El cardenal Joao Braz de Aviz no es un hombre que resuene mucho entre la feligresía. Es más que todo un sacerdote que se conoce entre clérigos, puesto que tiene una gran cantidad de años en Roma, desde que dejó Brasilia, donde estuvo en sus últimos años como arzobispo.

Brasil se ha convertido en escenario de la pugna de poder del marxismo sobre las naciones libres. Los aliados del expresidente izquierdista, Luiz Inácio Lula Da Silva, quien hizo del país suramericano la sede del Foro de Sao Paulo, ahora también atacan a la resistencia dentro de la Iglesia Católica, o al menos así se percibe.

El caso más reciente para hacer dicha afirmación ocurre en relación con el Cardenal Joao Braz de Aviz, quien funge como prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Civcsva). Este organismo es responsable de entes cuyos miembros profesan los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia por medio de votos u otro vínculo sagrado. Es decir, regula su gobierno, disciplina, estudios, bienes, derechos y privilegios.

En este caso el conflicto se desarrolló por una pugna que se genera entre el Civcsva y el seno de los Heraldos del Evangelio. Dicho instituto se ha distinguido por su lucha a favor de robustecer los valores de Occidente desde su fundación, hecha por monseñor Joao Scognamiglio Clá Dias, antiguo miembro de la asociación católica tradicionalista y contrarrevolucionaria brasileña TFP (Tradición, Familia y Propiedad). De acuerdo con El Mundo, La TFP sufrió una escisión y de una de sus ramas surgieron los Heraldos del Evangelio, que actúan de forma completamente autónoma.

Y es que recientemente el cardenal Braz de Aviz firmó un decreto que determina que “todos los menores de edad admitidos a cualquier título en la asociación privada de Heraldos del Evangelio o que residan en casas, colegios o internados de la misma asociación, o en las sociedades de vida apostólica Virgo Flos Carmeli y Regina virginum, al final del año lectivo deben volver con sus familias y ser confiados a sus respectivos padres”.

Este dictamen despertó la indignación de al menos 2580 padres de familia de los estudiantes que conforman el alumnado de esta institución. Ellos, a través de la Asociación de Madres y Padres de Heraldos Estudiantes (AMPARE) envió una protesta pública al cardenal por dicha decisión.

Al respecto, denuncian como falsos y calumniosos los presupuestos en que está basada su resolución y acusan una grave intromisión a sus derechos como padres de familia al ejercicio de la Patria Potestad y a sus derechos de elegir libremente la educación que ellos crean para sus hijos.

“¿Por qué inventar una falsa solución para un problema inexistente? ¿Vuestra Eminencia tiene verdadera preocupación por la educación y el futuro de nuestros hijos, ya que tiene la intención de decidir su futuro pisoteando la voluntad de ellos y de sus padres?”, dice la protesta publicada contra la decisión del cardenal Braz de Aviz.

Del mismo modo, juristas expertos en Derecho Canónico advierten de una fuerte transgresión a las normas del Derecho Civil que tutela el ordenamiento de la educación básica; e infringe frontalmente el propio Derecho Canónico (Canon 50, derecho a la defensa, conocimiento de pruebas) y el acuerdo del Estado de Brasil y la Santa Sede.

En otras palabras, dicho decreto no tendría en teoría la competencia para impedir el funcionamiento de una institución educativa autorizada por las autoridades civiles brasileñas, y peor aún, la voluntad del cardenal Braz de Avis no puede restringir en ninguna medida los sagrados derechos de los padres de familia sobre sus hijos, titulares auténticos de la patria potestad.

¿Qué se sabe del cardenal Joao Braz de Aviz?

El cardenal Joao Braz de Aviz no es un hombre que resuene mucho entre la feligresía. Es más que todo un sacerdote que se conoce entre clérigos, puesto que tiene una gran cantidad de años en Roma, desde que dejó Brasilia, donde estuvo en sus últimos años como arzobispo.

Sin embargo, durante su estancia en Brasil donde ejerció hasta 2011, año que Benedicto XVI lo nombró Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, tuvo ciertas polémicas, según reflejan algunas fuentes.

Por ejemplo, el periodista italiano Marco Tosatti, que tiene un blog de seguimiento sobre el Vaticano hace énfasis en la «peligrosidad» que representa la presencia de Braz de Aviz en el clero. Al respecto indicó lo siguiente:

Gracias a la influencia de Chiara Lubich sobre el pontífice polaco, nuestro cardenal Aviz fue elevado a obispo en Brasil. Sin embargo, las raíces filo-comunistas del prelado permanecieron intactas, como bien lo demuestra el hecho de que haya sido uno de los poquísimos obispos brasileños que se interesaron por el expresidente Lula cuando estuvo en prisión, incluso haciéndole una visita fraterna en ocasión de una estancia suya en Brasil. O sea, entre camaradas se entienden…

Posteriormente, gracias al entonces Secretario de Estado de Benedicto XVI, Aviz fue promovido a Roma en el 2013, para sorpresa de la Nunciatura en Brasil, para estar al frente de la Congregación de los Religiosos. Se dice que la secretaria del Card. Bertone era focolarina, y de ese modo nos encontraríamos con el mismo motivo de tanta carrera para alguien tan desconocido y de bajo quilate intelectual.

