El Supremo Tribunal Federal de Brasil se ha caracterizado por oponerse a las políticas del presidente Jair Bolsonaro. En esta oportunidad evalúa suspender la Copa América atendiendo a dos pedidos de organizaciones de izquierda

Realizar la Copa América en Brasil se tradujo en una noticia positiva no solo para el país, sino para la gestión del presidente Jair Bolsonaro. Tal como afirmó la Conmebol, el gigante suramericano posee alta experiencia en organización de este tipo de eventos, estabilidad y comprobada infraestructura. Brasil surgió como sede en sustitución de Colombia y Argentina, que por las crecientes protestas y los bajos índices de vacunación, respectivamente, no pudieron asumir el evento. Pero a pocos días del inicio, la Copa América sigue amenazada, ahora por el Tribunal Supremo de Brasil, opuesto al presidente Bolsonaro.

Recién se conoció la noticia comenzaron los señalamientos de la izquierda. Luis Inácio Lula Da Silva no tardó en oponerse. El expresidente que ha enfrentado procesos judiciales por casos de corrupción no ha ocultado sus intenciones por postularse para las próximas elecciones. Para lograrlo ya está moviendo fichas y tejiendo alianzas incluso con sus viejos adversarios.

En un intento por desprestigiar el evento, a sus organizadores y al presidente Bolsonaro, Lula se refirió al campeonato como la «Copa de la muerte». Afirmó que el Partido de los Trabajadores (PT) presentaría un recurso ante el Supremo Tribunal Federal (STF) para impedir el desarrollo del torneo agendado del 13 de junio al 10 de julio.

Y el máximo tribunal parece haber escuchado. Las relaciones de la Suprema Corte con el presidente Bolsonaro tampoco han sido las mejores. Desde el tribunal se han anulado decretos y hasta se ha autorizado una investigación en contra del presidente por el manejo de la pandemia. Sumado a esto, fue el alto tribunal el que confirmó el fallo que permite a Lula ser candidato nuevamente en 2022.

Esta vez, el Tribunal Supremo discutirá dos pedidos para suspender la Copa América, los cuales vienen de la mano de la Confederación Nacional de Trabajadores Metalúrgicos y del Partido Socialista Brasileño.

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«Dictadura de la toga»

Este es el término usado por los simpatizantes del presidente de Brasil para definir la actuación del máximo tribunal, dadas las persecuciones contra él y miembros de su gobierno. El juez Luis Roberto Barroso aceptó en abril el pedido de 31 senadores para iniciar una comisión parlamentaria de investigación (CPI) sobre la pandemia. Bolsonaro lo instó a usar su poder en defensa de la vida y del pueblo «y no para hacer politiquería».

Las rencillas han recrudecido con el paso de los días, al punto que el mandatario aseguró que nombrará a un juez “terriblemente evangélico” para el Tribunal Supremo, en sustitución de Marco Aurélio Mello, por alcanzar la edad límite para los jueces.

En este línea, Bolsonaro ya había nombrado en noviembre de 2020 al juez católico y conservador Kassio Nunes Marques, luego de ser aprobado por la Comisión de Constitución y Justicia del Senado.

Pero hasta los momento el Supremo Tribunal Federal parece tener una línea política parcializada, sobre todo al recordar que ocho de los 11 jueces fueron designados por los presidentes izquierdistas Dilma Rousseff y Lula Da Silva.

El mismo riesgo «con o sin partidos»

Los 11 miembros de la Corte evaluarán los pedidos en una sesión virtual durante 24 horas para finalmente dictar un veredicto el próximo 11 de junio, es decir, tan solo dos días antes del inicio de la Copa América. Tanto Lula como ambas organizaciones socialistas se apoyan en supuestos riesgos epidemiológicos por la pandemia.

Pero el Ministerio de Salud avaló los protocolos necesarios a pedido de Bolsonaro. El titular de esta cartera, Marcelo Queiroga, informó que “el riesgo de contraer coronavirus es el mismo con o sin partidos”, ya que no habrá público en las gradas. Recordó que durante este año se han celebrado en Brasil competencias nacionales de fútbol y la Copa Libertadores.

“Dar o no el aval a la Copa América en Brasil no es una labor del Ministerio de Salud. El presidente me pidió que avalase los protocolos. Avalamos los protocolos de la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol) y de la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol). Los estados que albergan partidos están de acuerdo. Entonces, no veo desde el punto de vista epidemiológico justificación para no realizar este evento”.

Queiroga se adelantó a las posibles críticas al explicar que no está descartando riesgos, sino haciendo énfasis en que no hay riesgos adicionales. «Sin la presencia de público en los estadios no hay riesgo de aglomeraciones”.

Oriana Rivas – Panampost.com