El mandatario peruano no convence. Una encuesta revela que en el sur del país, donde despegó su campaña para llegar a la Casa de Pizarro, la cifra de desaprobación alcanza el 59 %. El analista político Miguel Velarde dijo a PanAm Post que su caso es más complejo que otros porque no es por un tema específico sino por “la poca popularidad de sus ideas y la deficiencia de su equipo”.

El aumento de la desaprobación a la gestión del presidente de Perú, Pero Castillo, está alcanzando un nuevo nivel. Con el 76% de la población rechazando su labor con solo en nueve meses de gobierno, la impopularidad complica aún más el panorama de crisis que lo acecha.

El mandatario no convence. Una encuesta revela que en el sur del país, donde despegó su campaña para llegar a la Casa de Pizarro, la cifra alcanza el 59%. En el norte y oriente, los números se disparan. Asimismo, en la primera región, en comparación con marzo, el incremento es de 17 puntos al pasar de 62 % a 79 % mientras que en la segunda de 62 % ahora arroja 77 %.

El escenario es peor para Castillo en Lima y Callao, epicentro de las recientes protestas en su contra por el aumento de precios. Allí acumula 85 % de desaprobación.

Poco poder para maniobrar

“La falta de liderazgo es un problema que se veía venir antes de su elección por la falta de experiencia y trayectoria”, apunta Miguel Velarde, economista y analista político, en entrevista con PanAm Post.

A su juicio, “es realmente difícil que Castillo contrarreste la tendencia porque a diferencia de otros casos, su crisis no es por un tema específico. Es por la poca popularidad de sus ideas y la deficiencia de su equipo. Desde el principio no logró armar uno eficiente y ahora en un declive será más difícil que gente capaz se sume a su gestión de gobierno”.

Destaca que Pedro Castillo ganó en una segunda vuelta pero en la primera vuelta, donde obtuvo sólo el 19 % de los votos, también se conformó el Congreso, y con este bajo porcentaje tiene poco poder para maniobrar, lo cual debilita más su posición.

“Las ideas con las que Castillo llega al poder y las ideas que desde el poder intenta implementar no son las más populares y encuentran resistencia no solo en el mundo político sino en la ciudadanía”, sostiene Velarde.

Un récord pésimo

La caída de Castillo es sostenida. En octubre esta desaprobación a su gestión acumuló 48%. Un mes después trepó hasta 57 % y diciembre cerró con 58 %. En enero rondó el 60 %.

Si se compara con sus antecesores, el descenso del presidente es el más bajo, considerando que Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra superaron el mismo periodo con 30 % de aprobación. Castillo no está ni cerca. Del 39 % que gozó a su arribo al poder hoy solo tiene 19 %.

Gabinete en crisis

El jefe del gabinete, Aníbal Torres, sobre quien recaen también cuestionamientos e, incluso, ya se inició la recopilación de firmas para interpelarlo, cuenta con una mayor desaprobación en Lima y el centro del país, 69 % y 60 %, respectivamente.

En el caso del ministro de Economía, Óscar Graham, este mantiene una desaprobación del 68,5 % y 6 4%, de forma respectiva. Daniel Salerry, asesor de Castillo, admite que en el tren ejecutivo hay disposición a renunciar a los cargos en un intento por renovar nuevamente al equipo administrativo.

Sin embargo, volver a apostar al disfraz de renovación para atenuar la polémica sobre su imagen quizá ya no genere impacto porque, según la Unidad de Periodismo de Datos de El Comercio, esta táctica tiene otra inestabilidad: la mitad de los viceministros tiene menos de 60 días en el cargo.

Castillo juega a mostrar respaldo militar en medio de la situación divulgando acciones con la Dirección de Operaciones Especiales (DIROES). La estrategia es poca. Sin funcionarios arraigados a sus carteras, la demora en la ejecución de las políticas públicas es una constante ante el continuo traspaso de mando.

Tener cuatro cambios de gabinetes encima en seis meses comienza a pesar. Para el periodista Carlos Paredes, el presidente no renuncia porque al día siguiente tendría que enfrentar a la Justicia por las denuncias de corrupción contra él, su familia y su entorno más cercano.

Por Gabriela Moreno – Panampost.com

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