CARACAS, Venezuela — El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha visto dimitir a uno de sus aliados y como las protestas ponían en aprietos a otros líderes latinoamericanos en las últimas semanas, mientras él ha disfrutado de un periodo de relativa calma, exponiendo su sueño socialista en discursos televisivos nocturnos y asistiendo a conferencias internacionales.

Pero el líder opositor Juan Guaidó está decidido a perturbar la comodidad de Maduro y convocó a ciudadanos de todo el país a salir a la calle el sábado en una gran movilización a casi un año del inicio de su campaña para derrocar al presidente.

“No tenemos opción en Venezuela”, dijo Guaidó en un mitin esta semana refiriéndose, agregando que las circunstancias son duras. “La alternativa para la situación hoy es la muerte. Queremos la vida”.

El renovado llamado de Guaidó pondrá a prueba su capacidad para atraer a las masas a pesar de la disminución en el número de gente que lo acompaña en sus actos en los últimos meses, un indicio de descontento.

Geoff Ramsey, un investigador sobre Venezuela del centro de estudios Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, apuntó que mucha gente estará observando de cerca, sobre todo en el país, para evaluar la capacidad del líder opositor para inspirar a sus conciudadanos.

“Guaidó está sometido a una presión cada vez mayor dentro de su coalición para presentar un camino realista hacia adelante”, dijo Ramsey. “Hay mucho en juego en esto”.

La convocatoria de Guaidó se produce en un momento en que la agitación política sacude a gobiernos de toda la región, desde Chile a Ecuador y Bolivia, obligando a los presidentes a hacer concesiones y contribuyendo incluso a la salida de uno. El presidente de Bolivia, Evo Morales, renunció por sorpresa y se autoexilió en México.

Mientras todo esto ocurría, Maduro viajó a Azerbaiyán para participar en una conferencia internacional y disfrutó de una pequeña recuperación en la producción de crudo tras años de caídas y malas noticias para la nación petrolera.

Guaidó, de 36 años, saltó a la primera línea de la batalla política en Venezuela cuando la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, lo eligió como su líder. El 23 de enero se autoproclamó presidente de la nación. Prometió derrocar a Maduro y convocar nuevas elecciones.

Estados Unidos fue el primero de una lista de más de 50 países y organismos internacionales que respaldaron su reclamo. Sostienen que Maduro se aferra al poder tras una elección fraudulenta en 2018 y lo acusan de violaciones de derechos humanos y de implementar políticas económicas fallidas que han arruinado a la nación.

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero su producción se ha desplomado en las dos últimas décadas. La extracción de crudo sufrió un inusual repunte en octubre, según los datos de la OPEP, que mostraron el primer incremento en seis meses. Sin embargo, los pozos petrolíferos del país producen lo mismo que en 1944.

La mayoría de la población gana el salario mínimo, que equivale a menos de 15 dólares mensuales, y se estima que la inflación alcanzará este año el 200.000%. Millones viven con un suministro de agua poco fiable y cortes de electricidad constantes, y los conductores tienen que hacer filas kilométricas para repostar.

Guaidó ha celebrado numerosos actos en los últimos días, recordándole a la población que esas condiciones de vida no son normales. Visitó vecindarios y habló con universitarios, instándolos a volver a las calles. La oposición publicó vídeos de “¡Despierta Venezuela!” en redes sociales para promover la marcha.

El martes, Guaidó se montó en el metro de Caracas con otros pasajeros camino a la Asamblea Nacional.

Guaidó rechazó la idea de que la desilusión hará que los venezolanos se queden en casa el sábado recordando que ya desafió a los escépticos antes.

“También pocos creían en Venezuela el 23 de enero”, dijo Guaidó a The Associated Press. “Pero hoy toda Venezuela tiene claridad en su futuro”.

Es probable que la crisis en Bolivia sirva de ejemplo tanto para Maduro como para Guaidó, según los analistas. Morales, aliado socialista de Maduro durante años, huyó a México cuando un general le “sugirió” que renunciara por las irregularidades en unos comicios en los que, según él, salió reelegido para un cuarto mandato.

Pero Maduro ha mantenido cerca a sus generales. Le siguen siendo leales aunque al principio de su campaña Guaidó intentó convencer a soldados para que le diesen la espalda y más tarde montó un fallido levantamiento militar.

El gobierno tiene previsto contrarrestar el acto de la oposición. El partido socialista convocó su propia protesta y Maduro reforzó la seguridad ordenando a las milicias civiles que patrullen las calles.

La policía se enfrentó a universitarios en un campus de Caracas luego de un mitin de Guaidó. Docenas de estudiantes ofrecieron rosas blancas a los agentes y los animaron a abandonar a Maduro. Después intentaron cargar contra las filas policiales y arrojaron piedras, a lo que respondieron con espray de pimienta y gases lacrimógenos.

A la salida del metro en Caracas, José Buitrago, de 53 años y propietario de una tienda, dijo que está harto de ver a familiares yéndose del país. Se quejó de tener que vivir con una dolorosa hernia, pero el quebrado sistema de salud no puede ofrecerle una simple operación.

“Ya llegó el tiempo de que tenemos que salir a luchar porque esto no se aguanta nada”, dijo Buitrago, que tiene previsto manifestarse el sábado.

Espera que otros venezolanos se unan a él.

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