proporcionará una solución a la crisis” pero sin cuestionar que Chung deja el asunto del CNE en manos de los venezolanos.

Vecchio usó pinzas. Una estrategia similar a la de Guaidó cuando la Unión Europea dejó de llamarlo “presidente interino” y lo redujo a “interlocutor privilegiado”. Aquel quiebre –aún vigente– se matizó de igual manera como se trata de hacer con este.

Insistir y recordar que “los Estados Unidos y otras naciones democráticas han rechazado rotunda y repetidamente los fraudes electorales del régimen de Maduro” y que deben “mantener la presión necesaria sobre el dictador para lograr una transición hacia la Venezuela libre” es su mayor recurso en este momento crispado que tilda de “estafa a la comunidad internacional”.

Parece escalar. El senador Bob Menéndez lo escuchó y se pronunció a favor de una comisión con observación extranjera imparcial.

Un plan sin cambios 

Aún cuando el embajador de Guaidó en Estados Unidos mida su discurso y polarice públicamente con quienes “dan en el clavo”, en la cúpula opositora conciben que una «negociación integral» para una transición democrática requiere del “acompañamiento multilateral, con presión sostenida sobre la dictadura para restablecer el Estado de derecho, el respeto a los derechos humanos, la democracia y detener el sufrimiento en Venezuela”.

La pregunta ahora es hasta dónde está dispuesto Biden a hacerlo. Alfredo Ortega, analista político aseguró al PanAm Post que “cualquier intento de negociación será un parapeto, como han sido todos los anteriores desde al menos 2002-2003, cuando otro presidente demócrata (Jimmy Carter) estuvo involucrado”.

Su lectura del panorama es que “el gobierno interino de Guaidó es otra falacia, y si no aprovechó la oportunidad histórica de apalancarse en una verdadera administración aliada como la de Donald Trump, menos hará algo ahora con una administración que coincide y es tolerante con los enemigos de la libertad. Tanto el régimen criminal de Maduro como la falsa oposición de Leopoldo López y Guaidó, son parte del problema. Pedirle elecciones a un criminal como Maduro es reconocerlo como actor político y no como el delincuente que es”.

Esta visión se basa en el hecho de que la Organización de Estados Americanos de César Gaviria y la de José Miguel Insulza, así como las gestiones de los expresidentes Jimmy Carter, José Luis Rodríguez Zapatero y Leonel Fernández; las negociaciones de Oslo y las de La Romana (República Dominicana) “nunca llegaron a nada porque el narcorégimen de La Habana en Venezuela no está dispuesto a ceder el poder”.

Un punto que Vecchio afinca. Para el embajador “la dictadura de Maduro es una amenaza para la democracia, la paz, la seguridad y la estabilidad de la región, y por ello la comunidad internacional debe atender a Venezuela, de lo contrario el hemisferio occidental estará en permanente vulnerabilidad” por el apoyo a las guerrillas colombianas que actúan desde territorio venezolano con protección de Nicolás Maduro y que bajo ese amparo comenten actividades ilícitas que le permiten usurpar el poder. Un panorama que Biden también dejaría a un lado si avanza su elasticidad que puede causar hipoxia a Guaidó.

Gabriela Moreno – Panampost.com