Redacción BLes – “El líder de una nación forma al pueblo”, reza un antiguo dicho chino.

Hemos visto esto en los ocho años bajo el gobierno de Obama en Estados Unidos, y ahora bajo la administración Trump.

Estados Unidos cambió cuando Obama estaba en el poder y ahora está cambiando de nuevo con Trump.

Durante la época de Obama, hubo una disminución notable en lo que se refiere a la creencia en Dios, la oración diaria y la asistencia religiosa.

La asistencia a la iglesia también disminuyó en 2007. Y la creencia en Dios también bajó ligeramente de 92 por ciento en 2007 a 89 por ciento en 2014.

La disminución en la fe llevó a otros cambios en la sociedad. El uso de la marihuana para fines recreativos se volvió aceptable y condujo a su legalización en diferentes estados.

Por primera vez en la historia, la mayoría de los estadounidenses apoyaron la legalización de esta droga.

Sin embargo, el presidente Trump tiene fe. Habló de sus creencias religiosas durante su campaña presidencial de 2016, diciendo que su propio libro “El arte de negociar” era su “segundo libro favorito” después de la Biblia.

“En Estados Unidos no adoramos al gobierno, adoramos a Dios”, dijo el presidente, lo que provocó una larga ovación de pie durante su discurso en el Concierto Celebrate Freedom en Washington D.C. el 1° de julio de 2017.

Parece que el presidente Trump está dirigiendo a Estados Unidos hacia la Providencia y la prosperidad, que siempre han sido los pilares espirituales y materiales para los estadounidenses.

Esto se puede ver en cada billete de dólar en la inscripción “En Dios confiamos”.

El 26 de junio, antes de que el presidente Trump partiera hacia Osaka -Japón- para la cumbre del G20, dio un discurso en la conferencia anual de la Coalición Fe y Libertad el 26 de junio.

Era su segunda visita como presidente. Como ciudadano participó dos veces y también dos veces como candidato presidencial.

Habló sobre la libertad religiosa, los jueces conservadores y la Corte Suprema. Se concentró en los valores compartidos y las políticas de su administración.

Haciendo cambios durante la campaña, Trump criticó una disposición, presentada por Lyndon B. Johnson en 1954, que amenazaba a las instituciones religiosas con la pérdida de su condición de exentas de impuestos si defendían abiertamente sus opiniones políticas.

El código tributario estadounidense concede a las iglesias, o a otros lugares de culto, y a las organizaciones sin fines de lucro, un estatus especial de exención de impuestos.

La Enmienda Johnson prohíbe que estas organizaciones apoyen u opongan a candidatos políticos.

El 4 de mayo de 2017, el presidente firmó la “Orden Ejecutiva Presidencial que promueve la libertad de expresión y la libertad religiosa”, que modifica algunos aspectos de la Enmienda Johnson.

El presidente dijo: “Hay que poder hablar sin ser castigados perdiendo la exención de impuestos. Y la gente que más queremos oír, nuestro gran clero, ahora puede hablar sin temor a represalias. Y estoy muy orgulloso de ello. Dije que iba a hacer eso. Estoy muy orgulloso de ello”.

También señaló a los estudiantes presentes que las universidades tienen que tener cuidado de no expulsar a los conservadores y religiosos de sus campus.

Las universidades son financiadas por el gobierno y Trump advirtió que tendrán que pagar multas monetarias si toman tales medidas.

Criticó duramente a los demócratas por su apoyo a los derechos al aborto financiados por los contribuyentes, y señaló que se han vuelto cada vez más hostiles a los estadounidenses pro-vida. También declaró que los derechos de conciencia de los médicos y enfermeras están protegidos.

El presidente Trump llamó al aborto después del nacimiento, que el gobernador de Virginia defendió, una “ejecución” diciendo: “Todo niño nacido y no nacido es hecho a la santa imagen de Dios y por eso he pedido al Congreso que prohíba el aborto tardío”.

Su administración también puso fin a la investigación del tejido fetal. Dijo que han hecho cosas “muy buenas y justas, pero también muy frágiles”.

Otra persona en su cargo podría cambiar todo muy rápidamente, insinuando que un presidente demócrata anularía todo lo que ha logrado.

Heredó 138 espacios vacíos para los jueces federales. Al poner a sus seleccionados en los tribunales, el presidente Trump tendrá un impacto duradero.

Y ya ha nombrado a dos Jueces de la Corte Suprema.

Por Liwei Fu

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