De hecho, su paso por las diócesis brasileñas había dejado amargos recuerdos. Los sacerdotes se quejaban de la obsesión económica de su obispo y de ciertas actitudes contradictorias e incluso escandalosas. Ha sido él mismo quien ha reconocido en una conferencia pública su constante tendencia a encubrir a los sacerdotes que ¡tenían hijos! Y de hecho incluso lo hizo con su hermano, ya fallecido, a quien confió una parroquia en Brasilia después de haber asegurado al clero local que lo habría recibido de manera discreta precisamente por el hecho tener él descendencia.

Asimismo, el reproche sobre su actitud, si se quiere partidista, también está presente en la carta que dirigieron los padres de los alumnos que están en los Heraldos del Evangelio. En el texto también señalaron que «se nos ha comunicado que Vuestra Eminencia ‘ha decidido que todos los menores admitidos en cualquier calidad a los Heraldos del Evangelio al final del curso académico en curso deben volver a vivir con sus familias y ser confiados a sus padres’. Su represalia ideológica no se limita a las normas canónicas y eclesiásticas; impacta directamente en la educación de nuestros hijos, quienes serán privados de la educación integral que brindan los Heraldos».

La Iglesia infiltrada por globalistas

El arzobispo Carlo Maria Vígano, quien fue el nuncio apostólico (equivalente a embajador) de la Santa Sede en Estados Unidos, exclamó que existe abiertamente una lucha entre el bien y el mal, cuando advirtió a Donald Trump (cuando aún era presidente) sobre la “iglesia profunda” (Deep Church, en inglés).

La señala como una organización invisible dentro de la jerarquía eclesiástica que desde instancias de poder pretende demoler desde adentro a los pilares de la Iglesia Católica, con la misma intensidad que lo hizo el “Estado profundo” (Deep State) para obstaculizar a Trump y socavar los fundamentos de la nación hasta su completa auto-aniquiliación».

Este grupo de infiltrados que conforman la «Iglesia profunda», según lo que narra Vigano, tienen una misión que pasa por cumplir una serie de metas para llegar a la médula de dicha institución. ¿Su objetivo? El enfoque es uno y se concentra en demoler el papado y asegurar el poder. Este poder. Ahora, dicha colaboración no va en solitario. El religioso argumenta que el «Estado profundo» en Estados Unidos también está involucrado.

Esta táctica no ha sido una labor espontánea, ni mucho menos. Todo lo contrario. Llegar a codearse y trabajar en el corazón de la Iglesia ha tomado años. Es una labor prácticamente quirúrgica. Un procedimiento acucioso. Un proyecto que se labró desde la década de los 90, según mencionó Vigano en una entrevista en enero de este año con Steve Bannon en War Room.

La alianza mencionada se da en muchos niveles. En sus declaraciones, Vigano explica que la iglesia profunda y el «Estado profundo» tienen una cooperación que se da en un principio cuando se facilitaron contactos cerca de 1990, por medio de un excardenal estadounidense que llevaba a cabo misiones políticas en China, en nombre de la administración estadounidense.

El término de «Estado profundo» se utiliza para hablar sobre la creencia de que hay personas influyentes detrás de escena que presuntamente controlan la política del Gobierno norteamericano. “La mayoría de ellos son identificables, pero los más peligrosos son los que no se exponen. Aquellos a los que el diario nunca menciona”, explicó Vigano en la entrevista, en aquel entonces.

Una radiografía sobre la pugna de la izquierda contra la Iglesia en Latinoamérica

No es la primera vez que la izquierda pretende socavar el derecho de los padres a la patria potestad sobre sus hijos en la región. En Ecuador, la Corte Constitucional (N.o 003-18-P.JO-CC) dispuso que el Estado puede intervenir como un “salvador externo” y privar de la autoridad tuitiva de los padres sobre las decisiones de sus hijos menores de edad respecto a sus “derechos sexuales y reproductivos” que rigen desde los 12 años.

Quitar a los padres la patria postestad de sus hijos, debilitar a la familia y “socializar” en manos del Estado la educación es marxismo de manual. Fue precisamente en Ecuador, bajo el socialismo del siglo XXI, que el ex Presidente Rafael Correa demandó la expulsión de los Heraldos del Evangelio del país en el 2011.

Correa hizo uso del Tratado Modus Vivendi suscrito entre la Santa Sede y el Estado ecuatoriano para vetar la designación realizada por el Papa Benedicto XVI del P. Rafael Ibarguren (sacerdote Heraldo del Evangelio) como Vicario Apostólico de la provincia amazónica de Sucumbíos.

Los integrantes del Foro de Sao Paulo como él tuvieron que abandonar a Brasil como sede tras el triunfo de Jair Bolsonaro. Ahora se pronuncian como “progresistas” bajo el marco del Grupo de Puebla. Como su nombre indica, el progresismo está en guerra con todo aquello que sea tradicional. Por ende, combate a los fundamentos de la Iglesia Católica.

Y Brasil, el país con más católicos en el mundo, cumple un rol fundamental. Según las apariciones de la Virgen de Fátima en 1917, para proteger a las naciones del comunismo, es necesario consagrarlas al Inmaculado Corazón de María. El presidente Jair Bolsonaro lo hizo en los primeros días de su gestión.

Como consecuencia, quienes pretenden instaurar ese sistema empobrecedor y esclavizador, persiguen a quienes lo resisten. Tal como sucede hoy con los Heraldos del Evangelio.

Mamela Fiallo Flor – Panam Post

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