A las pocas horas de su liberación, PanAm Post entrevistó a la activista brasileña provida Sara Winter, quien aseguró que las “decisiones dictatoriales” de la Corte Suprema no solo la han afectado a ella sino también al presidente Bolsonaro, que no lo ha dejado gobernar

La Corte Suprema de Brasil, que en este caso es el Supremo Tribunal Federal, tiene el poder de condenar a sus críticos sin sentencia y negarles acceso a cuentas bancarias y redes sociales. Así le sucedió a Sara Winter, activista provida que en su juventud fue líder feminista y ahora se dedica a desenmascarar a la izquierda en Brasil y más allá de las fronteras de su país.

PanAm Post se comunicó con ella tras su liberación, en medio del exilio y prisión de decenas de activistas e incluso diputados, que por defender al presidente Jair Bolsonaro han sido y son perseguidos políticos.

¿Cómo le comunicaron sobre su liberación?

Mi abogado supo de la noticia a través de internet, no de las noticias, sino del acceso integrado que tienen todos los abogados aquí en Brasil a los procesos de manera privada. Entonces ahí observó un movimiento en el inquérito (la indagación) y supo que la Corte Suprema obedeció al Ministerio Público y la Procuraduría de Brasil y archivó el inquérito y determinó mi libertad expresamente escrita.

¿Por qué fuiste detenida y por cuánto tiempo?

Yo fui detenida porque soy la única brasileña con la capacidad de organizar una militancia conservadora organizada basada en métodos no violentos de protesta, y durante la pandemia hubo un intento de legalizar el aborto y también de hacer un golpe de Estado a nuestro presidente Bolsonaro, por eso yo organicé un campamento al que han venido personas de todo Brasil a luchar contra estas dos cosas. Por eso me detuvieron, pues yo estaba trayendo mucha gente a Brasilia y la gente por primera vez en la historia se estaba oponiendo a las decisiones antidemocráticas y dictatoriales de la Corte Suprema, que desde el primer día del gobierno de Bolsonaro no lo ha dejado gobernar. Entonces el pueblo ya venía muy molesto con la Corte Suprema porque todas las cosas buenas que Bolsonaro intentaba hacer la Corte las rechazaba, y quien sale perdiendo con todo esto no es Bolsonaro sino el pueblo. Fue la primera vez en la historia de Brasil, con ya un historial de decisiones dictatoriales que toma la Corte Suprema, que el pueblo se levantó en contra de la Corte Suprema en estos aspectos dictatoriales, y pues quien organizó todo esto fui yo, entonces me arrestaron.

Estuve detenida por diez días en la cárcel y 371 días en este secuestro institucional, que como ya expliqué, no es prisión domiciliaria porque, bien, no hay delito, juicio, sentencia ni nada de eso.

¿Está en peligro la libertad de expresión en Brasil?

Sí, en Brasil está en total peligro la libertad de expresión, o sea, cualquiera que hable cualquier cosa, la Corte Suprema lo mete a la cárcel. Al diputado Daniel Silvera lo metieron a la cárcel de nuevo porque no acepta la utilización de la tobillera. Lo metieron a la cárcel una vez más. Y así estamos. Bolsonaro, calladito, no habla nada. Los derechos humanos que están bajo el Gobierno de Bolsonaro, no habla nada. No tenemos siquiera quien nos defienda. En Brasil ser conservador se ha vuelto un delito.

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Todavía sigue el otro inquérito abierto, que es el inquérito donde la Corte Suprema acusa a los que apoyan a Bolsonaro de promover fake news, lo que es totalmente falso. Lo que querían es desmantelar la militancia virtual de Bolsonaro. El objetivo fue justo acabar con la organización, la movilización virtual en las redes de los conservadores, así que mis redes sociales todavía no regresan, como también de otros 30 bolsonaristas famosos, o sea, influyentes en las redes sociales. Las redes continúan suspendidas.

¿Qué mensaje le puedes enviar a los hispanoamericanos sobre el poder de las cortes (incluso por encima del presidente) y cómo luchar frente a eso?

El mensaje que puedo dar es justo que tengan calma, no quieran hacer las cosas súper rápido porque las cosas hechas rápido no salen perfectas. La prisa es enemiga de la perfección. Hay que empezar de abajo hacia arriba, o sea, dominar primero las bases, cambiar primero nosotros mismos, después nuestra familia y después pensar en cambiar un país. Porque aquí con un presidente de derecha en el poder que tenemos no significa nada. O sea, Bolsonaro es un símbolo, no gobierna nada. Y siempre buscar una organización plena.

Entonces, aquí Bolsonaro no gobierna. ¿Cuál es el propósito de obtener un presidente de derecha en el poder? Si cada familia, aquí en Brasil, en Ecuador, en México, en Perú, en Colombia, en Argentina empieza desde muy temprano a cultivar, a desarrollar las virtudes necesarias en ellas mismas, en sus hijos, vamos a tener un mundo mejor. Yo creo que la contrarrevolución será familiar y no político-partidaria. Ese es mi consejo.

Mamela Fiallo Flor – Panampost.com