Los venezolanos, que enfrentan una crisis humanitaria sin precedentes, también deben lidiar con la escasez de agua en plena pandemia por el coronavirus.

Una encuesta realizada por la Comisión de Expertos de la Salud de la Asamblea Nacional reveló que 74,6 % de los venezolanos no tienen acceso al agua de manera constante.

En el estudio se destaca la precariedad en las fallas de todos los servicios básicos, la precariedad en el sistema de Salud del país y la falta de energía eléctrica.

Según la más reciente encuesta de Onusida, Venezuela está a una diferencia de 38 puntos del promedio regional en cuanto al acceso al agua potable.

La falta de agua es tan común que en medio de la pandemia, el régimen de Nicolás Maduro anunció como si fuera un logro, la adquisición de 252 camiones cisternas para surtir a la población; entre tanto no logra solucionar el problema de raíz.

Siendo el agua ahora más necesaria que nunca para combatir la pandemia por COVID-19, los venezolanos se manejan entre la indignación, la resignación y el ingenio para conseguir algunos litros.

«Hay agua intermitentemente, no siempre la tenemos, tenemos menos agua de la que necesitamos y, para complicar aún más el problema, el agua con frecuencia tiene problemas de calidad en términos de apariencia , porque llega con color, con mal olor, o tiene sabor indeseable. Cuando la apariencia no funciona, el agua no es potable», señaló el ingeniero José María De Viana, expresidente de la compañía estatal venezolana de abastecimiento de agua en una entrevista a la agencia de noticias DW.

«Llegamos a esto porque esa infraestructura está profundamente dañada, deteriorada, lo que quiere decir que, en distintas partes del sistema, está reducida la capacidad de traer agua desde los embalses», sentenció.

En varias ciudades, incluida la capital, Caracas, los ciudadanos han tenido que hacer largas filas para obtener agua de los camiones cisterna o de fuentes que no cuentan con el tratamiento adecuado, ya que se ha suspendido el suministro del preciado líquido.

El estudio realizado por la Comisión de Expertos de la Salud también reveló que 91,2 % de la población se ve afectada por interrupciones y fallas en el servicio eléctrico.

En plena cuarentena, los cortes eléctricos han llegado ha superar las 24 horas mientras que la falta de agua es prácticamente permanente en todo el país.

Zulia y Táchira son unos de los estados más afectados por los cortes de luz, ciudadanos pasan hasta 24 horas sin electricidad. Otras zonas solo tienen luz de cuatro a cinco horas al día. A esto se le debe sumar el estrés por la falta de gasolina, agua y gas para cocinar, sobrevivir una cuarentena sin acceso a servicios básicos es una tortura.

Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, entre los años 2010 y 2013, se destinaron unos 120.000 millones de dólares para proyectos de electricidad; y sin embargo el país se mantiene con constantes apagones.

El sistema eléctrico nacional se encuentra prácticamente en ruinas; el régimen de Nicolás Maduro se ha dedicado a canibalizar los equipos y las subestaciones eléctricas que suministran el servicio a la mayoría de los estados del país.

Desde hace más de 16 años el Estado venezolano no ha efectuado las inversiones necesarias en el sistema de generación termoeléctrica. Las plantas están trabajando a un 10 % o 20 % de su capacidad. Por esta razón, desde Caracas hasta estados en el interior del país sufren de apagones diarios y simultáneamente.

Fuente: Panam Post.