Hubo una sencilla razón por la cual los economistas pudieron predecir acertadamente que las jugosas prestaciones por desempleo de la administración Biden tendrían consecuencias económicas negativas.

Tras el pésimo informe de empleo de abril, el presidente Joe Biden subió al podio el lunes para defender las políticas económicas de su administración.

“Se ha hablado mucho desde el informe del viernes de que se está pagando a la gente para que se quede en casa en lugar de ir a trabajar”, dijo Biden. “No vemos muchas pruebas de eso”.

Un informe sobre el empleo en EE.UU. publicado el viernes mostró que la economía añadió sólo 266.000 puestos de trabajo en abril, una cifra sustancialmente inferior a los 770.000 puestos de trabajo añadidos en marzo y aproximadamente una cuarta parte de lo que habían previsto los pronósticos.

“Los economistas esperaban una cifra de aproximadamente 1 millón de puestos de trabajo más grande”, informó Axios, “lo que hace que esta sea la mayor pérdida, en relación con las expectativas, en la historia del informe de nóminas”.

El escritor de Bloomberg, Mohamed A. El-Erian, asesor económico de Allianz SE, dijo que el informe constituía “el mayor fallo de datos registrado”.

¿Se paga más por no trabajar?

La falla en el empleo se produce dos meses después de que Biden firmara un paquete de ayuda de $1.9 billones de dólares para el COVID-19 que incluía una ampliación de seis meses de prestaciones federales para el desempleo, la cual paga a los trabajadores desempleados $300 dólares semanales, adicionales a sus prestaciones estatales de desempleo.

Este aumento de las prestaciones significa en muchos casos que las personas ganen menos dinero al volver a trabajar, lo que los economistas advirtieron antes de la aprobación de la legislación, crearía un desincentivo para que los trabajadores volvieran a la fuerza laboral.

“Ampliar las prestaciones por desempleo durante una recesión tiene un resultado predecible: una recuperación más lenta del empleo”, dijo el economista de Texas Tech, Alex Salter a la Fundación para la Educación Económica (FEE) en febrero. “Deberíamos ayudar a la gente para que vuelvan a trabajar, no hacer que sea más atractivo económicamente quedarse en casa”.

Sin embargo, esto es precisamente lo que hizo la administración de Biden. Los resultados han sido una débil recuperación económica y una escasez de mano de obra sin precedentes. Para algunos, como Larry y Roxane Maggio, que dirigieron una tienda de delicatesses en Nueva Jersey durante una década, la escasez de mano de obra ha tenido fatales resultados para su negocio.

“No encontramos a nadie que trabaje”, declararon recientemente los Maggio al Philadelphia Inquirer, mientras preparaban los últimos pedidos de catering en Ludovico’s.

La experiencia de los Maggio no es la única. El débil informe sobre el empleo, señala el New York Times, es un indicio de que la escasez de mano de obra que han descrito los empresarios es bastante real.

“Estas cifras son coherentes con la historia que cuentan muchos empresarios, de una grave escasez de mano de obra: que la demanda ha vuelto a crecer, pero los empresarios no pueden encontrar suficientes trabajadores para satisfacerla”, escribe el corresponsal de economía Neil Irwin.

Sin embargo, Biden se resiste a admitir que el pésimo informe de empleo de abril se deba a las “generosas prestaciones de desempleo” del gobierno.

“Los estadounidenses quieren trabajar”, dijo Biden a los periodistas. “Como solía decir mi padre, un trabajo es mucho más que un cheque de pago. Se trata de tu dignidad”.

Un caso de incentivos perversos

El padre de Biden no se equivocaba al decir que el empleo es mucho más que un sueldo. Yo mismo lo he señalado.

Mi primer trabajo, como jardinero en un campo de golf, me pagaba 5 dólares la hora, lo que no parece mucho. Pero el trabajo me ofrecía mucho más que una compensación. Me enseñó a levantarme muy temprano y a llegar a la hora, a conducir un auto sincrónico y a manejar maquinaria ligera. Recibí un curso intensivo de jardinería, aprendí a recibir órdenes y a ejecutar instrucciones. Incluso conseguí mejorar mi nivel de inglés (sólo un poco) mientras trabajaba allí ese verano.

Fue uno de los trabajos más gratificantes e importantes de mi vida, pero no habría sucedido si alguien me hubiera dicho que podía ganar más dinero si no me presentaba a las 5:30 de la mañana todos los días y trabajaba bajo el sol ardiente durante ocho horas. No es que fuera perezoso. Es que no se puede esperar que la gente vaya a trabajar por menos dinero del que recibiría quedándose en casa. Los incentivos son importantes.

De hecho, una de las primeras lecciones de economía es que si se grava algo, se obtiene menos. Si se subvenciona algo, se obtiene más. Por eso los economistas advierten que los legisladores deben tener especial cuidado con los tipos de comportamiento que subvencionan.

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“No se puede subvencionar la irresponsabilidad y esperar que la gente sea más responsable”, observó el economista Thomas Sowell.

No es algo complicado. Por eso era obvio que los economistas, desde Salter hasta Lawrence Summers, que sirvieron en las administraciones de Clinton y Obama, predijeron que las jugosas prestaciones por desempleo de Biden tendrían consecuencias negativas.

Tenían razón, y esas consecuencias se están haciendo visibles ahora.

Lo mejor que podría hacer el gobierno de Biden es convocar una sesión especial y poner fin a los perversos incentivos que están haciendo que la gente elija el desempleo en lugar del trabajo. Sin embargo, es poco probable que esto suceda porque viola la primera regla de los políticos: nunca admitas un error.

Afortunadamente, gracias al federalismo, algunos estados están tomando cartas en el asunto. Carolina del Sur, Arkansas y Montana, recientemente optaron por salirse por completo del programa federal de prestaciones por desempleo.

“Continuar con estos programas hasta la fecha prevista de expiración, el 4 de septiembre de 2021, no es necesario y, de hecho, interfiere con la capacidad de los empresarios para cubrir más de 40.000 vacantes de empleo en Arkansas”, escribió el gobernador Asa Hutchinson en una carta.

Rechazar el dinero federal no es algo fácil de hacer, pero es el camino correcto.

El padre de Joe Biden tenía razón. El trabajo no es sólo un cheque de pago; ofrece dignidad y mucho más y esa es precisamente la razón por la cual debemos rechazar las políticas que desalienten el trabajo.

Jon Miltimore – Fee.org.es