El candidato presidencial de la izquierda declarado “marxista, leninista y mariateguista” copiará en Perú el modelo del régimen chavista.

Con la misma fórmula que el régimen de Nicolás Maduro administra a Venezuela gobernará el maestro izquierdista Pedro Castillo en Perú: el socialismo del siglo XXI. En su programa de gobierno contempla desde la hostilidad contra Estados Unidos, censura a los medios de comunicación y la nacionalización de los “sectores estratégicos”.

Es una copia del modelo del régimen chavista reunida en 21 capítulos bajo la autoría del fundador de su partido Perú Libre, Vladimir Cerrón, donde se declaran “marxistas, leninistas y mariateguistas” y citan a Lenin, Fidel y Correa más de una veintena de veces.

El documento que está en el portal del Jurado Nacional de Elecciones incluye una larga lista de reformas estructurales que implican un cambio total frente al vigente modelo económico peruano, esto mediante una nueva Constitución.

La oferta para llegar a la Casa de Pizarro se promueve como el antídoto contra el “neoliberalismo”. Sin embargo, Luis Fierro, especialista en desarrollo económico, social y ambiental en América Latina y el Caribe, afirma que el programa es un compendio con “un radicalismo inusitado para un partido que busca ganar elecciones multipartidistas” en El Universo. 

Castillo lo reduce a que “es tiempo de elegir a un hombre del pueblo y no a sus verdugos”.

Inspiración socialista 

Más allá de las palabras en redes sociales está la promesa en papel de Pedro Castillo que brinda apoyo a la izquierda latinoamericana destacando que “los presidentes Rafael Correa, Evo Morales, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Fidel Castro, Raúl Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Manuel Zelaya, Daniel Ortega y Pepe Mujica estuvieron en el punto más alto de la integración latinoamericana, basada en principios soberanos” otorgándole “dignidad al continente”, pero Perú “lamentablemente siempre fue una decepción ante estos intentos”.

Esa es una oda en el documento redactado por Cerrón que su abanderado desvirtúa en Twitter con publicaciones donde afirma que el país inca no será como Cuba ni Venezuela, sino tendrá su propiedad identidad. ¿Estrategia de campaña? A veces, la distracción es una.

De espaldas a Estados Unidos

Ni cerca de la Casa Blanca se plantea un eventual mandato del maestro provinciano porque para la ficha de Perú Libre, “Estados Unidos diseñó un plan político, jurídico, económico, comercial, financiero, mediático y militar para la dependencia bajo su designio, creando para este fin muchas instituciones supranacionales aparentemente democráticas”.

De ahí su rechazo frontal declarado —en papel y en micrófonos— a la Organización de Estados Americanos (OEA) que define como “un organismo de control geopolítico de Latinoamérica y el Caribe bajo cuya protección o indiferencia se avalaron golpes de Estado en varios países cumpliendo estrictamente órdenes de EE. UU.”.

Sus preferencias diplomáticas se inclinan hacia la Comunidad de Estados Americanos y Caribeños (CELAC) y sugiere la creación del Centro de Solución de Disputas de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) con una mayor participación en UNASUR para forjar “una postura económica continental frente a Estados Unidos”.

Otro marco

Entre los puntos álgidos de la campaña de Castillo resalta la convocatoria a un referéndum para reescribir la Constitución Política del país. Un camino que siguieron Venezuela (1999), Ecuador (2008) y Bolivia (2009).

La reciente alianza que firmó con la izquierdista Verónika Mendoza, indica que buscarán “un nuevo pacto social” a través de una nueva Constitución redactada por una “Asamblea Popular”.

El desconcierto reina es sobre la forma en la que se buscará cambiar la Carta Magna. “Seremos respetuosos de esta Constitución Política hasta que el pueblo lo decida a través de un referéndum, hasta que el pueblo emane su voluntad, para que lo que venga del pueblo”.

Esa es la meta porque para ellos “la Constitución de 1993 fue impuesta tras un golpe de Estado, promovido por el gran empresariado nacional y transnacional, concretizándose los objetivos del consenso de Washington, que les permitió adecuar la administración estatal a sus intereses e instaurándose un nuevo modo de producción al país conocido como neoliberalismo”.

La Constitución bajo su tutela sería “solidaria, humanista, rescatista y nacionalizadora”, que “debe concluir en el desmontaje del neoliberalismo y plasmar el nuevo régimen económico del Estado”.

Mordazas para todos 

“Si en Venezuela abundan las denuncias de persecución contra la libertad de expresión, un plan como el expuesto por Perú Libre acarrearía escenarios similares”, analiza Infobae porque el programa plantea la  “eliminación de programas ‘basura’” y critica que el Estado haya “abdicado” en su rol protector.

Por ello, Pedro Castillo encomendará a los ministerios de Educación y Cultura la fiscalización de los contenidos de la televisión y las radios antes de la difusión para resguardar “la moral y las buenas costumbres de la sociedad peruana”.

Sus críticas a los medios de comunicación son profundas y de cuidado, porque dejan al descubierto intenciones claras de interferencia. Y es que Castillo los considera “poderosos instrumentos de dominio, de hegemonía cultural, desde donde la derecha tiene la capacidad de hacerles creer a los pobres que lo que a ellos les beneficia también los beneficia”. Quizás esto explica su rechazo a las entrevistas como lo anunció en su red social el partido.

Más poder central 

La nacionalización de los “sectores estratégicos” de la producción, como la minería —ambos clave para la economía local— también estarán sometidos a una administración socialista con Castillo.

El documento de su mentor propone una revisión de “todos los nefastos contratos-ley que han sido en realidad la libertad para el saqueo del pueblo peruano” porque “Ecuador y Bolivia demostraron, bajo gobiernos de izquierda que esto es posible y viable”.

En caso de que las compañías desacaten sus condiciones, amenaza con la estatización al señalar que “el Estado peruano debe proceder a la nacionalización indemnizando al privado lo invertido y administrando el total de las utilidades generadas”. En otras palabras, expropiar, tal como lo ha hecho Maduro a 5000 empresas en Venezuela.

Bajo este nuevo modelo el Estado asumiría el rol de empresario “para competir equitativamente con el empresariado privado”. El próximo 6 de junio cuando se enfrente en la segunda vuelta a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, se sabrá si sus ideas recicladas calaron.

Gabriela Moreno – Panampost.com