Algunas universidades de Estados Unidos utilizan un complejo sistema de rastreo de sus estudiantes para captar sus cambios de comportamiento, en una aplicación de ingeniería social.

Además, todas las universidades emplean la aplicación SpotterEDU que se conecta con los teléfonos inteligentes de los estudiantes con el propósito de aumentar sus “puntos de asistencia”, según The Washington Post.

Por su parte el profesor Jeff Rubin de la Universidad de Syracuse, señaló que los estudiantes “quieren esos puntos”.

“Saben que estoy observando y actuando en consecuencia. Así que, en cuanto al comportamiento, cambian”, aseguró Rubin mostrando un definido poder sobre las actuaciones de los estudiantes bajo su vigilancia.

Para algunos estudiantes el hecho de que sean rastreados no resulta aceptable.

“Somos adultos. ¿Realmente necesitamos que nos rastreen?”, protestó Robby Pfeifer, un estudiante de segundo año de la Universidad Virginia Commonwealth en Richmond, de acuerdo con The Washington Post.

“¿Por qué es esto necesario?, ¿Cómo nos beneficia esto?, ¿…y va a seguir progresando hasta que seamos microgestionados cada segundo del día?”, argumentó molesto y preocupado por su futuro Pfeifer, durante la misma entrevista.

La utilización de los sistemas de vigilancia permite controlar el rendimiento académico de los estudiantes, analizar su conducta o evaluar su salud mental.

Por otro lado, algunos profesores y defensores de la educación consideran esta tecnología intrusiva y que viola la privacidad de los estudiantes en una escala masiva.

“Los graduados estarán bien preparados… para adoptar sistemas de seguimiento del gobierno y de crédito social las 24 horas del día, los 7 días de la semana”, alertó un internauta según The Washington Post.

Una empresa de Wifi dice que obtiene hasta 6.000 puntos de datos de localización por estudiante cada día, desde el dormitorio hasta el escritorio.

Asimismo, las escuelas usan una iniciativa llamada Degree Analytics, que a través de la conexión WiFi hace seguimiento y rastrea a cerca de 200,000 estudiantes en 19 universidades estatales.

Erin Rose Glass, bibliotecaria de becas digitales de la Universidad de California en San Diego, es crítica frente a este rastreo.

“Encarna una visión muy cínica de la educación, como que es algo que tenemos que hacer cumplir a los estudiantes, casi contra su voluntad”, resaltó Glass.

Junto con el incremento en el uso del reconocimiento facial apoyado en la inteligencia artificial ha aumentado también la resistencia a ella.

Por su parte el senador estadounidense Cory Booker (demócrata de New Jersey) presentó a fines de noviembre un proyecto de ley que prohíbe el uso de la tecnología de reconocimiento facial en la vivienda pública, según The Hill.

Asimismo, los científicos japoneses han producido gafas especiales diseñadas para engañar a la tecnología.

Igualmente, algunas campañas públicas se han opuesto a los usos comerciales, desde Ticket-master, que utiliza el reconocimiento facial para las entradas de conciertos, hasta JetBlue para los pases de abordaje, de acuerdo con Time.

José Ignacio Hermosa – BLes

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