El líder de Perú Libre tiende a rehuir de la prensa, evitar los temas de fondo y responder con ambigüedad. Sin embargo, esta estrategia, junto con las renuncias de su polémico gabinete, le está jugando en contra.

A poco más de un mes de asumir la Presidencia de Perú, la mordacidad inicial de Pedro Castillo se ha ido apagando. Al parecer, el enérgico mandatario defensor de un «gobierno del pueblo», ha optado últimamente por callar. Del mismo modo, rehuir de la prensa, evadir temas cruciales y responder con ambigüedades se han convertido en los ejes centrales de su improvisada «estrategia comunicacional».

Sin embargo, todo silencio tiene un costo y el líder de Perú Libre ya lo está empezando a notar. Antes de cumplir un mes en el poder, el izquierdista alcanzó un 46 % de desaprobación, descontento que también se ha manifestado en las calles.

Por otro lado, la designación de su polémico gabinete le ha significado innumerables problemas. Esto a su vez desencadenó la renuncia del canciller peruano, Héctor Béjar y el ministro del Trabajo, Iber Maraví. Además de dos viceministros del Interior, quienes dejaron el cargo por sus discrepancias con las reformas a la Policía Nacional de Perú (PNP).

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Asimismo, otros funcionarios de gobierno han sido acusados por sus vínculos con organizaciones terroristas y escandalosos casos de corrupción. Entre ellos, el primer ministro, Guido Bellido, quien está siendo investigado por cometer «apología al terrorismo» y por financiamiento irregular del partido oficialista, Perú Libre. Mientras el gobierno se derrumba, Castillo se muestra impasible. Al menos eso intenta.

La estrategia de Castillo

Ante las contundentes críticas a su gobierno, el jefe de Estado de Perú se ha inclinado por el silencio. La destitución del canciller Héctor Béjar es quizá la prueba más evidente de ello. El exministro de Relaciones Exteriores dejó el cargo tras graves señalamientos que hizo, cuando aseveró que el grupo terrorista Sendero Luminoso fue obra de la Marina de Guerra peruana y de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

La salida de este guerrillero fundador del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Perú, estuvo marcada por la polémica, sobre todo por el mutismo de Castillo, quien no se pronunció al respecto.

Algo similar ocurrió con la reciente renuncia del ministro del Trabajo, Iber Maraví. El titular de la cartera es imputado por «instigar al terrorismo» durante una protesta en 2004 en Huamanga, Ayacucho. Quien pidió su retiro fue el también cuestionado primer ministro, Guido Bellido.

Por otra parte, el mandatario peruano tampoco se refirió a la permanencia de Julio Velarde en el directorio del Banco Central de Reserva (BCR). Por el contrario, ha sido el ministro de Economía y Finanzas, Pedro Francke, quien ha debido ratificar constantemente el anuncio, ante el escepticismo de los periodistas.

El silencio del líder de Perú Libre también involucra sus continuos roces con los medios y su negativa a responder sus preguntas. Tal ha sido su fricción con la prensa, que hace unas semanas insinuó que podría crear su propio espacio alternativo para «informar a la ciudadanía».

María José Olea Álvarez – Panampost.com