La dictadura centroamericana acusó a la OEA de “injerencia e intervención”, el mismo discurso de Chávez en 2012 y de Maduro en 2017. Es inherente que este tipo de modelos totalitarios se desliguen de instancias internacionales

El régimen de Daniel Ortega anunció la salida de Nicaragua de la Organización de Estados Americanos (OEA). Las relaciones entre el organismo y la dictadura nicaragüense ya venían tensas. Sin embargo, el desconocimiento de los resultados tras las pasadas votaciones del 7 de noviembre fue el detonante para que el sandinista siguiera los pasos que Venezuela dio hace nueve años.

La dictadura centroamericana acusó a la OEA de «injerencia e intervención». Además de ello, la tildó como «un foro político diplomático que nació por influencia de Estados Unidos». Hay que recordar que en 2012 Hugo Chávez lanzó improperios similares cuando denunció la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Al acusarla oficializaba el proceso de salida que se hizo efectivo un año después.

Posteriormente en 2017 el régimen de Maduro hizo los mismos señalamientos cuando manifestó su intención de dejar de integrar la OEA. Incluso, la entonces canciller Delcy Rodríguez llegó a tildar al secretario Luis Almagro de «mentiroso, deshonesto, malhechor y mercenario». Es inherente que este tipo de modelos totalitarios decidan salirse de instancias internacionales que los cuestionan y evidencian sus abusos.

«El pueblo y Gobierno digno de Nicaragua renuncia a formar parte de esta organización cautiva en Washington, instrumentalizada en favor de intereses norteamericanos», dijo esta vez el ministro de Relaciones Exteriores nicaragüense, Denis Moncada.

Igual que Chávez

Con el despotismo que lo caracterizaba, Hugo Chávez ni siquiera consultó a la Asamblea Nacional venezolana. Dicha Convención Americana sobre Derechos Humanos exhorta a los gobiernos a cumplir con el desarrollo social y económico contenidos en la Carta de la Organización de los Estados Americanos. Ambos documentos —intrínsecos uno del otro— también establecen a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos para velar por el cumplimiento de la Convención.

En el caso de Ortega, la Asamblea de Nicaragua sí aprobó días antes la salida de la OEA. Sin embargo, la instancia está bajo el control del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), al igual que el Tribunal Supremo, el Consejo Supremo Electoral y las demás instancias de Gobierno.

Tanto el Parlamento, como los demás poderes nicaragüenses sin independencia «solo existen para ponerle sello a la agenda represiva de Daniel Ortega», apuntó un análisis reciente Amnistía Internacional.

Quienes hayan olvidado las palabras del difunto Chávez podrán recordarlas en el siguiente video, cuando pidió «acelerar» el proceso de salida con los aplausos de la entonces fiscal general, Luisa Ortega Díaz y la exdefensora del pueblo, Gabriela Ramírez, poderes que debían ser independientes. Actualmente, ambas exfuncionarias viven en el exilio.

El inútil intento de Maduro

Cuba y Honduras habían sido suspendidas en 1962 y 2009 respectivamente, pero una desvinculación no había ocurrido desde la creación de la OEA hasta que en 2017 Venezuela se convirtió en el primer país en querer abandonarla.

 

El proceso legal dura unos dos años, pero no eran solo papeleos. Para desligarse la dictadura chavista debía afrontar una deuda que superaba los ocho millones de dólares. El régimen de Maduro anunció la decisión después de que el Consejo Permanente de la OEA aprobara realizar una reunión de cancilleres para «considerar la situación en Venezuela».

La diferencia con Nicaragua, es que la salida de Venezuela no se concretó. En febrero de 2019 el extinto interinato de Juan Guaidó intervino cuando aún contaba con amplio apoyo internacional. Comunicó a Almagro «formalmente la decisión del Estado venezolano» de dejar sin efecto la denuncia de la Carta Democrática. El Secretario General aceptó y el 10 de abril recibió la credencial el nuevo representante, Gustavo Tarre Briceño.

Sin embargo, Nicaragua no tendrá el mismo futuro con la OEA. El régimen sandinista está decidido a continuar con su política de totalitarismo. Tal como se ha dicho anteriormente, tan solo prevalece la autodeterminación del dictador.

Oriana Rivas – Panampost.com

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