El régimen cubano de Miguel Díaz-Canel convocó a un referendo para el 25 de septiembre en el que se votará una nueva norma que incluye el matrimonio igualitario, olvidando los campos de trabajo forzado para homosexuales dirigidos por el Che Guevara, con los que la “revolución” pretendía formar al “hombre nuevo”.

En el año 2010, un envejecido Fidel Castro admitía luego de 50 años su responsabilidad en la persecución contra homosexuales en Cuba desde que comenzó la dictadura. A él lo acompañó Ernesto Guevara, mejor conocido como el Che Guevara. Ambos llevaron adelante un retórica de violencia y represión como política de Estado enmarcadas en su ideal de «hombre nuevo» que no solo debía demostrar su hombría, sino defender la «revolución». Entonces, quienes no entraban en ese parámetro, padecían las consecuencias.

El precio a pagar por los homosexuales a partir de la década de los años 60 iba desde recibir el calificativo de «pervertidos sexuales» hasta ser internados en lugares bautizados como Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP)». Palabras más, palabras menos, eran campos de trabajo forzado.

Pero ahora, el régimen cubano busca dejar atrás al viejo comunismo y teñirse del nuevo progresismo. Los tiempos cambiaron. Por eso su objetivo se centra en mutar y simpatizar con las minorías, así como apoderarse de su discurso. No es el único que lo hace. Otros gobiernos y empresas en el mundo aplican la misma maniobra. Sin embargo, los antecedentes de la dictadura cubana hacen que pocos crean en las buenas intenciones de la nueva movida del castrismo.

El Código de Familias es la herramienta para sellar esta mutación. El régimen organizó para el próximo 25 de septiembre un referendo para la aprobación de una nueva versión de esta norma desde su entrada en vigencia en 1975. Habrán dos opciones dispuestas para el electorado «Sí» y «No». Dentro de las novedades se incluye el matrimonio igualitario.

Como Auschwitz: “El trabajo los hará hombres”

Este referendo sobre el Código de Familias se da por una disposición de la Constitución cubana refrendada en 2019. En 2021, la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) aprobó una versión que ese mismo año pasó por una «consulta popular». Ahora, en menos de 10 días, será el momento de votarla definitivamente. Seguramente, el Che Guevara hubiera pegado el grito al cielo.

Es que bajo su supervisión, el régimen vanagloriaba a «guerreros barbudos» que nada tenían que ver con los homosexuales, según ellos. El guerrillero comunista fue de hecho «un hombre intolerante», citaba en 2017 un artículo de Elcato. Cualquier desviación del «hombre nuevo» era tildada como «contrarrevolucionaria». De su mano también se creó el primer campo de trabajo de Cuba en 1960, ubicado en la península Guanahacabibes. Para 1965 ya existían las UMAP, que funcionaron hasta 1968, por donde pasaron unos 25000 hombres, incluidos aquellos por su homosexualidad «burguesa», así como sacerdotes afrocubanos o testigos de Jehová. La intolerancia y la represión era total.

Pero ahora, con el nuevo Código de Familias, el régimen cubano de Miguel Díaz-Canel pretende borrar la barbarie del pasado. No hay mención alguna a esta. Tan solo va con su supuesta oferta moderada enmarcada dentro de la corriente «progresista» para venderse como un aparente sistema democrático e inclusivo.

Otras propuestas se incluyen en la reciente versión, como la ampliación de derechos para personas de la tercera edad u otros tipos de parentesco (por adopción, reproducción asistida, etc.). Sin embargo, para el régimen es imposible ocultar cómo la dictadura cubana tomó el lema de Auschwitz, “el trabajo te libera”, para adaptarlo a “el trabajo los hará hombres” y así corregir el “comportamiento antisocial” de aquellos que no se adaptaban a los parámetros de su revolución.

¿Conquista de derechos?

Entonces, el instrumento no es una norma «inclusiva y pluralista», como la hace ver el régimen cubano, ni un mero «código inclusivo, que multiplica derechos», como describe la ONU citando a activistas sociales. Demo Amlat, proyecto impulsado por Transparencia Electoral, pone sobre la mesa una pregunta válida: ¿Se trata de conquista de derechos o de pinkwashing?. El término se refiere a estrategias políticas y de marketing para aparentar un supuesto progresismo apelando a la comunidad conocida como LGBTIQ+.

«De lo que se trata es de una estrategia de pinkwashing para ofrecer tanto en la isla como en el exterior una imagen de progresismo y participación ciudadana masiva, aunque paradójicamente, sometiendo a plebiscito los derechos de las minorías».

La base de ese argumento radica en que primero, los derechos no se someten a plebiscito. Segundo, hay que considerar que en la isla no está prevista la figura de observación electoral, no existen instancias de contraloría ciudadana independiente y los procesos electorales son controlados por el Partido Comunista de Cuba (PCC).

Descarada propaganda estatal

El régimen cubano también viola la disposición de no incurrir en propaganda, plasmada en el artículo 85 de la Ley Electoral. Ya que el fin es aparentar ser un sistema con libertades, el aparato gubernamental se volcó por completo a defender el nuevo Código de Familias.

La mayoría de los mensajes en Twitter entre enero y agosto han sido a favor del «Sí», registró Probox. Posicionaron 28 tendencias con más de 268.000 mensajes. En cambio, no se han documentando tendencias a favor del «No». Pero un sondeo entre febrero y abril arrojó que casi 40 % de los participantes «no tenían opiniones favorables al proyecto de ley».

Tampoco está permitido el voto de los cubanos en el exterior que no están sometidos al régimen castrista. Solo en EE. UU. residen alrededor de 1,5 millones, según datos de la Oficina del Censo. Por eso, surgió la iniciativa  Referendo en el Exterior, sitio web lanzado por Demo Amlat, donde la diáspora cubana puede votar. Será de forma simbólica. Pero servirá de fotografía para mostrarle al régimen que su estrategia política carece de apoyo y, por ende, de argumentos.

Por Oriana Rivas – Panampost.com

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