Venezolanos en Perú alertan a los electores sobre el peligro del comunismo promovido por el candidato Pedro Castillo.

“Hola, soy venezolano y escapé del país por culpa de una dictadura comunista, socialista y criminal. Todo fue de a poco. Comienzan con una ideología que todo va a ser de igualdad y aprovechan tu descontento para manipularte”.

El tono de todas las voces en ese mensaje grabado por venezolanos en Perú es sombrío pero tiene un fin: desmontar los engaños del candidato izquierdista, Pedro Castillo, antes del balotaje del 6 de junio, en el que se enfrentará a Keiko Fujimori por la presidencia.

Sin miedo a mostrar sus caras, a perder su estatus migratorio, a ser perseguidos o despedidos de sus trabajos o lugares donde duermen, intentan salvar al país inca del comunismo del que huyeron.

“Decíamos: ‘Venezuela no es Cuba’. Lamentablemente, vamos a ver a un peruano agarrado de la mano de un venezolano buscando un país para vivir”, advierte la diáspora venezolana en el video de dos minutos que reúne impotencia y frustración frente a las propuestas del abanderado del partido Perú Libre.

Exilio con responsabilidades

Venezolanos viviendo en carpas, hacinados o a la orilla de una carretera, como vendedores informales o en espacios de poder profesional –pese a la adversidad– es una fotografía diaria en Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Chile que incide en las tendencias electorales.

El mensaje es de peso aún si parte de individualidades en redes sociales porque es “muy difícil para cualquier país ignorar estas voces; son voces muy fuertes y llenas de la experiencia que han vivido”, afirma el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

La credibilidad es un factor clave. En la “hoja de ruta para la participación de las diásporas en el desarrollo” de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) se esgrime que la eficacia de las lecciones difundidas son útiles en la medida que atraen la confianza de las comunidades de residencia.

Sin embargo, la financiación insuficiente ralentiza la multiplicación de las advertencias o llamados que efectúan, reduciéndolas a campañas mediáticas sin militancia partidista local.

Otros apelan a las calles como los venezolanos en Ecuador. Antes de las elecciones en las que Lenin Moreno resultó electo presidente, las avenidas de Quito se volvieron epicentro de los avisos que exhortaban a “votar con conciencia” para impedir que el país repitiera la historia de miseria del chavismo.

Son prácticas similares a las adoptadas por las diásporas de judíos, griegos, armenios, cubanos en Estados Unidos, Europa, y en todo el mundo, que ilustran la importancia política que tienen y “los venezolanos están llamados hoy a ocupar ese mismo papel, a influir y contribuir no solo con los países que los reciben sino también con Venezuela. Esto es especialmente así hoy”, sostiene un artículo de El Nacional.

Con los fantasmas vivos

La forma de lograr impacto electoral es través de la divulgación de contenido sobre las políticas del régimen de Nicolás Maduro que fomentaron la migración obligada.

De esa forma la diáspora venezolana alerta a las sociedades de acogida sobre las consecuencias y el peligro que representa la propagación del comunismo si existe tendencia a elegirlo o reconocerlo en procesos comiciales, ya que el conflicto de Venezuela se ha transformado en una crisis con implicaciones no sólo locales sino también de alcance regional y continental –por el papel de EE. UU.– y mundial debido al protagonismo asumido por actores extra-regionales como la Unión Europea, Rusia y China.

En Chile ya son más de 490.000 venezolanos –sin contar a aquellos que no tienen sus papeles al día–. De ellos, solo unos 7000 tienen derecho a voto. Pero a ninguno, el proceso constituyente que enfrentará el país lo deja indiferente como tampoco tener en la capital, en Santiago, a la comunista Irací Hassler como autoridad municipal electa.

«A diferencia de otras colonias, sus integrantes viven el actual escenario chileno arrastrando los fantasmas de su pasado reciente”, apunta CiperChile.

Un espejo para mirarse

En la celebración de su contundente triunfo electoral, Isabel Díaz Ayuso, presidente de la Comunidad de Madrid, portó una pulsera con los colores de la bandera venezolana.

El gesto, más que un acto simbólico de solidaridad con la diáspora venezolana, reconocía en público a los migrantes y refugiados de Venezuela por ser “un testimonio vivo de las consecuencias de un gobierno afín ideológicamente a la izquierda”, fueron las palabras con la que Primer Informe describió dicha escena.

En Twitter, la presidente de la Comunidad de Madrid fue explícita al respecto: «Nuestro triunfo ha sido posible gracias, entre otros, al apoyo de miles de venezolanos e hispanoamericanos que, huyendo de tiranías comunistas, han encontrado en Madrid la libertad».

Así, Díaz Ayuso reconoce que las diásporas promueven la democracia, el desarrollo económico, cultural y humano. Una realidad que para Crisis Group evidencia que los venezolanos en el extranjero son una voz cada vez más poderosa, considerando que más de 5 millones han huido del país desde 2015.

Si bien la mayoría emigró para escapar de la crisis económica y humanitaria, también hay quienes huyeron a causa de la represión ejercida por el socialismo. Estos últimos, que en efecto son exiliados, continúan ejerciendo su activismo en el extranjero y son cruciales porque «ayudan a configurar las políticas de sus países receptores hacia Caracas».