La repetición de la elección en Barinas dejó un solo ganador: Nicolás Maduro. El gobernador electo Sergio Garrido no tardó en reconocerlo como “presidente”, sepultando así lo que quedaba del gobierno interino. De esta manera el régimen se quitó del medio a la familia de Chávez y consiguió que otro “opositor” se pusiera a sus pies y desconociera a Juan Guaidó

¿División, incoherencia o cohabitación? En la llamada oposición venezolana parece haber un poco de las tres. La última huella en esa dirección acaba de estamparla el gobernador recién electo en el estado Barinas, Sergio Garrido, quien pese a haberle arrebatado al chavismo su principal bastión, asume a Nicolás Maduro como el presidente de Venezuela en lugar del interinato de Juan Guaidó recién extendido por un año más y del cual recibió apoyo para conseguir su victoria. Entonces, son muchas las interrogantes que surgen: ¿Hay alguna diferencia en que un estado esté gobernado por un chavista o por un supuesto opositor?, ¿existe realmente un gobierno interino?, ¿quién apoya a Guaidó si hasta los opositores reconocen como presidente a Maduro? y ¿dónde quedó el «cese de la usurpación»?.

“No me voy a reunir con otro que no sea Nicolás Maduro, porque él es el que está allí gobernando, porque él es el presidente que está en ejercicio en este momento, lo queramos o no”, afirmó Garrido a menos de 72 horas de su proclamación, en una entrevista en la que también insistió en la vía electoral para salir del régimen y –como era de esperarse– el referendo revocatorio salió en la conversación.

Para sustentar su decisión vocifera que “Maduro está mandando y todos obedecen lo que dice Nicolás Maduro. Está en ejercicio. Es la verdad, es la realidad”.

Para él resulta ahora más importante la prudencia para preservar el cargo. Va en cámara lenta a asumir como gobernador de Barinas evitando controversias con Miraflores. Incluso ya menciona el referendo revocatorio y sostiene que “va a depender no solo de la disposición del pueblo venezolanos, sino también de las negociaciones que se puedan realizar en México”.

Si así lo ve, Garrido tiene mala memoria o está desinformado porque las conversaciones en tierra azteca están en el limbo desde el año pasado, cuando la delegación del régimen pateó la mesa por no lograr colar a Álex Saab en la agenda de discusiones como representante, cuyo único propósito de esta jugada era evitar su extradición a Estados Unidos.

Para Garrido, Maduro está primero que Guaidó

Sergio Garrido fustiga a los partidos opositores, gremios y sindicatos que no apoyaron las elecciones regionales y locales del pasado 21 de noviembre. La alusión es directa contra Voluntad Popular, la tolda donde milita Guaidó, que negó su respaldo al proceso por considerar que carecía de garantías de transparencia.

“Ojalá que prive la sensatez de ahora en adelante en la oposición venezolana nacional”, pide con tono de exhorto. Las contantes contradicciones y discrepancias por el descontento y descrédito de la administración de Guaidó ha mermado la capacidad de actuar con algún atisbo de cohesión.

La reforma al Estatuto de Transición para prolongar por 12 meses el interinato de Juan Guaidó pero con menos estructura política evidencia que la alianza opositora encabezada por él se deshilacha en medio de disputas sobre cuánto poder debería ejercer y la presunta mala gestión de las empresas estatales que controla, mientras Nicolás Maduro acumula más poder y la restauración de la democracia se estanca. Quizá por ello Garrido lo desconoce, también puede tener gran peso su necesidad de ponerse del lado del poder central que administra la distribución de recursos dentro del país. Por esta razón afirma que si los tuviera a ambos al teléfono le atendería primero a Maduro.

A los pies de Maduro

La anulación de las elecciones del 21 de noviembre en Barinas por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) chavista, en las que ganó por estrecho margen el candidato opositor Freddy Superlano y su inhabilitación para impedirle volver a participar quedó atrás para Garrido, quien niega ser parte de una estrategia del régimen en este estado, donde el chavismo mantuvo una hegemonía por dos décadas, primero con Hugo de los Reyes Chávez (padre de Hugo Chávez) y luego con sus hermanos Adán y Argenis Chávez.

“No creo que el PSUV haya tenido en sus planes ceder un espacio. Lo que pasa es que el pueblo se levantó y definitivamente votó en contra de la mala política y el mal gobierno. Votó por la oposición y aquí estoy yo”.

Entre sus consideraciones espera que Maduro cumpla con el compromiso de sepultar los “protectorados” (gobernadores paralelos) en las entidades donde pierde el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), una práctica que se había vuelto común desde Miraflores, pero admite estar dispuesto a sentarse a negociar con la dictadura para “solventar” los problemas de Barinas.

Garrido imitará al gobernador del Zulia, Manuel Rosales, quien estrechó la mano de Maduro en Caracas a horas de su triunfo y ahora hasta coordina planes de seguridad con él, alegando que “la seguridad es un tema bien delicado” y amerita un “plan integrado con movimientos estratégicos”, dejando a un lado que tres días después de sentarse juntos lo despojó de las competencias para administrar el puente sobre el lago de Maracaibo, los puertos y los aeropuertos de la región, que generan recursos directos al estado. Pero todavía no nace quien aprenda por cabeza ajena.

Gabriela Moreno – Panampost.com

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