El ex-preso político, Lorent Saleh, dijo a PanAm Post que “hay muchísimas razones para estar preocupados por los líderes opositores (venezolanos) en territorio colombiano ahora en este gobierno de Petro”. Eduardo Battistini, representante de Guaidó en Colombia, expresó a este medio su temor ante otra modalidad de persecución como posibles “intentos de extracción forzada” a Venezuela.

Al líder estudiantil venezolano Lorent Saleh lo desnudaron, lo fotografiaron y lo raparon cuando entró al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Después de cruzar puertas blindadas, zonas cubiertas de espejos y cámaras, dos pasillos estrechos y soportar el rugido como de una turbina, enfrentó la descompresión en el calabozo que ocuparía. La celda de dos metros por tres tenía un timbre, un colchón sobre una lámina de cemento y dos envases, uno para beber agua y otro para orinar.

El recuerdo de su llegada a «La Tumba» –como se conoce a esta prisión venezolana– tras su expulsión de Colombia por orden del entonces presidente Juan Manuel Santos, está intacto. Tenía siete meses exiliado en Bogotá cuando la cercanía entre Santos y Nicolás Maduro provocó su traslado hasta la frontera, donde funcionarios del Sebin lo esperaban. Dos años soportó detenido en la cárcel que emula a un manicomio y dos más en el Helicoide, otro centro de reclusión donde convivió con homicidas, cucarachas, ratas y constató la «expresión del Estado mafioso».

El Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de la Organización de Naciones Unidas (ONU) asegura que la expulsión del dirigente de la Juventud Activa Venezuela Unida (JAVU) violó sus derechos humanos y, basado en esta evidencia Saleh, quien está refugiado en España, introdujo una demanda en el Consejo de Estado en Colombia por los daños ocasionados. El joven opositor venezolano también le ganó al hoy presidente Gustavo Petro un proceso de conciliación ante la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia de Colombia por injuria y calumnia.

Lorent Saleh, de Santos a Petro

Ahora, la alianza entre Petro y el régimen de Nicolás Maduro angustia a los líderes y dirigentes vinculados al opositor Juan Guaidó, que durante la presidencia de Iván Duque se sintieron en este país en suelo seguro. Por ello, PanAm Post conversó con Lorent Saleh sobre la realidad que enfrentarán los opositores a la dictadura venezolana que se encuentran refugiados en una Colombia dirigida por el exguerrillero del M-19 y máximo exponente de la extrema izquierda.

«Si una persona como Juan Manuel Santos, que venía con una trayectoria de un ejercicio político democrático, cometió lo que según la ONU y la CIDH calificaron como un secuestro cuando me secuestran y me entregan a la dictadura, imagínense con Petro. ¿Qué seguridad hay de que respete los derechos humanos y las normas internacionales? A mí realmente me costaría mucho creer que él fuera un respetuoso de lo mencionado, ojalá esté equivocado. Pero Petro tiene una trayectoria que no es precisamente de un perfil democrático. Es una persona que cree en la manipulación y el engaño, y no lo digo simplemente como una opinión sino como un hecho real y concreto porque le he ganado en tribunales por difamación e injuria. Es una persona que tiene una relación con Nicolás Maduro y con las dictaduras en América Latina muy cercana y con compromisos de años».

Venezolanos en la mira

Las tres primeras figuras para encabezar una estampida política son el diputado de Primero Justicia Carlos Paparoni, quien reside en Bogotá y lideró investigaciones sobre corrupción y crimen organizado vinculadas al régimen; Julio Borges, cabeza de esta tolda política que también se refugió en la capital colombiana tras la emisión de una orden de arresto en su contra por supuestamente haber sido uno de los autores intelectuales de un ataque con drones explosivos contra Maduro; y el exconcejal Eduardo Battistini, que representa a Guaidó en Bogotá desde 2020, luego de huir por múltiples amenazas y de esconderse en la embajada de México en Caracas.

