El candidato izquierdista presentó un nuevo plan que evita el uso de términos como el “marxismo” y las expropiaciones pero habla de la “nacionalización de riquezas” y de reformar la Constitución.

Si bien Pedro Castillo ha dado muestras de ser —en cierto modo— un analfabeto en economía también probó ser alguien de cuidado, cuando se trata de utilizar tácticas ideológicas para vender una utopía de carácter comunista al pueblo peruano. Esta estrategia para llegar al poder, que resulta grotesca en muchos aspectos, tuvo un antecesor que urdió un plan similar en 1998: Hugo Chávez.

Hoy, este amargo déjà vu con tintes socialistas llega a tierras incas. Los discursos de Castillo, así como ciertos movimientos, lo colocan en una posición de cierta afinidad con el Hugo Chávez de aquella época cuando fue candidato antes de su primer mandato. Esos días en los que mentía con absoluto desparpajo para llegar al poder.

Hugo Chávez, aquel militar engendrado de los retenes del descontento social, ahora es emulado sosamente por Pedro Castillo, quien hoy, al ver las encuestas y cómo se cierra la brecha entre él y Keiko Fujiomori, recurre a una línea «moderada» para su plan de gobierno, producto de supuestamente haber «escuchado a quienes nunca antes fueron escuchados».

Y es que el candidato peruano de extrema izquierda publicó este nuevo plan de sus primeros 100 días de gobierno llamado “Perú al bicentenario sin corrupción”, dejando de lado el plan que inscribió ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) con el ideario del partido Perú Libre “marxista y leninista» escrito por el médico y fundador del partido, Vladimir Cerrón.  Sin embargo, a pesar que querer marcar distancia, los lazos comunistas siguen siendo evidentes.

Es más, hacer comparaciones es inevitable. Recordar cómo descaradamente Hugo Chávez, cuando aún era un candidato de a pie —ataviado en algunas ocasiones de liqui-liqui y otras con traje y corbata— aseguró en una entrevista «no ser socialista» es uno de los recuerdos más próximos, al hablar de estas circunstancias en Perú.

El timo de Chávez en una de sus múltiples entrevistas quedó grabado para la posteridad. Ahora, dos décadas más tarde, la Venezuela que se pintaba como una de las pioneras al caminar de la mano con el «socialismo del siglo XXI» está sumida en una profunda crisis. Hoy está sin aparato productivo, con la población empobrecida, políticos atornillados en el poder y el dinero del país depositado en cuentas bancarias de la dictadura chavista.

Nuevo plan, mismo comunismo

El nuevo documento cita «un camino de cambio progresivo» para Perú y trata de desligarse del plan anterior indicando que «ya no es solo la propuesta de Perú Libre, es la propuesta de los pueblos que quieren un cambio en beneficio de todas las familias del Perú».

Aún así, el plan firmado por Castillo sigue defendiendo una reforma a la Constitución donde el Estado “tenga rol planificador, regulador e inversor donde el interés público, el de todos los ciudadanos, prime sobre el privado». Es el mismo guion de Hugo Chávez para captar seguidores cuando hablaba de una nueva Carta Magna en pro de «la justicia social y el desarrollo económico».

También menciona a las empresas privadas y la pandemia. Dice que se dará «la prioridad a la producción del oxígeno medicinal en las compañías del sector privado», pero «garantizando la provisión y evitando el oligopolio y la usura».

En este punto del plan se evidencian las intenciones de Castillo hacia las industrias. Por ejemplo, cita una futura «nacionalización de riquezas», un nuevo impuesto a las sobre ganancias, la reforma agraria y renegociación de «contratos de estabilidad tributaria» con las grandes empresas.

Por supuesto, no quedan de lado las promesas de nuevo proyectos, como la construcción de la Red Nacional de Gasoductos, créditos a los sectores «más vulnerables» y «apoyo directo» a la economía familiar.

La omisión de Castillo

Tanto Fujimori como Castillo se medirán en un próximo debate el 30 de mayo por decisión de los representantes de Perú Libre y Fuerza Popular, anunció el JNE. De realizarse, girará en torno a seis bloques que van desde la salud y manejo de la pandemia hasta la lucha contra la corrupción e integridad pública. El nuevo encuentro tendrá lugar luego de que el candidato izquierdista no asistiera al encuentro a las afueras del penal de Santa Mónica, a pesar de haber retado a su rival.

Mientras ese debate llega, el nuevo plan de gobierno de Castillo también trata de subsanar omisiones del plan anterior. El documento elaborado por el marxista Vladimir Cerrón no contemplaba el tema prioritario de la pandemia. Este tipo de faltas y la marcada línea socialista podrían haber sido determinantes en la decisión de llevar adelante un nuevo proyecto.

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“Lo único que hemos dicho es que el ideario de Perú Libre no contemplaba el tema de la pandemia porque en ningún partido político estaba en ese momento», dijo a finales de abril asegurando que iban a ampliar la propuesta.

Sin embargo, su afirmación era falsa. El portal peruano RPP verificó que de las 18 fórmulas presidenciales de primera vuelta, las cuales registraron su plan de gobierno, solo el partido Perú Libre no contemplaba a la pandemia por coronavirus. El documento fue validado el 22 de diciembre del año pasado, el país tenía 10 meses bajo el asedio del coronavirus.

La brecha entre Castillo y su rival Keiko Fujimori, se está acortando a medida que llega la fecha de las elecciones. La diferencia era de hasta 20 puntos en abril pasado, pero el escenario está cambiando. Un sondeo reciente del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) muestra que Castillo tiene 36.5 % de respaldo frente a 29.6 % para Fujimori. La empresa IPSOS reveló una brecha aún más corta: Castillo obtuvo 51.1 % de intenciones de voto contra 48.9% obtenido por Fujimori.

Faltan tres semanas para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, la brecha entre los candidatos se acorta y Keiko Fujimori sigue en ascenso, mientras que la izquierda cambia su plan de gobierno ante las alertas que se encendieron con la propuesta inicial. No obstante, las similitudes con los primeros pasos del chavismo se vuelven difíciles de ocultar.

Oriana Rivas – panampost.com