Defender a Bolsonaro es un riesgo contra la vida, propiedad y libertad.

Defender a Bolsonaro, en cierto modo, se volvió delito en Brasil.  Ahora, parte de sus simpatizantes más destacados están en prisión, exiliados o bajo prisión domiciliaria. Así es el caso de Sara Winter, la joven de 27 años que detuvieron en 2020 tras salir a manifestarse a favor del primer mandatario nacional.

«Apoyar al presidente de la República, Jair Bolsonaro, es un crimen», declaró en su oportunidad Winter —cuyo nombre de pila es Sara Giromin— desde la superintendencia de la Policía Federal (PF) de Brasilia. En ese recinto estuvo detenida hace un año.  Actualmente, está en arresto domiciliario y lleva consigo una pulsera de rastreo.

Sara lideraba el grupo «300 do Brasil», llamado así en honor al ejército espartano, cuando la interceptaron. Allí, la arrestaron y acusaron de usar fuegos artificiales afuera de la sede de la Corte Suprema como protesta. Estas acciones quedaron en su expediente que en el que se le atribuye la ejecución de actos antidemocráticos.

Sin embargo, Winter sostiene que no solo que no es un crimen usar pirotecnia, sino que fue otra agrupación la que los usó. La activista habló sobre la existencia de material que respalda su reclamo.

Sara Winter, de feminista entrenada a provida encarcelada

Sara Winter era feminista radical. A la joven la entrenaron exagentes de la KGB (inteligencia soviética) en Ucrania junto a la organización Femen, que se caracteriza por hacer protestas desnudas en lugares icónicos, incluidas las iglesias.

Sin embargo, durante el tiempo que militó con dicha organización se sintió traicionada luego de quedar embarazada. Pues el único apoyo que obtuvo fue el acceso a un aborto clandestino.

Decepcionada por un movimiento que dice empoderar a las mujeres, pero que finalmente les hace creer que un hijo les puede arruinar la vida y por ello lo deberían poder matar, se convirtió en una referente provida.

Su activismo provida le ha convertido en blanco de ataques de todo tipo. Por lo tanto, Winter buscó compartir su experiencia y defender sus creencias frente a una agenda globalista que intenta imponer el aborto legal también en Brasil.

La activista actualmente no tiene acceso a redes sociales y cada vez son menos sus posibilidades de generar dinero. Primero, porque no puede salir de casa. Segundo, porque sistemáticamente le niegan opciones para generar ingresos por Internet. Debido a problemas de salud, ahora apela a la solidaridad privada para ayudarla en su batalla legal mediante la campaña Apoyemos a Sara Winter.

Los desmanes del Tribunal Supremo de Federal

El arresto de Winter lo autorizó Alexandre de Moraes, ministro del Tribunal Supremo Federal (STF). Esta orden desató una protesta masiva en su contra (e incluso el pedido de su renuncia). Se le acusó también de persecución política, debido al choque que se ha avivado entre el Ejecutivo y la Justicia en Brasil.

En caso de ser condenada, Winter deberá pagarle mínimo 10 mil reales (1 800 dólares) a Moraes por injuria, según la orden del Ministerio Público Federal. De acuerdo al abogado Bertoni Barbosa, quien representa a Winter, la orden de arresto es «genérica» ​​y dijo ante la prensa local que la defensa no tuvo acceso a la decisión de Moraes.

La “dictadura de la toga” es el apodo que se ha ganado el equivalente brasilero de la Corte Suprema, el Supremo Tribunal Federal. Desde allí, 10 de los 11 magistrados (el único nombrado por Bolsonaro) han hecho una campaña constante para enfrentar al presidente brasileño y reducir las libertades de los ciudadanos, comenzando por la libertad de expresión.

Por ejemplo, el diputado federal Daniel Silveira fue detenido por criticar a la mayor instancia del poder judicial, el Supremo Tribunal Federal de Brasil. De la misma forma, se recuerda el caso del periodista Oswaldo Eustáquio, fue apresado y en prisión amaneció inmóvil en su celda.

Inicialmente su familia temía que quedara parapléjico. Funcionarios lo esposaron a su camilla y así lo evaluaron en el hospital, donde lentamente sigue recuperando la movilidad en sus extremidades.

Por otra parte, también el STF tiene el poder de silenciar a los librepensadores e incluso de negar a los ciudadanos el acceso a Internet.

A mediados de julio del 2020 fueron bloqueados los perfiles del presidente del Partido Laborista Brasileño, Roberto Jefferson; de los empresarios Luciano Hang, Edgard Corona, Otávio Fakhoury y Bernardo Küster; el periodista Allan dos Santos (que tuvo que escapar del país por causa de la persecución); el de Sara Winter (Giromini) y Edson Salomão, asesor de un representante estatal para Sao Paulo.

«La Corte Suprema ha prohibido las cuentas de periodistas y activistas conservadores de Twitter porque critican a sus 11 jueces», dijo Bernardo Kuster, director de opinión del sitio web Brasil Sem Medo.

Las mentiras sobre el «fascismo» de Bolsonaro

Paradójicamente, los detractores de Bolsonaro lo acusan de “fascista” y “dictador”, cuando en la práctica no solo que no tiene el control total sobre el país sino que incluso tiene a uno de los poderes de la República abiertamente en su contra, persiguiendo además a sus simpatizantes.

Para los medios alternativos reportar en Brasil se ha convertido en un riesgo contra la libertad y la integridad física de los periodistas y ha reducido sus posibilidades de subsistir.

En el caso de Sara Winter, la afecta doblemente, pues tiene a un hijo menor de edad y debe proveer por él también. Casos como el suyo muestran cómo la justicia brasileña no solo no es justa, sino que tampoco es imparcial.