Jay Keck, el padre de una niña estadounidense, residente en Chicago, expresó su impotencia y su disgusto ante las acciones de la escuela en la que estudiaba su hija de 14 años que creyó que era hombre. La escuela la impulsó en ese sentido a cambiar de sexo sin considerar la situación especial de la joven.

El progenitor observó que desde muy pequeña su hija disfrutó de los adornos, juguetes y demás elementos femeninos, por lo que no apareció ninguna circunstancia que hiciera pensar en que la niña tuviera dificultades con su género, tal como refiere USAToday el 12 de agosto.

Solo fue en el año 2016, a sus 14 años, cuando se reveló su dificultad para establecer relaciones. El padre supo entonces que su hija sufría de autismo. Incluso un psicólogo aprobado por el distrito escolar se lo confirmó, si bien extraoficialmente porque no quería represalias.

[¿Los activistas transgénero están ganando la guerra a las feministas radicales?]

Después de una conversación con una jovencita que salió de la escuela como transgénero la estudiante con problemas para relacionarse terminó diciendo que ella también era un hombre atrapado en cuerpo de mujer.

A pesar de que el padre recomendó en la escuela que le apoyaran para que su hija se mantuviera con la identidad original no fue escuchado, en cambio la nombraron con el nombre masculino y la asesoraron en los procedimientos para el cambio de género, todo sin consultarlo con sus padres.

[EE. UU.: Autoridades federales investigarán la discriminación de atletas femeninas en favor de chicos transgénero]

De este modo el padre expresa su indignación al considerar que su hija, ahora de 18 años y que toma sus propias decisiones, fue una víctima de las prácticas de la escuela en cuanto al cambio de género.  

Al exponer su caso quejándose ante el superintendente asistente del distrito escolar, este argumentó que la escuela siguió las normas legales. El furioso progenitor encontró que no existía ninguna ley al respecto, tan solo una carta de la administración Obama diciendo que las escuelas necesitan afirmar oficialmente a los estudiantes transgéneros.

Esas recomendaciones fueron bloqueadas por un juez de Texas en el año 2016 y posteriormente revocadas por la administración del presidente Trump.

Asimismo, la Ley Federal de Derechos Educativos y Privacidad de la Familia (Family Educational Rights and Privacy Act) exige que las escuelas permitan a los padres “inspeccionar y revisar” los registros educativos de sus hijos mientras éstos sean menores de 18 años.

Por otro lado, las investigaciones de Keck le permitieron conocer que la Asociación Nacional de Educación se ha asociado con la Campaña de Derechos Humanos y otros grupos para producir materiales que impulsan la afirmación automática de identidades, sin tener en cuenta a los progenitores.

Al respecto, 18 estados y en el Distrito de Columbia, prohíben la terapia de conversión, e impiden que los terapeutas cuestionen la identidad de género de un niño.

Son frecuentes las contradicciones frente al tema y en un intento por añadir claridad a la situación la administración del presidente Trump evalúa determinar el sexo de la persona sobre una base biológica clara, basada en la ciencia, objetiva y constatable. Así toda disputa sobre sexo tendría que ser resuelta con pruebas de ADN.

Esta medida se referiría al Título IX de la Ley de Enmiendas de Educación de 1972, una ley federal que prohíbe la discriminación de género en los programas educativos que reciben financiación pública.

Igualmente, el jefe de estado estadounidense, ante el costo y las complicaciones de los tratamientos médicos requeridos por los cambios de género autorizó al Pentágono para prohibir que las personas transgénero se unan al ejército.

Por otro lado, en el sonado caso de Jamie Shupe, quien de su sexo original como hombre optó por la identidad femenina y luego obtuvo la autorización judicial para identificarse como binario, un tercer sexo que no es ni hombre ni mujer, deploró todo ese largo proceso que le llevó once años y que de acuerdo con sus palabras fue todo “un engaño”.

De acuerdo con su experiencia en el complejo sistema que involucró a especialistas y autoridades, concluyó que dos identidades de género falsas no podían ocultar la verdad de su realidad biológica. Que no hay un tercer género o sexo, y que las personas intersexuales son hombres o mujeres. Su condición es el resultado de un desorden de desarrollo sexual, y necesitan ayuda y compasión.

José Ignacio Hermosa – BLes

Le puede interesar: Impactante informe sobre el macabro turismo de trasplantes en China 

videoinfo__video2.bles.com||e7ab1c649__