La Iglesia católica peruana advierte sobre la imagen del candidato de Perú Libre que pretende venderse como un salvador. El sacerdote Pablo Meloni Navarro aseveró que “el comunismo es intrínsecamente perverso. Le llama bien al mal y le llama mal al bien, empezando porque niega a Dios todopoderoso”.

Ungirse como un líder promotor de la libertad, la igualdad y la justicia social es la meta de Pedro Castillo, el candidato presidencial de la izquierda en Perú. Para ello, el dirigente forja una imagen mesiánica sobre su figura de maestro provincial que alerta a la iglesia católica.

“El comunismo es intrínsecamente perverso. Le llama bien al mal y le llama mal al bien, empezando porque niega a Dios todopoderoso y a su enviado Jesucristo en la carne”, asegura en su homilía el sacerdote de la parroquia Santa Mónica en el distrito de San Isidro, en la capital peruana, Pablo Meloni Navarro.

En el mensaje a sus fieles divulgado por la Agencia Católica de Informaciones —una de las más grandes generadores de contenido noticioso católico en cinco idiomas y que pertenece desde junio de 2014 a la familia de EWTN Global Catholic Network— considera que “algunos profesores en el Perú, del sindicato de la educación dominados por esas ideologías políticas son los que más están dañando la fe de los compatriotas y en muchas otras partes del mundo”.

En la  la calle y en Twitter esa es la oferta de Pedro Castillo y «sus palabras generan un temblor, porque Jesucristo es el maestro que nos enseña la verdad. Cuando cualquier otro se quiere llamar a sí mismo ‘maestro’ y más aún cuando, no solo en términos intelectuales sino en términos de la verdad, está en las más profundas tinieblas, nosotros no podemos callarnos y dejar que la gente elija como le da la gana. Tenemos el deber de advertir que solo Jesucristo es el Señor, no hay otro camino ni verdad”.

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Escenario a favor

Sin embargo, el 6 de junio —día de la segunda vuelta presidencial— atraviesa un periodo oscuro. La escena electoral está revuelta y tensa. La brecha entre los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori se acortó a tres puntos y faltan dos debates antes de ir a las urnas.

Todo ello guía las percepciones de los electores peruanos en medio de una crisis económica, la debilidad institucional, falta de credibilidad, inseguridad, corrupción, impunidad y deterioro social.

Las encuestas arrojan que aún 15 % de los electores no precisa su voto y un margen similar reconoce que votará blanco o nulo. Con esas condiciones, votar por  impulso, descontento, inconformidad, deseo de cambio, hartazgo, basando la decisión en una evaluación de corto alcance; tratando de castigar más que elegir es el escenario ideal para el surgimiento de una figura carismática, quasi-iluminada. En otras palabras, alguien que se venda como un salvador, redentor, capaz por sí mismo de cambiar todo de un tajo, con un discurso y método simple, asegura Forbes México.

Una táctica 

De esa manera se vende Pedro Castillo. Con su figura de apariencia humilde, de campesino, al lomo de una yegua y siempre con un lápiz promete cambiar hasta la Constitución. Así encaja en el perfil de quienes ofrecen reconstruir la moral de la nación aboliendo todo aquello que le impida alcanzar “la liberación del pueblo con justicia”.

Pero “esas ideologías y falsas doctrinas preparan al mundo entero para acoger a la impostura religiosa suprema del anticristo, que hará que la mayoría de las criaturas humanas lo acojan y ser el camino de la apostasía —negación de la fe— que ya en diversos aspectos se puede ver en muchos lugares dentro y fuera de la Iglesia”, sostiene el sacerdote peruano, que también es médico y exdirectivo de la Organización Mundial de la Salud.

Caer en la “empatía, por afectividad o por conveniencia o lo que fuera” de estas posturas socava la fe y poner en riesgo la salvación porque se incurre en un “tributo idolátrico” dejando a un lado a Cristo y se pierde “la capacidad de amar y no voy a creer que es el amor el que renueva la vida de cada criatura humana y de la criatura entera como el Señor nos ha enseñado, sino que es el odio, la lucha la venganza”, también enfatiza Pablo Meloni Navarro.

La única elección válida

Antes del proceso electoral, el sacerdote recordó que “los católicos deben elegir a Cristo, a la vida y verdad y no a la muerte, mentira y engaño”.

Para el clérigo “el marxismo como el liberalismo materialista son contrarios a la fe y pueden llevar a la herejía del mesianismo falso secularizado, es decir, buscar un falso salvador o mesías, porque el marxismo materialista se propuso desde un inicio ese objetivo”.

En su homilía también despejó dudas y “ante la pregunta de por qué es incompatible el cristianismo y el comunismo, el secretario general del partido comunista italiano, Antonio Gramsci, respondía diciendo ‘porque nosotros queremos el paraíso en la Tierra y los cristianos quieren el cielo, y eso no es compatible’”.

Antonio Gramsci es autor de la hegemonía ideológica que aún hoy es utilizada por los principales enemigos de la Iglesia, a pesar de que retornó a la fe católica de su infancia y recibió los sacramentos antes de morir  en abril de 1937.

Además advirtió sobre la manipulación ideológica que se enquista en el país por aquellos “confundidos dentro y fuera de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo”, que pretenden mostrar que “si alguien denuncia al comunismo está en contra de los pobres, en contra de los más necesitados, en contra de la justicia social”.

Esto sucede “porque se da la situación ridícula de que estos personajes, que se presentan como que tienen la propiedad monopólica de los pobres, de la justicia social, de la honradez, y de una serie de valores cívicos, son los que simultáneamente recusan toda propiedad”.

Advertencia piadosa

Los votos —celestiales— del clérigo son para que la “Madre Santísima, San José, su castísimo esposo, los ángeles y arcángeles y la multitud de los santos en el Cielo, asistan para que no quedemos a medio camino perdidos en el desierto, en medio de las tinieblas de este mundo que pasa”.

Mientras la asistencia se manifiesta, la iglesia católica y evangélica pidieron jurar a los candidatos que disputarán el balotaje presidencial que respetarán las instituciones democráticas, tras cinco años de inestabilidad política. Este juramento quedó asentado en la «Proclama Ciudadana» donde solicitan a ambos candidatos comprometerse a «respetar y proteger la independencia y los fueros de los otros poderes del Estado», en caso de convertirse en el próximo presidente de Perú.

Castillo ya firmó, pero para El Comercio “la garantía de que se cumpla este compromiso es muy limitada y depende de la voluntad política”.

Gabriela Moreno – Panampost.com