Durante la última semana hemos asistido a un incidente diplomático entre Estados Unidos y Dinamarca que se ha saldado con la cancelación del viaje del presidente Donald Trump al país nórdico, previsto para principios de septiembre.

Cabe preguntarse, ¿hasta qué punto los medios de comunicación son responsables de este agrio desenlace? 

Todo comenzó cuando se filtró a la prensa que la administración Trump estaba valorando ofrecer a Dinamarca la posibilidad de comprar la isla de Groenlandia. 

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Trump no desmintió la noticia, pero aclaró que la idea surgió durante conversaciones internas dentro de su administración y que de ninguna manera estaba en la parte de arriba de su agenda.

“No lo sé. Fue filtrado de alguna manera. Es solo algo de lo que hablamos”, dijo el presidente, aclarando que no es una prioridad “número uno” para la administración Trump.

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Inmediatamente los medios de comunicación estadounidenses extremadamente críticos con Trump comenzaron a burlarse de la idea como algo ‘absurdo’, como un ‘capricho’ del presidente para tratar de “parecer un tipo duro”, en palabras de Don Lemon de la CNN. 

Lo cierto es que Groenlandia tiene un enorme valor geoestratégico para Estados Unidos y además posee una gran cantidad de recursos naturales como hierro, plomo, zinc, diamantes, uranio, petróleo y más importante, tierras raras, explica muy bien Tammy Bruce en Fox News. 

Las tierras raras son particularmente importantes porque actualmente Estados Unidos depende de China para abastecerse de este recurso, un material imprescindible para la manufactura de una gran variedad de dispositivos y estructuras electrónicas y un recurso escaso que no se encuentra fácilmente en otros lugares del planeta, prosiguió Bruce. 

A pesar de esta riqueza, lo cierto es que Groenlandia es una gran carga económica para el gobierno de Dinamarca y de las poco más de 57.000 personas que habitan la isla, más del 16% viven bajo el umbral de la pobreza, según datos de 2015 de Borgen Project, organización sin ánimo de lucro que analiza la pobreza y el hambre en el mundo. 

Muchos de los habitantes de Groenlandia, la mayoría de la etnia inuit, no tienen agua corriente ni saneamiento en sus hogares, particularmente en las zonas rurales, porque no hay una red nacional para suministrar estos servicios, según la organización.

La importancia de Groenlandia, un territorio semi-autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca, es tal que China ya ha puesto atención a esta situación y lleva tiempo tratando de conseguir que una empresa estatal controlada por el régimen comunista de Pekín comience a construir infraestructuras en la isla. 

“La incompetencia que arruinó a Groenlandia, de hecho, obligó a los funcionarios groenlandeses a acudir a China en busca de un ‘padrino’ para financiar proyectos de infraestructura”, asegura el Washington Times.

Por tanto, no es para nada ‘absurdo’ que el presidente Trump contemple la posibilidad de comprar Groenlandia como un movimiento estratégico de primer nivel. 

Además no es la primera vez que Estados Unidos lo intenta, Harry Truman ofreció a Dinamarca comprar Groenlandia ya en 1946, según explica National Public Radio. 

Sí es cierto que requeriría de una intensa y posiblemente complicada negociación convencer a Dinamarca para que lo venda. 

Volviendo al papel de los medios en esta secuencia de acontecimientos, a nadie se le escapa que todos los medios tienen su línea editorial y su sesgo ideológico, y este punto puede incluso ser una cosa buena en una sana democracia. 

Algunos medios destacarían los pros y otros los contras de las decisiones del poder político y esa es la labor del ‘cuarto poder’, servir de contrapeso a los gobiernos y parlamentos en las democracias. 

Pero, ¿qué ocurre cuando la agenda de la inmensa mayoría de los medios es simplemente erosionar la figura del presidente, a cualquier precio? 

¿Está justificado en pro de la pluralidad democrática ridiculizar ante el mundo y ante sus propios aliados al máximo representante de la nación, incluso si eso supone perjudicar las relaciones bilaterales con un país aliado? 

Esta campaña de desprestigio contra el presidente Trump en relación con Groenlandia saltó vertiginosamente al otro lado del Atlántico, donde prendió rápidamente y el mismo día que se filtró la noticia, y Trump no lo negó, el domingo 18, Mette Frederiksen, la primera ministra danesa, calificó la idea como “absurda”.

¿Por qué la líder de una potencia como Dinamarca, vieja aliada de los Estados Unidos, actuaría de manera tan impulsiva y poco apropiada?

De una primera ministra se hubiera esperado una reacción a la noticia mucho más diplomática como: “En principio Groenlandia no está en venta, pero estaremos encantados de escuchar lo que el presidente Trump nos contará al respecto en su próxima visita a Dinamarca dentro de dos semanas”. 

En este contexto el presidente Trump, que tiene muy claro que representa a todos los estadounidenses, respondió de manera firme, sincera y digna posponiendo su viaje y explicando las razones: 

“Tenía ganas de ir, pero pensé que la declaración de la primera ministra de que era ‘absurda’, que era una idea ‘absurda’, fue desagradable”, dijo a los periodistas mientras dejaba a la Casa Blanca para un viaje a Kentucky, según ABC.

“Pensé que fue una declaración inapropiada. Todo lo que tenía que hacer era decir: ‘No, no estamos interesados'”, agregó el mandatario. 

“Ella no me está hablando a mí, está hablando a los Estados Unidos de América”, recordó el presidente, algo que muchos medios de comunicación parecen haber olvidado cuando además critican la decisión de Trump de posponer su viaje al país nórdico. 

Cuando los medios de comunicación desprestigian y menosprecian al presidente de los Estados Unidos en un asunto internacional están en realidad minando la reputación y el prestigio de su propia nación y abriendo la veda para que ocurran incidentes como este.

¿Qué línea editorial tienen estos medios que han contribuido, sino provocado, el distanciamiento de dos naciones aliadas, minando las posibilidades de éxito de una operación que únicamente habría beneficiado los intereses de los Estados Unidos y de paso, casi con total seguridad, los de la población de Groenlandia? 

Visto lo visto, definitivamente algunos medios de comunicación se han convertido en los peores enemigos de Estados Unidos y del sentido común.

Afortunadamente, el presidente Trump ha mostrado una vez más su dignidad, fortaleza y buena fe, dejando el pabellón de su nación más alto aún si cabe.

Sandra Flores – BLes

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