«Los venezolanos que estamos en Colombia tememos que con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas va a venir una avanzada de funcionarios del Sebin que con credencial diplomática le hará inteligencia a los dirigentes opositores, dirigentes estudiantiles, periodistas y exfuncionarios militares que se encuentran acá asilados o en calidad de refugiados dentro del territorio colombiano”, aseguró Eduardo Battistini, representante de Guaidó en Colombia, en declaraciones ofrecidas a PanAm Post.

La persecución tendría otras modalidades. «Pudiese haber intentos de extracción forzada a alguno de esos dirigentes para poder llevarlo de manera ilegal a Venezuela. Hace un año, un coronel que hoy se encuentra preso en Venezuela, fue secuestrado por grupos irregulares y entregado en Cúcuta al servicio de inteligencia militar del régimen de Nicolás Maduro», agregó.

A pesar de sus pronósticos, Battistini descarta abandonar Colombia en corto o largo plazo. “Me quedo en Colombia, pero también me quedo con la responsabilidad de ser la voz de esa Venezuela que resiste, que quiere un cambio y que no está representada en Nicolás Maduro”.

Lorent Saleh agrega que «hay muchísimas razones para estar realmente preocupados por la integridad y la vida de los líderes opositores que puedan estar en territorio colombiano ahora en este gobierno de Petro». Pero su preocupación va incluso más allá de la realidad venezolana. «No solamente los venezolanos pueden estar en peligro. También los nicaragüenses, los cubanos y cualquiera que se oponga a estas dictaduras comunistas en América Latina».

Otra realidad

Battistini tiene claro su rol como opositor venezolano en Colombia con Duque fuera de la Casa de Nariño y aboga por «un canal respetuoso de comunicación transparente y sincero pero con mucho respeto con el presidente Gustavo Petro para que pueda escuchar la historia de la Venezuela democrática porque cuando él está restableciendo relaciones con Nicolás Maduro está restableciendo relaciones con una dictadura». Otros no piensan igual y ya miran a Estados Unidos, España o alguna otra nación de la Comunidad Europea como un nuevo destino.

Quienes cuentan con documentos en regla planean aterrizar en estas naciones, pero para los activistas de nivel medio y desertores del Ejército, el tapón del Darién, la selva densa y peligrosa entre Colombia y Panamá, parece ser la única opción.

Ese es el plan del capitán del Ejército Ányelo Heredia, quien escapó de la prisión militar de Ramo Verde, en Venezuela, en 2019, y enfrenta cargos de traición, y en conversación con Bloomberg confesó que defenderá su libertad.

Historial de extradiciones

¿Qué hará Petro con los opositores venezolanos? No hay certezas, pero el acuerdo bilateral de extradiciones entre Venezuela y Colombia está vigente desde su adopción el 18 de julio de 1911.  Casos de su aplicación hay. En 2016, cuando se firmó el acuerdo de paz –que Venezuela apoyó– se extraditaron a nueve venezolanos, el número más alto desde 2010. Al año siguiente, en 2017, cuando Maduro convocó a una nueva Asamblea Constituyente, la cifra bajó a cinco.

Un reporte de El Tiempo revela que en 2018 solo se concretaron dos extradiciones, a pesar de que Maduro solicitó a 23 ciudadanos, y en 2019 cesó sus peticiones cuando Iván Duque reconoció a Juan Guaidó como presidente interino. Desde entonces han estado congeladas.

Un deshielo del mecanismo de cooperación judicial es posible porque los jefes del Estado colombiano tienen la competencia para decidirlo, y con Petro aún más, cuando considera a Guaidó “inexistente” e ironiza sobre el dirigente opositor. Dice que es «la caverna en la República de Platón: es una proyección de sombras en un fondo a través de la luz».

¿Persecución por la corrupción en Monómeros?

Lorent Saleh comparte –en cierto sentido– esta visión, sobre todo por los desaciertos y malas prácticas que demostró la administración de Guaidó. En Twitter afirma que «si de algo sirvió el gobierno interino fue para demostrar lo corruptos y sinvergüenzas que son. Lo peor es que se ofenden y van contra cualquier ciudadano que pida rendición de cuentas. No imagino hasta dónde pueden llegar si tuvieran el control de los cuerpos policiales y de seguridad».

