Este jueves fueron asesinados una mujer y sus cinco hijos en Panamá por los miembros de una secta religiosa llamada ‘La Nueva Luz de Dios’. Pocos detalles han trascendido acerca de esta secta más allá de que el motivo del asesinato fue que se negaron a convertirse a la misma y que uno de los autores del hecho es el abuelo de los niños.

Los pocos datos que se conocen de esta minoritaria secta de la comarca de Ngäbe Buglé es que los ritos que realizaban pasaron a ser cada vez más violentos, después de que uno de los pastores recibiera un “mensaje divino”. Los feligreses eran atados de manos y pies, posteriormente el pastor se paraba frente a ellos y con una biblia en la mano y un machete en la otra les pedía que vomitarán el demonio. Los que no vomitaban seguía siendo golpeados.

La policía evito la muerte de otras 15 personas, que fueron trasladadas al hospital con heridas graves y con signos de tortura. Este grupo llevaba 3 meses practicando el culto en esa zona de la comarca.

En un principio se les relacionó con la iglesia de la Luz del Mundo, pero un portavoz de esta congregación ha negado la relación con lo sucedido. Ninguna de estas sectas están reconocidas oficialmente como iglesias evangélicas, aunque ellas se hagan llamar de esa forma.

Sobre la iglesia Nueva Luz de Dios hay poca literatura debido a ser una corriente nueva, salvo una página de Facebook (ya eliminada), donde aparecen una serie de fotos que demuestran una fijación con el ‘tercer ojo’ asociado a menudo con visiones religiosas, clarividencia, percepción extrasensorial, donde se alega que la glándula pineal es el centro de poder superior místico.

Las iglesias evangélicas se encuadran dentro del cristianismo protestante y su doctrina se basa en la conversión de sus fieles, que ‘nacen de nuevo’ al recibir la salvación por medio de practicar esta fe. La Luz del Mundo pertenece a esta rama, pese a no estar oficialmente reconocida, y lleva años rodeada de polémica por diferentes motivos, como la detención de uno de sus líderes por presunta pederastía. Esta iglesia tiene seguidores también en España, aunque su presencia en el país es escasa.

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Las asociaciones indígenas de la zona donde ha ocurrido el suceso han exigido más seguridad para evitar que esto vuelva a suceder. El presidente de la Conapip, Marcelo Guerra, dijo a Efe que uno de los problemas de la comarca Ngäbe Buglé “es la poca rigurosidad que hay a la hora de velar por la seguridad del pueblo cuando llegan todo tipo de grupos religiosos y oenégs”. El fiscal superior de la provincia, Rafael Baloyes, ha aclarado que no constan en los informes del suceso que haya más grupos seguidores de esta secta en la zona.

Fuente: 20 minutos.

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