Black Lives Matter no aborda el problema de la violencia policial, discrimina a las víctimas por su raza. En los primeros tres meses de 2021, fueron asesinados 213 civiles por la policía, de los cuales 30 eran negros

Estados Unidos se paralizó recientemente ante la expectativa de saber si el policía Derek Chauvin iba a ser condenado o no por la muerte de George Floyd, cuyo deceso fue presentado por los medios masivos y activistas internacionales como producto del racismo estructural y perfilamiento por parte de la policía.

Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario. En los primeros tres meses de 2021, 213 civiles han muerto por disparos de la policía en los EE. UU., de los cuales 30 eran negros.

Entre el 1 de enero de 2020 y el 31 de marzo de 2021, la policía mató a tiros a 507 personas blancas, en comparación con 271 personas negras. Sin embargo, no ha habido ni una sola marcha por las víctimas que no formaban parte la comunidad afroamericana.

Solo cuando muere una persona negra, producto de la fuerza policial, es que inicia todo el movimiento de marchas, disturbios, saqueos e incluso policías asesinados (la mayoría de ellos negros que llamaron la atención de los saqueadores).

Pese a haberse registrado un mayor número de víctimas fatales de raza blanca por la violencia policial, la indignación no alcanza el mismo impacto mediático. Pues quiebra el discurso «interseccional» que pretende dividir a la sociedad en estratos, según su grado de «opresión».

La estratificación de la sociedad entre ricos y pobres —propia del socialismo clásico— trasciende con el neomarxismo. Esto, por consiguiente, da como resultado la guerra entre sexos.

Por ello, Black Lives Matter es dirigido por tres mujeres negras transfeministas, dado que encarnan el estrato más bajo de opresión, según sus propios estándares, imagen que les ha servido para beneficiarse en otros aspectos de carácter económico.

No incluye tampoco a otros grupos étnicos

Esta discriminación selectiva aplica también para otros grupos étnicos. Ángelo Quinto, de ascendencia filipina y criado por familia guatemalteca, murió de forma similar que George Floyd, con la rodilla sobre su cuello. Era veterano de guerra del ejército de EE. UU. Sufrió un colapso nervioso, entonces la familia acudió a la policía.

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«Por favor, no me maten. Por favor, no me maten», gritó mientras lo estaban poniendo en el suelo, según relata la madre de Quinto, Cassandra Quinto-Collins. Luego de cinco minutos perdió el conocimiento y finalmente murió.

Pero su caso no ha trascendido, mucho menos ha sido visibilizado por agrupaciones como Black Lives Matter. Bien dice su nombre «las vidas negras importan». Las demás no son relevantes para su causa.

Black Lives Matter calla frente a la violencia dentro de la comunidad negra

Black Lives Matter ha demostrado su renuencia a promover el trato de las personas con igualdad, tampoco busca dar valor a la vida de la persona indistintamente del color de piel. Al contrario, propone una jerarquización según el rango de opresión.

Por eso guardaron silencio respecto a los dos tiroteos que hubo el pasado fin de semana, hechos que cobraron la vida de Jaslyn Adams, una niña de apenas 7 años que esperaba su comida junto a su padre dentro del automóvil.

«Mataron a mi bebé», dijo llorando el padre. Resulta que fue un accidente. El ataque estaba dirigido hacia una mujer de 19 años, que recibió posteriormente un disparo en el abdomen junto a su acompañante a quien le dispararon en la pierna.

Es decir, en total cuatro personas negras fueron heridas de bala. Pero como se trató de violencia vinculada a pandillas, la causa de muerte violenta principal en la comunidad negra (después del aborto), no tuvo visibilidad.

Aunque la consigna de BLM significa «las vidas negras importan», han demostrado hasta ahora que solo importan cuando mueren a manos de la policía. De hecho, en medio de las protestas por la muerte de George Floyd, la ciudad de Chicago sufrió el día más violento de su historia, desde que existen registros.

Al menos 18 personas murieron el domingo 31 de mayo de 2020, según el Laboratorio de Crímenes de la Universidad de Chicago, que opera desde 1961.

Entre las víctimas fatales se destacan:

  • Un padre trabajador asesinado justo antes de la 1:00 a.m.
  • Un estudiante de secundaria de West Side asesinado dos horas después.
  • Un hombre asesinado en medio del saqueo de South Side en una tienda de teléfonos celulares a las 12:30 p.m.
  • Un estudiante de primer año de la universidad que esperaba convertirse en oficial correccional, asesinado a tiros a las 4:25 p.m. después de entablar una discusión en Englewood.

Desde el viernes 29 de mayo hasta las 5:00 a.m. del lunes 1 de junio, 25 personas murieron en la ciudad y otras 85 resultaron heridas por disparos, según datos mantenidos por el Chicago Sun-Times.

Dicho portal destaca que fue el fin de semana más violento en la historia moderna de Chicago, lo que agotó los recursos policiales que ya eran escasos debido a las protestas y los saqueos.

«Nunca habíamos visto nada parecido», dijo Max Kapustin, director senior de investigación del laboratorio de criminalística. “Ni siquiera sé cómo ponerlo en contexto. Va más allá de todo lo que hayamos visto antes».

La esencia de las manifestaciones es el presunto perfilamiento de la policía contra la población negra. Sin embargo, en la ciudad de Minneapolis, donde el jefe de la policía era un hombre negro, militantes de Black Lives Matter destrozaron patrulleros de policía, agredieron a agentes de policía, destrozaron comisarías de policía y saquearon comercios; presuntamente para manifestar su indignación por la muerte de George Floyd.

Incluso la familia de Floyd ha reprochado los disturbios, el hermano aseguró que no se hará justicia mediante la violencia.

Los manifestantes saquearon zapaterías, minoristas de autopartes, farmacias, tiendas de dólar e incluso pizzerías.

«Como hemos aprendido en los últimos meses, ningún ungüento puede aliviar el dolor del racismo sistémico como un brazo lleno de mercancía robada», exclama satíricamente el comentarista Matt Walsh.

El policía que mató a quemarropa a una mujer blanca no fue condenado

Cuando la policía disparó a una mujer blanca a quemarropa no recibió sanción alguna. Por su color de piel no encajaba en el discurso de Black Lives Matter, entonces no reclamaron por su vida ni su muerte.

Ashli ​​Babbitt estaba desarmada cuando recibió un disparo en el cuello y fue asesinada por la policía del Capitolio el 6 de enero.

Luego de la sentencia contra Derek Chauvin, el policía involucrado en la muerte de George Floyd, Joe Biden anunció que habrá reforma policial y junto a Kamala Harris hablaron de la justicia racial.

Pero ese mensaje no incluye a todas las víctimas, tampoco fomenta la igualdad ante la ley ni la presunción de inocencia, dado que asume de antemano que por el color de piel de la persona se atenta contra otra.

Mamela Fiallo Flor – panampost.com