Las rivalidades entre los partidos en Perú embarcan al país en una crisis rumbo a los pactos para la segunda vuelta en junio

Las elecciones presidenciales de Perú lanzaron a un nuevo abismo político al país. Salir del escollo es una proeza que parece inalcanzable frente a las disputas que ya se reportan para gestar pactos entre los partidos derrotados con los dos candidatos que pasarán al balotaje: Keiko Fujimori y Pedro Castillo.

Derecha e izquierda buscan apoyo y lo necesitan. Sin embargo, la pesquisa de respaldos aviva las diferencias entre los 18 candidatos que se postularon a la primera vuelta.

A casi una semana de los comicios, los cuestionamientos no paran. Para algunos es inexplicable que Fujimori pase a la ronda definitiva cuando arrojó el más alto porcentaje de rechazo, con más del 50 % en los sondeos de opinión.

La polarización la favoreció. Por otro lado, Castillo impresionó con su victoria insospechada que condujo a Rafael López Aliaga, candidato del partido Renovación Popular, a solicitar la revisión de las actas de los comicios del domingo 11 de abril.

A Piero Corvetto Salinas, jefe de procesos electorales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) le pidió el reconteo que además exige personeros legales, técnicos y hasta el defensor del pueblo para garantizar la “transparencia”. Todavía el ente no le responde y tampoco ha anunciado la certificación de los aspirantes a la Casa de Pizarro.

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Acuerdos en forcejeo

En la segunda vuelta serán indispensables los acuerdo. El forcejeo para cerrarlos ya está en el ambiente. Fujimori estaría con más posibilidad de sumar el respaldo de los votantes de Rafael López Aliaga del partido Renovación Popular que amasa 11, 69 % y también de Hernando de Soto de Avanza País que aglutina el 11, 54 %.

A su vez, Castillo podría obtener al votante de izquierda de Juntos por Perú,  Verónika Mendoza (8 %) y del centroizquierdista Yonhy Lescano de Acción Popular (9,8 %).

El problema para Castillo lograr pactos con algunos son sus propuestas radicales. Entre las más polémicas está el reemplazo de la Constitución de 1993, la expulsión en tres días a los extranjeros ilegales, la disolución del Tribunal Constitucional, la nacionalización de los principales yacimientos mineros, petroleros y energéticos y la liberación del hermano de Ollanta Humala, Antauro Humala.

López Aliaga en todas sus redes rechaza algún acercamiento con él, porque cree que su plan de gobierno llevaría al país a una “dictadura cruel, similar a Venezuela o Cuba”.

A Mendoza le preocupa la oposición de Castillo a una “educación con igualdad”. Ella no esconde su rechazo por el camarada de sus mismas filas, tras el ataque a su campaña y el robo de sus propuestas.

Lo innegable

Existe un escenario innegable en cierto modo.  Es muy probable que los sectores conservadores logren una mayoría parlamentaria para sostener a un gobierno de Fujimori o para oponerse sin tregua a un mandato de Castillo, quien defiende desde posiciones de izquierda radical un “Estado fuerte”, el fin de los monopolios privados y aniquilación de la “la explotación laboral” con profunda intransigencia ante los avances sociales.

Fujimori, por su lado ya se ve en el poder. Asegura en sus redes sociales que “la tercera es la vencida”.

Pocas esperanzas

La monumental fragmentación política peruana, traducida en una parrilla electoral extensa propició que 19 % y 13 % de votos válidos, respectivamente, fueran suficientes para pasar al balotaje. Inadmisible, claro. Más cuando la primera vuelta peruana deja la impresión de ser una primaria, con amplia oferta electoral y que es capitalizada por quienes consiguen minorías fidelizadas a una propuesta cerca a algún extremo.

El país inca es el ejemplo de que no se gana una primaria tirado al centro, como tampoco una primera vuelta en el Perú en esa posición. Castillo y Fujimori a esta hora lo saben. Ambos candidatos cuentan con amplia experiencia política y movilización social y la subestimación entre este contrincante sería un grave error.

Pero “la fragmentación política, si bien maldita, puede ser también una oportunidad: quien desee ganar cuenta con todos los incentivos para moderarse. Quien consiga peinar el centro, ganará” proyecta La Tercera.

El vaticinio para las urnas el próximo 6 de junio desempolva el mito de Sísifo, quien fue condenado a empujar una roca cuesta arriba de una montaña por siempre considerando que “los peruanos nuevamente se embarcan en una elección amarga, carente de inspiración o siquiera ilusión. La roca que empuja es el propio engaño de pensar que en cinco años, por inercia, las cosas irán distinto. La tragedia es que el tiempo, en Perú, es circular”.

Gabriela Moreno – Panampost.com