El fuego en la Amazonia ha disparado estos días todas las alarmas. Desde que saltase la alerta ante la magnitud y violencia de la quema del bosque tropical, miles de personas están consultando los mapas de los satélites de la NASA y curiosamente algunas han señalado en las redes sociales un hecho inesperado: los fuegos activos en el África central son más numerosos que los de la selva amazónica.

Según los datos que Bloomberg ha obtenido hace unos días de Weather Source, mientras que en Brasil se observaban 2.127 incendios, en Angola y la República Democrática del Congo se acumulaban 6.902 y 3.395 fuegos activos respectivamente.

Sin embargo, a pesar de que, según un informe reciente de Global Forest Watch, la zona del la Cuenca del Congo ocupa el segundo lugar tras Brasil en pérdida de bosque virgen, es decir, de masa forestal en la que nunca ha intervenido el hombre, sus fuegos actuales no suponen una amenaza tan inminente como la del Amazonia.

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“Lo que más nos preocupa son los fuegos fuera de control”, nos explica Matthew Hansen de la Universidad de Maryland que trabaja en el espectrorradiómetro de la NASA, MODIS, “ya que pueden extenderse a zonas adyacentes, tal y como está ocurriendo en Brasil y Bolivia en este momento”. “Cuando un incendio llega al bosque tropical, se trata de un problema urgente por el impacto en el carbono, la biodiversidad y el bienestar integral del territorio. Hasta la fecha, estos fuegos solo han afectado a África en años muy secos como el de El Niño en 2016”.

“Los fuegos que encontramos en esta región no afectan a la selva primaria tropical sino a pastizales y sabana”, explica Lauren Williams del World Resources Institute. “Los incendios son comunes en la estación seca y constituyen un recurso importante en la agricultura para renovar los suelos de cultivo”. A través del método tradicional de tala y quema se regenera el pasto para el forraje, se facilita la caza de pequeñas presas y, con las cenizas, se fertiliza la tierra, que suele ser pobre en esta zona.

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De hecho, según una investigación que se publicaba este mes en Proceedings of the National Academy of Sciences, los incendios en África representan una fuente importante de fósforo para la Amazonia gracias a que este nutriente se desplaza en el polvo del Sahara. Parece que la práctica de quemar biocombustible en esta zona del planeta tiene consecuencias positivas inesperadas, si bien, como advierten algunos, el aumento de la población de la región que se espera que se quintuplique para el 2100, así como la minería ilegal y la expansión de las plantaciones de cacao, pueden suponer también una amenaza para el bosque virgen.

Para el presidente de la República Democrática del Congo, Felix Tshisekedi, la protección de la selva tropical africana requiere además una mejora de la capacidad eléctrica. En su país solo el 9% de la población tiene acceso a electricidad y el método más común para cocinar y obtener energía sigue siendo la quema de madera, por lo que parece que el aumento de la demanda será un factor de presión para la selva africana.

Como señala el último informe de Global Forest Watch, a pesar de las promesas crecientes de los gobiernos y compañías de acabar con la deforestación, la realidad es que la pérdida de bosque primario en los últimos años sigue siendo descomunal, con extensiones equivalentes a países enteros. La pasividad y el ataque de algunos políticos hacia la protección de las selvas tropicales, así como los veranos más cálidos, perpetúan esta tendencia. Por eso, como advierte Lauren Williams, “incluso si los incendios siguen la pauta habitual de todos los años, resulta fundamental que se implementen políticas robustas para proteger la selva”. Si no nos arriesgamos a perder los mayores bosques del mundo.

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