Sin embargo, el exdirigente estudiantil que sufrió las torturas del régimen chavista no le desea a ninguno de los aliados de Guaidó lo que él padeció en prisión. «Creo que se destaparán en Colombia muchas cosas que no sabemos sobre el gobierno interino, y eso a su vez desataría persecuciones, situaciones bien complejas. La situación de Monómeros es verdaderamente penosa, vergonzosa, y cuando se destape toda la red de corrupción que ha habido ahí y hasta donde ha llegado, eso va a generar una situación inestable, muy insegura, para gente también inocente, ya que seguro van a querer usar toda la situación de Monómeros para perseguir e ir contra otras personas».

Saleh habla de la práctica de «fasos positivos del régimen venezolano» y con la alianza entre Gustavo Petro y Nicolás Maduro tiene una preocupación: «No sabemos hasta donde pueda llegar eso en Colombia». Destaca que en esta nación ha habido separación de poderes y una democracia estable, pero desconoce hasta cuándo se mantendrán con los nuevos actores políticos. «No podemos olvidar que personas que asesinaron, que secuestraron, que violaron, quedaron completamente impunes y algunos con bastante poder en el Gobierno y en el Congreso colombiano, y estas son personas defensoras de la dictadura de Venezuela, de la dictadura de Nicaragua y de la dictadura de Cuba».

Una ficha de canje

Nicolás Maduro tiene ventajas en el río revuelto. Su régimen cuenta con una ficha de canje con Petro. Se trata de la excongresista del Partido Conservador de Colombia, Aída Merlano, quien tras haber sido detenida en Barranquilla por violar el tope de gastos electorales de 884 millones de pesos al recibir 8.300 millones de pesos y haber sido condenada a 15 años de cárcel por la Corte Suprema de Justicia aprovechó un traslado de la cárcel El Buen Pastor a una cita odontológica en un consultorio particular en Bogotá para escapar por la ventana hasta llegar a la calle donde la esperaba una motocicleta que la ayudó a seguir su camino para huir a Venezuela.

En 2020 fue arrestada por las autoridades del régimen chavista en Maracaibo con documentación falsa, donde se declaró perseguida en Colombia, pero Merlano manifiesta estar dispuesta a revelar un presunto entramado de corrupción entre contratistas y políticos. Ella espera que la justicia le otorgue un principio de oportunidad. Quizá gracias a la alianza con Maduro, Petro la complazca.

La misma ingenuidad

En las filas de Juan Guaidó hay temor. El opositor Juan Pablo Guanipa exhorta a Gustavo Petro a «asegurar la protección a los perseguidos políticos y exiliados venezolanos en su patria». Insiste en que es «una obligación adquirida por Colombia en el derecho internacional».

Sospecha que «Maduro tratará de echarle mano a esta disidencia, pero el Estado colombiano y sus instituciones son el último muro de contención para que no terminen en los calabozos de la dictadura», destaca.

En un acto de resignación o ingenuidad, Guaidó vocifera que «busca mecanismos formales de comunicación con el Gobierno de Gustavo Petro», pero estas pretensiones de interlocución exponen su fragilidad política. Petro le apuesta a Maduro con el restablecimiento de relaciones, reapertura de frontera y el nombramiento de su exjefe de campaña, Armando Benedetti, como embajador en Caracas. Además, la senadora del Pacto Histórico, Piedad Córdoba, quien ha sido incluida en las investigaciones por presuntos nexos con el testaferro del chavismo detenido en Estados Unidos, Álex Saab, alardea en redes sociales que está «al lado» de Petro.

La candidez parece suprema e inagotable en un panorama donde el líder de la delegación opositora que se reúne en México con el chavismo, Gerardo Blyde, anuncia que hay «altísimas probabilidades» de un «pronto» regreso a la negociación política que comenzó en agosto de 2021.

Por Gabriela Moreno y José Gregorio Martínez – Panampost.com

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